Santa Lydia de Tiatira,
primera cristiana de Europa

En honor a esta gran mujer
podemos leer del Nuevo Testamento:
Hechos 16, ministerio de Pablo en Filipos.
Rezamos por las mujeres de toda Europa
y recordamos el papel de algunas mujeres
en el Antiguo Testamento:
Sara, Rebeca, Raquel y Lea -matriarcas bien conocidas-
fueron más que ayudantes de sus esposos.
La presencia de la jueza Débora fue trascendental para el ejército de Israel (Jueces 4:4).
¿Recordamos a Yael cuyo mosaico adorna
la cripta de la Basílica de la Dormición en Jerusalén?
Hay cinco profetisas en la Biblia hebrea:
Miriam (Éxodo 15:20), Débora, Hulda (2 Reyes 22:14), Noadias (Nehemías 6:14) y una mujer anónima (Isaías 8:3).

¿Sabías que algunas mujeres participaron en la reconstrucción de los muros de Jerusalén (Nehemías 3:12), construyeron ciudades (1 Crónicas 7:24); estuvieron presentes en las fiestas judías (Deuteronomio 12:12) y en los sacrificios (Deuteronomio 12:18)?

¿Podemos olvidarnos de Rahad, antigua prostituta de Jericó o de Rut, la moabita?
La lista sigue con otras santas mujeres del Nuevo Testamento…

 

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Es este uno de los cuatro períodos dedicados, en las Iglesias de Oriente, a la oración y a la abstinencia.
Durante estas dos semanas de ayuno -del 1 al 14 de agosto- los cristianos de los Ritos orientales se preparan con oración intensa para celebrar la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo y la Dormición de la Santísima Virgen María, festividades celebradas cada año los días 6 y 15 de agosto, respectivamente.

 

Este mosaico siciliano de la Basílica Martorana (Palermo)
nos puede ayudar a meditar, fijándonos
tanto en los personajes como en los detalles.

 

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FORMACIÓN:

Explicación del Templo de Salomón 
(en inglés / se pueden poner subtítulos en español) 

 

San José, en este año 2021

Sueño de san José en un Evangeliario en lengua árabe

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El calendario copto recuerda hoy
al santo esposo de María, José el Justo.
En comunión con los cristianos de Egipto meditamos estas palabras del Papa:

«Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José».

Los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fuese y la misión que la Providencia le confió.

 

Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los cuatro sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos.

Tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel: «Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Como se sabe, en los pueblos antiguos poner un nombre a una persona o a una cosa significaba adquirir la pertenencia, como hizo Adán en el relato del Génesis (cf. 2,19-20).

En el templo, cuarenta días después del nacimiento, José, junto a la madre, presentó el Niño al Señor y escuchó sorprendido la profecía que Simeón pronunció sobre Jesús y María (cf. Lc 2,22-35). Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como extranjero (cf. Mt 2,13-18). De regreso en su tierra, vivió de manera oculta en el pequeño y desconocido pueblo de Nazaret, en Galilea —de donde, se decía: “No sale ningún profeta” y “no puede salir nada bueno” (cf. Jn 7,52; 1,46)—, lejos de Belén, su ciudad de origen, y de Jerusalén, donde estaba el templo. Cuando, durante una peregrinación a Jerusalén, perdieron a Jesús, que tenía doce años, él y María lo buscaron angustiados y lo encontraron en el templo mientras discutía con los doctores de la ley (cf. Lc 2,41-50).

Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. Mis predecesores han profundizado en el mensaje contenido en los pocos datos transmitidos por los Evangelios para destacar su papel central en la historia de la salvación: el beato Pío IX lo declaró «Patrono de la Iglesia Católica», el venerable Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores” y san Juan Pablo II como «Custodio del Redentor». El pueblo lo invoca como «Patrono de la buena muerte»».

(Papa Francisco) 

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Iniciando agosto

Algunos santos que figuran en el calendario del venerable Antifonario mozárabe de León (s. X).

 

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Antiguos calendarios recuerdan hoy el martirio
de los siete hermanos Macabeos con su madre:
un testimonio de fidelidad a la Ley de Dios y
de esperanza en la resurrección,
en la Primera Alianza.
En los momentos de persecución
el relato pone de manifiesto el valor
de una madre creyente.
Leemos 2º libros de Macabeos cap. 7.

 

El rey [Antíoco] mandó a la madre que aconsejara al joven que salvara su vida.
Tanto le insistieron, que ella al fin consintió en hablar a su hijo.
Se inclinó hacia él y, burlándose del cruel tirano,
dijo al hijo en su lengua materna:
«Hijo, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en mi seno,
que te di el pecho durante tres años, y que te he criado
y educado hasta la edad que ahora tienes.
Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra,
que veas todo lo que hay en ellos
y entiendas que de la nada Dios lo hizo todo;
y que de la misma manera creó el género humano.
No temas a este verdugo;
muéstrate digno de tus hermanos y acepta la muerte,
para que por la misericordia de Dios yo te recobre junto con ellos.»
(2 Mac 7, 25ss)

 

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Las HH. Clarisas exponen en el museo la imagen yacente de la Virgen
en el Monasterio de Ntra. Sra. de la Visitación (Descalzas Reales, Madrid).
Comienza hoy la quincena de preparación a la gran fiesta de
la Asunción de María, llamada en algunos calendarios hispanos como
«Sancte Marie Dormicio». Una solemnidad que, de alguna manera,
se prolonga hasta el 22 de agosto, denominada antiguamente
«Octave Sancte Marie».

 

La Virgen de Almortâo (Portugal)

«Transportando iconos por España» de las Cantigas (s. XIII)

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La ermita de Nossa Senhora de Almortão,
en la provincia antigua de Beira Bx colindante con Cáceres,
ya existía en el siglo XIII como Sancta Maria Almorta.

 

He aquí algunos testimonios de la tradición mozárabe en el país hermano:

 

Canto a la Virgen de Almortâo de E. Ramos

 

 

Eduardo Ramos é cantor e toca Alaúde árabe e outros instrumentos árabes, portugueses e africanos.
Formou o grupo musical “Ensemble Moçarabe”, com o qual tem dado concertos por todo o país.

 

Sigue una interesante selección de cantos a la Virgen (en portugués):
Senhora de Almurtao · Tanxedoras

 

 

La hospitalidad

Icono de las santas hospederas de Betania: Marta y María.
Lázaro, amigo de Jesús, era hermano de Marta y María.

 

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Hoy es un día adecuado para recordar las obras de misericordia:
la acogida y todo lo que conlleva.

 

… compartir la mesa…

 

…compartir posesiones

 

Cfr. Mateo 25, 31ss.: el texto nos volverá a sorprender

 

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Más bibliografía sobre espacios litúrgicos para comprender las antiguas iglesias hispanas:

C. Godoy, A los pies del templo: espacios litúrgicos en contraposición al altar: una revisión,
Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía, 21 (2004) 473-492.

 

E. Carrero, Centro y periferia en la ordenación de los espacios litúrgicos: las estructuras corales, 
en Hortus Artium Medievalium 14 (2008) 159-179.

 

Fiesta jubilar del Apóstol Santiago,
patrón de las Españas

Oramos con este texto eucarístico del Rito de Milán (ambrosiano):

 

Realmente es algo bueno y justo
darte gracias, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Jesús, el Redentor, llamó a Santiago
del humilde trabajo de las redes,
y lo hizo pescador de hombres,
en orden a la salvación.
Él respondió al llamado divino
con pronta y fiel predisposición;
así mereció afrontar el tormento del martirio
y ser glorificado, antes que los demás apóstoles del Señor.
Por eso, Padre, nos unimos a él y a todos
los bienaventurados moradores del cielo,
para cantar tus alabanzas:
Santo, Santo, Santo…

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Inscripción visigótica en Mérida (s. VII). En ella se lee: IACOBI

 

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