Cuaresma catecumenal: la “entrega” del Credo

Reservando el sábado 6 de abril, 12 h
para el encuentro de formación en la Fe.
Mons. Martínez Camino,
Los mártires madrileños:
hombres y mujeres de fe
***

¿Dónde hallamos la fórmula esencial de la fe?
¿Dónde encontramos las verdades
que nos han sido fielmente transmitidas
y que constituyen la luz para nuestra vida cotidiana?

La respuesta es sencilla:
en el Credo,
en la Profesión de fe o Símbolo de la fe
nos enlazamos al acontecimiento originario de la Persona
y de la historia de Jesús de Nazaret;
se hace concreto lo que el Apóstol de los gentiles decía
a los cristianos de Corinto:

«Os transmití en primer lugar lo que también yo recibí:
que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras;
y que fue sepultado
y que resucitó al tercer día» (1 Co 15, 3.4).

También hoy necesitamos
que el Credo sea mejor conocido, comprendido y orado.
Sobre todo es importante que el Credo sea,
por así decirlo, «reconocido».
Conocer, de hecho,
podría ser una operación solamente intelectual,
mientras que «reconocer»
quiere significar la necesidad de descubrir
el vínculo profundo entre las verdades que profesamos en el Credo
y nuestra existencia cotidiana
a fin de que estas verdades
sean verdadera y concretamente
—como siempre lo han sido—
luz para los pasos de nuestro vivir,
agua que rocía las sequedades de nuestro camino,
vida que vence ciertos desiertos de la vida contemporánea.
En el Credo se injerta la vida moral del cristiano,
que en él encuentra su fundamento y su justificación.

 

Un pensamiento en “Cuaresma catecumenal: la “entrega” del Credo

  1. Temprano en la mañana desde Sevilla hoy meditaba que escribir dentro de mi compromiso personal de participar en este regalo que es moz.com. Pero el Credo no es tema de opinar, ni siquiera con la propuesta de relacionar “el vínculo profundo entre las verdades que profesamos en el Credo y nuestra existencia cotidiana”, dando luz al camino, agua para la sequedad y vida en los desiertos…

    Pero el día ha pasado con sus regalos: cantar los oficios y la misa con canto gregoriano en la catedral (con la emoción profunda de todos los matices de salmos y antífonas en alusión a la parábola magnífica de los dos hermanos, o mejor el “superpadre” del hijo pródigo… el novamas del acto penitencial…Surgam et ibo – “Me levantaré y diré Padre he pecado contra el cielo y contra ti…” (Y todavía estamos cerca del día del padre, que con hijos, uno llora al escuchar esta historia que deja “desgarrado” de emoción), entre el coro, órgano, bellísimas rejas, retablo y la imagen de la Virgen de la Sede de las Cantigas de Alfonso X.
    Y después bromear con los cantores sacerdotes algunos, amigos de la catedral, expertos en san Isidoro y mozárabes, pues en Sevilla estamos.

    Paseo luminoso con ambiente ya cercano a semana santa, ojo… en Sevilla. Y terminar la jornada con mi concierto de Tres Culturas y salud en feria Biocultura con público abierto a “lo místico” cada uno a su nivel, pero nunca trivial.

    Ahora recogido, masticando, saboreando otro día lleno de oportunidades para dar gracias y recordar a los seres queridos y los que nos regalan su cariño y bendiciones.

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