Gloria en el cielo y paz en la tierra:
ángeles y pastores




Los ángeles, seres espirituales personales, son servidores y mensajeros de Dios: contemplan el rostro del Padre celeste (cf. Mt 18, 10) y atentos a la voz de su palabra hacen su voluntad (cf. Sal 103, 20). El icono de la Natividad muestra la relación de estas criaturas celestes con Cristo, el Señor.

En efecto, desde la Encarnación la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce «a su Primogénito en el mundo, dice: “adórenle todos los ángeles de Dios”» (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en los campos de Belén por el nacimiento del Salvador no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: “Gloria a Dios…” (Lc 2, 14). Son ángeles quienes anuncian la Buena Nueva de la Encarnación (cf. Lc 2, 8-14) como, luego, lo harán con la Resurrección (cf. Catecismo 328ss).

Los ángeles aparecen poéticamente representados con alas ya en el s. V. En nuestro icono aparecen tres ángeles: en la parte superior el que personifica el ejército celeste que da gloria al Señor (Lc 2, 23), el que da la buena nueva a los pastores (Lc 2,8-12) y el que muestra a los pastores la gruta donde ha nacido el Rey de los judíos (Mt 2,1ss).

Los tres emergen del fondo dorado que constituye un elemento distintivo de los iconos: el cielo divino. Es el ámbito del misterio y de la Luz (Fós) que señala que la Vida es eterna (Zoé). Los tres, cada uno a su manera, expresan la doble misión que los espíritus celestes tienen encomendada: adorar a Dios y servir a los hombres como mensajeros (pastores) o custodios (magos).

A veces aparecen con sus manos cubiertas para indicar la presencia de lo sagrado ante ellos. Aquí, el ángel que anuncia a los pastores y el que muestra a los magos tienen en su mano un bordón o vara (cf. Juec 6,21). Es la plasmación de que no falta la ayuda o el apoyo del Espíritu para recorrer el camino de la vida.

Los pastores, personificación del pueblo de la primera alianza (Israel), aparecen en los iconos canónicos de la Natividad del Señor. Una vez más, es sólo Lucas el que notifica su presencia en los campos de Belén (cf. Lc 2,8ss). El número varía dependiendo del espacio: en algunas representaciones unos reciben el anuncio del ángel y otros presentan al Niño sus dones (ovejas, leche, queso, etc.), danzan o tocan la flauta. De estas ofrendas que leemos en los relatos “apócrifos” se hace eco san Efrén de Siria: “¡Admirable espectáculo: un cordero ofrecido al Cordero!”. El evangelista, sin embargo, se centra en la admiración de los pastores y en la comunicación de la noticia (cf. Lc 2, 16-18). El icono revela que auténticos creyentes son los que dejando “sus rebaños” reconocen en el Niño al Buen Pastor (Jn 10,11) y al Cordero de Dios (Jn 1,29).

La presencia simultánea de magos (izquierda) y pastores con sus rebaños (derecha) indica que Cristo ha venido a salvar a la toda la humanidad, tanto judíos como gentiles. Ambos grupos serán “las piedras simbólicas o cimientos de un nuevo edificio: la Iglesia cristiana” (san Fulgencio).

Uno de los pastores, anciano, aparece recubierto de pieles y apoyado en una cachava. En algunas pinturas –como la nuestra- escucha el anuncio angélico; en otras, está ante san José. A veces representa al viejo padre Adán oyendo el mensaje esperanzador de la salvación para que reconozca en el recién nacido “la gloria del Edén”; otras, al tentador que intenta provocar las dudas en el esposo de la Virgen María que aparece a un lado de la escena para dar a entender que no es el padre del Niño.

Ellos son los primeros testigos de la triple revelación acerca del nacido: un Salvador que es el Mesías esperado y el Señor de todos (cf. Lc 2,11). Ante la admiración que provoca la presencia y palabra de los pastores, la Madre del Cordero Pastor (cf. Himno Akáthistos, VII) conservaba todo esto en su corazón (cf. Lc 2,19).

En la venerable liturgia hispana respondemos como hemos aprendido de los pastores: dando a Dios “nuestra alabanza… nuestra acción de gracias” (cf. Lc 2,20).

4 pensamientos en “Gloria en el cielo y paz en la tierra:
ángeles y pastores

  1. Absorto, saliendo el sol por el mar Med, leo y disfruto de este análisis descriptivo apostillado de citas de Lucas y más. Describe lo que sabemos desde niños, lo que hemos visto en figuras, belenes, cuadros e iconos. Pero… con cada paso, cada personaje citado, cada cita de referencia, “podríamos” llegar a profundizar si rompemos el racional intelecto simplista matemático y exploramos el intelecto simbólico y afectivo.
    La oración vendría después de la contemplación. Así lo hace la “mesurada”, serena y compacta ( y con tono un poco triste… o soy yo el que pongo el tono) propuesta para hoy día 5, día de cabalgatas y acción.

    Amo mozarabia. Es una trayectoria. Y como despunte del día que ayuda a rezar de forma no rutinaria, es un regalo. Servicio voluntario impagable e impagado.
    Una vez mas el mensaje requiere del mensajero, sea el Espíritu, el ángel, el profeta, el pastor, el profesor, el amigo… la esposa, el hijo…, el pintor, el músico, el buey o la mula.

  2. Configurado com MARIA , eu saiba guardar no intimo do meu coração, tudo o que me acontece e não sei explicar.Deste modo acabará em mim a murmuração

  3. SALVE NUTRIZ DEL PASTOR Y EL CORDERO.

    “Ante la admiración que provoca la presencia y palabra de los pastores, la Madre del Cordero Pastor (cf. Himno Akáthistos, VII) conservaba todo esto en su corazón (cf. Lc 2,19).”
    ___________________
    Himno Akáthistos, VII:
    Los pastores oyeron los angélicos coros que al Señor hecho hombre cantaban. Para ver al Pastor van corriendo; un Cordero inocente contemplan que del pecho materno se nutre, y a la Virgen le cantan:
    Salve, Nutriz del Pastor y Cordero; Salve, aprisco de fieles rebaños. Salve, barrera a las fieras hostiles; Salve, ingreso que da al Paraíso. […]

    Mañana Epifanía, tras la estrella guiando el camino de los Magos de Oriente.

    Gracias a todos.

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