Acuérdate… 

Con esta sentencia,
la venerable tradición hispano-mozárabe
nos ayuda a no caer en el olvido de lo fundamental:
<Acuérdate de Jesucristo…> (2 Tim 2, 8).
Cristo nos amó hasta el extremo (cf. Jn 13,1ss)
y lo mostró con su Gloriosa Pasión (muerte y Resurrección).
Meditar en silencio ese amor y esa entrega es el objeto de estos días cuaresmales.
Un propósito de esta Cuaresma -para toda nuestra vida- es custodiar más en silencio en la iglesia:
dejando espacios para los hermanos que quieren orar
y aprovechando el atrio para el encuentro y saludos.
Al concluir cada celebración de estos días de Cuaresma
conviene permanecer un rato en silencio -en nuestro lugar-
para rumiar en silencio la celebración comunitaria.

 

4 pensamientos en “Acuérdate… 

  1. Miércoles post MMM.
    Ayer tuvimos un signo de juventud cierta en el presbiterio: Raul, Santiago, Antonio Manuel, Francisco y mas… esperanzador.
    Celebración contenida, atrio efusivo y postatrio acogedor con esos jóvenes (los pocos que prolongamos con cerveza compartida, pues era martes de junta directiva).
    Se siente la aceleración final de la cuaresma, sabiendo lo apretado y dramático, mejor trágico, del final humano de esta historia recordada y revivida. Pero la emoción va creciendo porque sabemos y esperamos un final espectacular y glorioso.
    Queda tiempo aun para el silencio meditativo. Gracias por recordarlo y acentuarlo.

  2. Preces hispano-mozárabes del miércoles de la V semana de Cuaresma:

    Cristo, piadoso redentor de las almas, escucha los gemidos de los que lloran.
    R/. Y ten piedad.

    V/. Tú que quisiste que tu cabeza herida por la caña apareciera manifiesta en la cruz, para que el mundo se salvara.
    R/. Ten piedad.

    V/. Tú, que soportaste los esputos, los insultos, la corona de espinas, la lanza y la sepultura por nuestra causa.
    R/. Ten piedad.

    V/. Tú que en tu cruz redimiste al mundo y triunfador del infierno, resultaste vencedor del suplicio.
    R/. Ten piedad.

    V/. Inspira ya con tu muerte a los redimidos, para que te sigamos en esta vida y te gocemos en la otra.
    R/. Ten piedad.

    A ti, Redentor de todos, Rey supremo, elevamos llorando, nuestros ojos. Escucha, Cristo las preces de los que te suplican.
    R/. Y ten piedad.

    V/. Diestra del Padre, piedra angular, camino de salvación, puerta del cielo, lava nuestras manchas de delito.
    R/. Y ten piedad.

    V/. Imploramos, Dios, de tu Majestad, que nuestros gemidos lleguen a tus santos oídos, perdona, bondadoso, nuestros crímenes.
    R/. Y ten piedad.

    V/. Te confesamos los pecados en que consentimos, manifestamos nuestras faltas ocultas con corazón contrito, tu piedad, Redentor, nos reconcilie.
    R/. Y ten piedad.

    V/. Aprisionado inocente, llevado sin repugnancia tuya, condenado por los enemigos mediante testigos falsos, conserva, Cristo, a tus redimidos.
    R/. Y ten piedad.

  3. Tus redimidos, Señor, esperan como testigos sobrecogidos el necesario sufrimiento humano de tu Gloriosa Pasión y Resurrección.
    Te piedad de nosotros, Jesucristo, y permítenos que guiados por tu santa mano, podamos seguir el camino de estos últimos días de Cuaresma meditando en silencio el alcance de tu amor.

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