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En verdad es justo darte gracias,
y es deber nuestro alabarte,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
en todos los momentos y circunstancias de la vida,
en la salud y en la enfermedad,
en el sufrimiento y en el gozo,
por tu servidor, Jesús, nuestro Redentor.
Domingo del Buen Samaritano
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