Mañana…

…celebramos la Pascua de María.
Esta miniatura del monasterio de Poblet
no puede ser más significativa: el cuerpo de la Madre rodeada de apóstoles que contemplan o inciensan.
Es un Tránsito
que llena de esperanza ante la muerte.

La liturgia hispana
proclamaba hoy un delicioso relato popular sobre la anunciación a María de su final, la presencia del Colegio apostólico en Jerusalén, la aparición de Hijo para recibir su alma inmaculada (representada por un bebé), el traslado del Cuerpo cerca de Getsemaní, el sepulcro vacío de la Madre Asunta…
Un misterio de gloria y fe luz para gozar.

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Un comentario en «Mañana…»

  1. Esta no es otra cantiga, es la SUPER CANTIGA, la de la Procesión de ángeles que van a recibir a la Virgen para en el cielo ser CORONADA, la número 420, la décima de las 12 de las Fiestas de Santa María, anexo del Códice de Toledo.

    Nunca he visto esta cantiga cantada antes de nuestra grabación, dentro del doble CD PN2-610 «La Vida de María», grabado en 1996, yo con 44 años y hace ahora 30 años, y digo mi edad pues uno no es consciente de cuando está maduro y preparado para abordar tamaña empresa artística, emocional y devocional.
    Y esta cantiga, en la que tenía muchas dudas de como abordar su interpretación pues tiene estrofas largas y repetidas, surgió con toda naturalidad con grabación de una única toma de sonido cuando el cantante Cesar Carazo me dijo, «sígueme con el canto» con los pedales graves de la «tromba marina» (instrumento grande y raro de tres cuerdas, «trompeta de María», para acompañar el canto monástico). Con canto libre centrado en frasear cada verso galaico, desplegando toda la fuerza y ternura del texto, apoyado en una melodía que se eleva para la procesión en cada bendición. Acompaña Luis Paniagua con una dirluba «viola oriental», y cuando bajan del cielo los diferentes tipos de seres angélicos para recoger a la Virgen, se acompaña con un ritmo como un latido de corazón hecho por Luis Delgado con una cántara o tinaja de cerámica, un contenedor del agua de la salvación. Así de simple, y quedamos perplejos al terminarlo en primera y única toma de sonido. Recuerdo que produjo como final un abrazo silencioso entre los intérpretes.

    Pocas cantigas aún me emocionan cuando las interpreto o simplemente escucho. Algunas son Prólogo, cantigas 1, 10, 180, 200, 400, Epílogo, 420, curiosamente todas de loor, es decir no de narraciones de milagros, sino con poema teológico, devocional o de oración personal del rey sabio.

    Si ahora quieres puedes escuchar esta cantiga. 12:36 minutos. Yo lo hago siguiendo el texto en la traducción al castellano mientras se canta en galaico. Es fácil de entender y no perderse.
    Una oración, una meditación inédita nunca practicada desde que se cerraron los códices originales al morir en 1284 el rey Alfonso.
    ¿Pudo haberla escrito el propio rey? yo me animo a creerlo, que sí fue ordenando los versos rimados con ayuda de sus colaboradores. Pero atentos a la oración final de los 5 últimos versos. Esos sólo pudo firmarlos en primera persona el autor y creador de esta colección de 427 cantigas.

    https://youtu.be/82VaAoKebPU?si=0Cs28jTFrPrKPr5k

    No pongo la traducción de del profesor Jesús Montoya, que está en el libreto del CD y que me cedió amablemente en su día. Adjunto la nueva traducción reciente de la profesora Elvira Fidalgo. Cada una con su matiz, la primera más devocional y teológica, la segunda más académica. Ambos de máxima categoría intelectual.

    CSM 420 (10.ª Festa)
    Esta décima es en el día de la procesión, de cómo las procesiones en el cielo recibieron a Santa María cuando subió al cielo.

    Bendita eres, María, hija, madre y sierva / de Dios, tu padre e hijo: esto es algo ya demostrado. / Bendita fue la hora en que fuiste engendrada / y tu alma, por Dios santificada, / y bendito el día en que naciste / libre y perdonada del pecado de Adán. / Benditas las ropas en las que fuiste envuelta, / y también la teta que has mamado, / y bendito el agua en la que fuiste bañada / y el santo alimento con el que fuiste nutrida, / bendita el habla que hablaste / y también las letras con las que fuiste enseñada.

    Bendita la casa donde viviste / y también el templo en el que fuiste presentada, / y bendita la seda que hilaste / y, asimismo, la labor que hiciste con ella. / Bendita cuando fuiste desposada con José, / no para que se casase contigo sino para que te protegiese. / Bendita la hora en la que fuiste saludada / por el ángel santo y entonces de Dios preñada, / y bendita la culpa de la que fuiste acusada, / de la que quedaste libre, santa y salvada, / y bendita tu carne en la que estuvo encerrada / la de tu hijo Cristo, hecha y formada.

    Bendita cuando llegaste a Belén / y para parir a tu hijo entraste en la cueva; / bendita cuando pariste al hombre y Dios rápidamente, / sin sentir dolor ni sentirte afligida, / y bendita tu sagrada virginidad, / que quedó como estaba antes y no salió dañada. / Bendita la leche con la que fue nutrida / la carne de tu hijo, crecido y robustecido. / Benditas las manos con las que fue mimada / su persona santa y bienaventurada, / bendita fue la vida que llevaste con él, / aunque fuiste muy pobre y apenada.

    Y bendita, bendita, cuando se acabó / tu vida en este mundo y saliste de él, / y bendita cuando vino a tu morada / tu hijo Jesucristo que tomó / tu alma bendita y la sacó de tu cuerpo / e inmediatamente la encomendó a san Miguel. / Bendita la compañía que te acompañó, / [formada] de ángeles muy hermosos, en ordenada procesión, / y bendita la otra (compañía), muy noble, de arcángeles / que vino a recibirte, por quienes fuiste alabada / y benditas las huestes que llaman de Tronos / y Dominios que te fueron enviadas.

    Bendita cuando al subir encontraste / gran cantidad de Príncipes y Potestades
    esperándote, / y bendita cuando los Querubines y Serafines te encontraron, puesto que inmediatamente por ellos fuiste adorada, / y bendita cuando fuiste rodeada por las virtudes / celestiales y por ellas tus alabanzas cantadas. / Bendita cuando tu hijo llegó apresurada- / mente hasta ti, muy rápido con toda su mesnada, / bendita cuando él le dijo a los santos: «Dejadme / a mi madre conmigo, pues viene cansada». / Bendita cuando él te abrazó con sus brazos / y tú fuiste piadosamente recostada sobre él.

    Bendita cuando los santos, a muy alta voz / dijeron: «Bienvenida, Señora muy
    esperada». / Bendita cuando tu hijo te presentó ante Dios / diciendo: «Padre, esta madre me diste». / Bendita cuando Dios quiso que tu carne se juntase / con tu alma y por él fue coronada. / Bendita eres por esto, amiga y amada / de Dios y de los santos, y abogada nuestra. / Por eso, Bendita, te ruego intensamente que tu gracia me sea otorgada, / para que obtenga tu bendita misericordia de forma abundante / en este mundo y me otorgues como soldada.

    Que cuando mi alma salga de este mundo / que las puertas del cielo no le sean vedadas.

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