Rezando por los difuntos en noviembre:

Aperiat tibi

<El Señor te abra las puertas del Paraíso>
con versículos del salmo 22.

 (letra en latín y portugués)

Aperiat tibi Dominus paradisi januam,
ut ad illam patriam revertaris
ubi mors non est,
ubi dulce gaudium perseverat.
 

Dominus regit me, et nihil mihi deerit
et in loco viridi, ibi me conlocabit.
 

R/. Ubi dulce gaudium perseverat
 
Super aquam refectionis edocabit me,
animam meam ibi convertit.
R/. Ubi dulce gaudium perseverat.
 
V/. Gloria et honor Patri et Filio et Spiritui Sancto
in sæcula sæculorum. Amen.

Orar en comunidad cada martes

«Europa será bendecida cuando aquí haya muchos hombres que oren comunitaria y también individualmente, y den así a Dios una respuesta de alabanza, de agradecimiento y de súplica a la palabra siempre nueva, que Él nos dirige mediante la creación y la redención. Nuestras parroquias y comunidades religiosas deben convertirse todavía más en escuelas de oración. La santidad y la belleza como participación en la gloria de Dios deben impregnar cada vez más intensamente la liturgia».

Carta Pastoral de los Obispos de Austria con motivo del Katholikentag centroeuropeo.

El Rey que viene

Al inicio de su vida pública Jesús, el Maestro, fue reconocido como REY:
«¡Rabí [Maestro], tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel! (Jn 1,49).
Son las palabras que el IV evangelista pone en boca de Natanael de Caná.
Cristo, al final de su ministerio, entraría en Jerusalén,
con el título real (Lc 19, 38 Jn 12,13);
pero los soldados romanos se burlarán de esa condición regia (Jn 19,3).
Los cuatro evangelistas dan testimonio de que es el único título
que aparece en el leño de la cruz (Mc 15,26 Mt 27,37 Lc 23,38 Jn 19,19).
Como los magos 
nosotros le buscamos y seguimos
para someter nuestras vidas a su Reino:
«¿Dónde está el Rey de los judíos?» (Mt 2,2)
Como el ladrón rezamos:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino».

 

Viene el rey de reyes:
el rey más poderoso de todo el universo

 

 

«La Manifestación de nuestro Señor Jesucristo
-a su debido tiempo-
hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano,
el Rey de los reyes y el Señor de los señores,»
(1 Tm 6,14s)

 

En la túnica, a la altura del muslo, estaba escrito su título:
<Rey de reyes>
(Ap 19,16 cf. Ap 1,15; 17,14)

Al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios,
sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén
(1 Tm 1,17)

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La presentación de la Virgen en el Templo: la oblación de María

Históricamente,
el inicio de esta celebración
fue la dedicación de la basílica de Santa María <la Nueva>
en Jerusalén en el año 543.
Teológicamente celebra la «entrega radical» de María
al plan de Dios desde su infancia.
La tradición antigua,
recogida por el Protoevangelio de Santiago,
cristalizó como una memoria mariana.
En Oriente es una de las «Doce fiestas» centrales del año litúrgico.

 

Cf. Presentación de María (Wikipedia)

 

La Misa en Rito hispano en Madrid

Gracias a Monseñor Marcelo González, Arzobispo Primado de Toledo, se comenzó a celebrar la <Misa de Santa María> en el Santuario madrileño de san Isidro.

El 13 de septiembre de 1994, con la anuencia del Arzobispo de Madrid, Cardenal Suquía, el Primado de España, Superior del Rito, concede el privilegio de celebrar anualmente la fiesta de la Presentación de María en el Templo (21 noviembre) en la Ermita del Santo.

Así, se inicia una andadura con una pequeña comunidad en los últimos años del s. XX, copiando los usos de Salamanca y Toledo, en una celebración eucarística que, tras la renovación conciliar, se nos presenta dinámica, catequética y contemplativa.

El Arzobispo de Madrid, Cardenal Rouco, al comienzo del nuevo milenio (8 enero 2000) concedió celebrar de manera estable en la diócesis.

Mañana, D.m., volverá a celebrarse la fiesta mariana (la Virgen Niña o la Oblación de María) en la Ermita a las 19 h.

La esperanza de los pobres nunca se frustrará

San Miguel de Gormaz

 
«Se requiere poco para devolver la esperanza: basta con detenerse, sonreír, escuchar. Por un día dejemos de lado las estadísticas; los pobres no son números a los que se pueda recurrir para alardear con obras y proyectos. Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa. Los pobres nos salvan porque nos permiten encontrar el rostro de Jesucristo» (Papa Francisco).