Los mártires del <domingo>

Hoy, en Cartago, ciudad de África, conmemoración de los santos mártires de Abitinia (actualmente, Túnez), que durante la persecución bajo el emperador Diocleciano, por haberse reunido para celebrar la eucaristía dominical en contra de lo establecido por la autoridad, fueron apresados por los magistrados de la colonia y los soldados de guardia. Conducidos a Cartago e interrogados por el procónsul Anulino, a pesar de los tormentos confesaron su fe cristiana y la imposibilidad de renunciar a la celebración del sacrificio del Señor, derramando su sangre en lugares y momentos distintos (año 304).

Recordamos a cristianos que han dado su vida por la espiritualidad del domingo: el primero y, a la vez, el octavo día de la semana.

En efecto, a principios del siglo IV, siendo ilícito el culto cristiano en el Imperio Romano, algunos fieles del Norte de África, celebrando el día del Señor, desafiaron la prohibición. Fueron condenados a muerte por declarar que no les era posible vivir sin reunirse para la Eucaristía: sine dominico non possumus. Estos mártires de Abitinia nos enseñan la fidelidad al encuentro con Cristo resucitado.

El cristiano no puede vivir sin participar en el Sacramento de la salvación deseando llevar a la vida lo que se celebra en el día del Señor (cf. Sacramentum Caritatis 95).

 

2 comentarios en “Los mártires del <domingo>

  1. Mártir por reunirse el domingo a participar del sacramento de salvación.
    Tiempos difíciles.
    Hoy también hay impedimentos para algunos y se sufre por ello, y hay comunión de sufrimientos.
    El martirio es un extremo.
    Para otros todo son facilidades.

    ¿Cómo expresar la comunión con los apartados, impedidos, aislados, recluidos?
    ¿Mas oración? ¿Preguntamos al sabio Salomón?

    Contaré una cantiga de Alfonso X (traducida y en idiona original) que estoy grabando y que me cambia el ánimo cuando la leo o canto. Dedicada a los que tienen que volver (mas jóvenes que cuando se ausentaron).

    Cantiga 141. Esta es cómo Santa María socorrió a un monje suyo, que la servía y que se hincaba de hinojos cada vez que decían su nombre en la iglesia, y besaba la tierra.

    «Quien mucho honrare el nombre de la Señora cumplida,
    Ella le dará vida en este mundo y en el otro».

    1 Le dará en este mundo vida y salud, y después el Paraíso, así Dios me ayude, en que verá a Él y a Ella y su gran virtud, y su honra, que nunca será negada.
    2 De esta razón, quiero contaros un milagro precioso, de un santo monje muy bien ordenado que si le mencionaban el nombre de la Virgen caía de hinojos y con las rodillas en un fuerte golpe,
    3 y besaba la tierra cuando esto hacía, llorando y diciendo siempre «Ave María». Y siempre hacía esto, que nunca fallaba, que no usaba de ninguna otra práctica.
    4 Haciendo esto, fue envejeciendo mucho, y la cara y los miembros tanto habían enflaquecido, que cuando se arrodillaba caía, al bajar de pronto, y no podía luego levantarse.
    5 Esto lo supo su abad, que era hombre bueno y de gran piedad, y le dijo a dos monjes: «Desde hoy, evitad que este otro haga la escarnecida caída.»
    6 Un día le sucedió que, cuando se arrodillaba, ninguno de los monjes estaba con él, y cayó en tierra y con angustia lloraba; llamó a la Virgen, que llegó luego
    7 y lo levantó en seguida, cogiéndolo con la diestra y, además, le hizo señal de que besase su altar, y quedaría sano y su vejez le sería consumida.
    8 Entonces él, de grado, besó los paños del altar y se volvió tan joven como de veinte años, y, por esto dio a la Virgen grandes presentes, porque Ella no olvida nunca a los que ama.
    9 Pero después, ni el abad ni la comunidad lo conocían, por la mudanza del tiempo; pero la Virgen, por su sabiduría, hizo que lo conocieran, para que, oída lejos
    10 su merced, fuese de gran virtud, como Ella lo hace siempre y a menudo. Y por ende roguémosle que nos ayude, pues siempre es servida por los ángeles y los santos.
    ———————————-
    Como Santa Maria acorreu a un monge seu
    que a servia e que ficava os gẽollos cada que
    ementavan o seu nome na eigreja e beijava a terra.

    «Quen muit’ onrrar o nome da Sennor conprida,
    dar-ll-á en este mundo e no outro vida».

    1 Dar-ll-á en este mundo vida e saude
    e depois Parayso, assi Deus m’ ajude,
    u verá el e ela e ssa gran vertude
    e ssa onrra, que nunca mais será falida.

    2 Desta razon vos quer’ un miragre preçado
    contar dun santo monge mui ben ordinado
    que, se nome da Virgen ll’ era ementado,
    dos gẽollos en terra dava gran ferida.

    3 E a terra beyjava u esto fazia,
    chorando e dizendo log’: «Ave Maria»;
    e sempr’ usava esto que y non falia,
    que sol non y fillava null’ outra medida.

    4 El usand’ aquesto, foi muit’ envellecendo
    e a carn’ e os nenbros tant’ enfraquecendo,
    que u ss’ agẽollava caya decendo
    toste e non podia faze-la subida.

    5 Aqueste feito soube Iogo seu abade,
    que bon om’ era, e ouv’ en gran piadade
    e a dous monges disse: «Oy mais aguardade
    est’ outro de caeda fazer escarnida.»

    6 Un dia ll’ avẽo que u s’ agẽollava
    e niun dos monges enton y non estava,
    e caeu en terra e con coita choraya
    e chamou a Virgen; e log’ y foi vinida,

    7 Que o ergeu mui toste pela destra mão,
    des i ar fez-lle sinal que logo de chão
    o seu altar beijasse, e seria são
    e ssa vellece lle seria conssomida.

    8 E el enton de grado foi beija-los panos,
    e tornou tan mancebo come de vint’ anos;
    e por est’ aa Virgen grandes adianos
    deu, porque os que ama nunca os obrida.

    9 Mais depois o abade nen aquel convento
    sol nono connocian polo mudamento
    do tempo; mas a Virgen por seu cousimento
    fez que o connocessen, porque lonj’ oyda

    10 A sa mercee fosse de tan gran vertude
    com’ ela fez e faz sempre muit’ ameude.
    E porende lle roguemos que nos ajude,
    pois dos angeos e dos santos senpr’ é servida.

  2. Para los apartados, recluidos, aislados mas oración siempre ,,,,, y mas presencia, sonrisa, calor, comprensión. Todo lo podemos hacer en nombre del Señor, del Espíritu Santo, de nuestra fé sin que nadie nos incomode, critique, menosprecie, insulte no digamos ya persiga. Serán tiempos difíciles, lo son, pero, también son tiempos de oportunidad.

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