Arrodillarse en Misa

En la documentación preparatoria  del Sínodo para la Eucaristía (2005) se valoraba: “la práctica de arrodillarse durante la plegaria eucarística” (Instrumentum laboris, n. 64) y recordaba que “los sacerdotes y los fieles manifiestan la fe y la adoración a través de los gestos del cuerpo según las indicaciones de los libros litúrgicos o según la tradición. Es posible adaptar tales gestos en base a la cultura, con tal que sean expresivos de la veneración y del amor hacia el misterio de la Eucaristía” (Ib. n. 67).

Después, una de las propuestas presentadas al Santo Padre por los Padres sinodales tras la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos “La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia” (2 al 23 de octubre de 2005) recomendaba:

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San Isidoro nos enseña…

«El Salvador, Jesús, nos dio ejemplo de vida activa
cuando, durante el día,
se dedicaba a hacer signos y milagros en la ciudad,
pero mostró la vida contemplativa
cuando se retiraba a la montaña
y pasaba la noche dedicado a la oración»

(Differentiarum Lib. II, 34, 134).

Entrando en el misterio de la liturgia hispana: <Venció el León>

 “A nuestros Padres les movía el deseo de expresar la fe recibida con ritos que, siendo adecuados a las necesidades pastorales, fueran capaces de desvelar el Misterio celebrado. En este sentido, dentro del Ordo Missae [Hispano],quisiera destacar el gesto de la Fractio Panis. Sabemos que es un rito práctico, ya que el pan necesita ser partido para ser repartido, pero a la vez se nos presenta como un gesto epifánico, esto es, de manifestación de Cristo: hacemos memoria de todos los misterios de su vida: desde la Corporatio hasta el Regnum, es decir, desde la primera venida en la humildad de la carne hasta su venida gloriosa.

La antífona que acompaña este gesto, llamada Cantus ad Confractionem, cambia durante el tiempo pascual dándole una tonalidad diversa. Por tres veces en la “Noche Santa” resonará el texto de Ap 5,5, y así se hará también durante todo el tiempo pascual, aunque ahora una sola vez: «Vicit Leo de tribu Iuda, radix David, alleluia!». Como sabemos, estas son las mismas palabras que uno de los veinticuatro ancianos que están alrededor del trono le dijo al apóstol Juan: «Deja de llorar; pues ha vencido el León de la tribu de Judá, el retoño de David, y es capaz de abrir el libro y los siete sellos».

En el Apocalipsis de Juan encontramos al Cordero degollado que está en pie, aquél que es digno de abrir el libro y desatar los sellos (cf. Ap 5,2). Cristo es nuestro Cordero y, también, nuestro León, el único que es digno «de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza» ( Ap 5,12)”.

+ Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo.

(https://lexorandies.blogspot.com/2013/11/calendario-liturgico-del-rito-hispano.html

consultado el 4 de septiembre de 2018)

Bendición hispana para los amigos…

La oramos pensando en los nuestros:

El Señor os bendiga copiosa y generosamente
y os confirme en la esperanza del reino de los cielos.
R/. Amén.

Que cuanto améis durante esta vida
no sea obstáculo para obtener la herencia del cielo
R/. Amén.

Que podáis recibir los bienes necesarios
para agradar siempre a Dios omnipotente.
R/. Amén.

Por la misericordia del mismo Dios nuestro,
que es bendito y vive y todo lo gobierna
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

El Sanctus en la Misa hispana

El canto del Sanctus había penetrado en la tradición universal de la Misa como una simple aclamación: Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus Sabaoth, que corresponde al primer hemistiquio de Is 6, 3.

Varias anáforas o Plegarias eucarísticas de Alejandría (Egipto) en el siglo IV ampliaron el texto adaptando el segundo hemistiquio de Isaías: “Llenos están el cielo y la tierra de su gloria” (Pleni sunt cæli et terra gloria eius).

La anáfora de las Constituciones Apostólicas le añadió Benedictus in sæcula.  De todos modos, la evolución del Sanctus cristiano se decidió por la aclamación Benedictus qui venit in nomine Domini, del Salmo 117, 26, transferido al ambiente de la presentación mesiánica de Jesús en Jerusalén. Por eso, el verso del Salmo 117 arrastra consigo el Hosanna, según las varias versiones de los evangelistas.

En la primera parte del texto del Sanctus, nuestra antigua liturgia de España  modificó “su gloria” por  “la majestad de tu gloria” (gloria maiestatis tuæ)

La segunda parte del Sanctus hispánico está tomado a la letra de Mt 21, 9: “Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo”. Hosanna filio David. Benedictus, qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis.

La aclamación Hosanna filio David (Hosanna al  Hijo de David) se halla sólo en el Rito hispano y en una antigua anáfora de la liturgia sirio-caldea. Lo más probable es que ambas dependan, separadamente, del texto de Mateo (cf. OHMH 71-73).

Gente de Dios…

Hablando de los Padres y Doctores de la Iglesia,
conviene recordar que eran hombres de oración.
Su actividad, su creatividad y las obras que realizaron
brotaban de su espíritu de contemplación.
Un ejemplo edificante de ello es san Isidoro de Sevilla.
Así, nuestros compromisos diarios y
nuestra atención a las necesidades de los demás
deben inspirarse en nuestra oración.

(Benedicto XVI)