Renuevo o Raíz del tronco de Jesé

es el título mesiánico del día 19 de diciembre

Oh Renuevo del tronco de Jesé,
que te alzas como un signo para los pueblos;
ante quien los reyes enmudecen,
y cuyo auxilio imploran las naciones:
ven a librarnos, no tardes más.

“Brotará un retoño del tronco de Jesé y un vástago de sus raíces dará fruto” (Isaías 11, 1 cf. Jeremías 23, 5). “Las naciones acudirán a la raíz de Jesé, que estará puesta como signo para los pueblos y cuyo auxilio imploran las naciones” (Isaías 11, 10 cf. Mateo 12, 21; Romanos 15, 12).

El Evangelio de Mateo presenta el cumplimiento de las profecías mesiánicas entroncando a Jesús con la genealogía del rey David, hijo de Jesé (cf. Mateo 1, 1; Miqueas 5, 2).  Jesús, “el León de Judá, de la Raíz de David” (Apocalipsis 5, 5), será el signo “presentado ante todos los pueblos: Luz para alumbrar a las naciones” (Lucas 2, 32). Él será alzado, de igual manera como fue levantado el signo de la serpiente en el desierto (Juan 3, 14), para atraer a todos hacia sí (Juan 12, 32).

Como revelación personal, Jesús dice de sí mismo: “Yo soy el renuevo y la descendencia de David, el lucero resplandeciente de la mañana” (Apocalipsis 22, 16).

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Adonay / Señor:

título del día 18 de diciembre

Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente
y en el Sinaí le diste tu ley:
ven a librarnos con el poder de tu brazo.

Se podría decir que nuestra historia de fe nace en el Sinaí: Dios se revela a Moisés como libertador con el poder de su brazo. Revela su Nombre y su poder: Dios es y actúa (cf. Éxodo 3, 2; 6, 2). En el monte dio su ley perpetua “escrita en tablas de piedra” (Éxodo 24, 12). Descendió en el Horeb dando “juicios rectos, leyes verdaderas, estatutos y mandamientos buenos” (Nehemías 9, 13 cf. Éxodo 20, 1ss; Miqueas 6, 4; Hechos 7, 30ss). El Señor se reveló como “nuestro juez”. Él es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él nos salvará” (Isaías 33,22)” Y, así, la profecía resonó durante siglos: «Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos» (Isaías 11, 4-5).

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Antífonas de la Oh

 

Las antífonas de Adviento, también conocidas como “Antífonas mayores” o “Antífonas de la Oh” (por la admiración con la que inicia el título de Cristo) anuncian siete nombres del Mesías profetizados en el Antiguo Testamento.

Estas antífonas se cantan o recitan en el Oficio vespertino o Vísperas desde el 17 de diciembre hasta el 23 de diciembre. También, pueden ser cantadas o recitadas como aclamación a la proclamación del Evangelio en la Misa de los días de semana entre el 17 y el 23 de diciembre:

17 de diciembre: O Sapientia (Oh Sabiduría)

18 de diciembre: O Adonai (Oh Señor /Adonai)

19 de diciembre: O Radix Jesse (Oh Raíz /retoño de Jesé)

20 de diciembre: O Clavis David (Oh Llave de David)

21 de diciembre: O Oriens (Oh Sol del Amanecer)

22 de diciembre: O Rex Gentium (Oh Rey de las naciones)

23 de diciembre: O Emmanuel (Oh Emmanuel)

Las primeras letras de cada uno de los siete títulos leídas en sentido inverso —Emmanuel, Rex, Oriens, Clavis, Radix, Adonai, Sapientia—forman el acróstico latino «Ero Cras», que significa «Estaré mañana». Es la respuesta del Señor a la petición <¡Ven!> que se eleva en cada “Antífona mayor”.

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La Palabra de Dios en los domingos de Adviento

Las lecturas dominicales del Evangelio -en el Rito romano-
tienen una característica propia:
se refieren a la venida del Señor al final de los tiempos (primer domingo),
a Juan Bautista (segundo y tercer domingos),
a los acontecimientos que prepararon de cerca el nacimiento del Señor (cuarto domingo).

Las lecturas del Antiguo Testamento
son profecías sobre el Mesías y el tiempo mesiánico,
tomadas principalmente del libro de Isaías.

Las lecturas del Apóstol contienen
exhortaciones y amonestaciones
conformes a las diversas características de este tiempo.

Tercer Domingo de Adviento

Enciende la tercera vela de la Corona.
Reza una oración y lee un texto de la Biblia.

Haz tres propósitos personales y uno comunitario:

El 17 dic comienza el Adviento que nos prepara
-de manera inmediata- a la Navidad:

– Escribe a alguien una carta.
– Trata de transmitir tu alegría a alguien (¿nombre?)
– Si estás enfadado con alguien…
reza por él para poder reconciliarte en breve.

Propósito comunitario:
El martes 18 de diciembre Adviento a las 19’00 h:
asistir e invitar a amigos a la Misa Hisp-Moz
en la Basílica de la Concepción
c/ Goya 26 Madrid (Metro: Velázquez)

Lecturas bíblicas
en la misa diaria del Adviento

Madre de la Sabiduría: Ntra. Sra. del Signo

Hay dos series de lecturas bíblicas
en los días laborables del Adviento:
una desde el principio hasta el día 16 de diciembre,
y la otra desde el día 17 al 24.

En la primera parte de este Tiempo,
se leen profecías de Isaías,
siguiendo el mismo orden del libro…
Los Evangelios de estos días están relacionados con la primera lectura.

Desde el jueves de la segunda semana,
comienzan las lecturas del Evangelio sobre Juan Bautista;
la primera lectura es o bien una continuación del libro de Isaías,
o bien un texto relacionado con el Evangelio.

En la última semana antes de Navidad,
se leen los acontecimientos que prepararon de inmediato
el nacimiento del Señor,
tomados del Evangelio de san Mateo (cap. 1) y de san Lucas (cap. 1).

En la primera lectura se han seleccionado algunos textos
de diversos libros del Antiguo Testamento,
teniendo en cuenta el Evangelio del día,
entre los que se encuentran algunos vaticinios mesiánicos
de gran importancia.

 

Juan y María en Adviento

            Para orar estos días:

 

Señor, Dios omnipotente,
tú, para redimir al género humano
quisiste enviamos a tu Hijo,
igual a ti en la esencia y la eternidad,
el cual, anunciado por el ángel,
se hizo hombre en el seno de la Virgen María;
antes de la llegada de este mismo Hijo tuyo,
te dignaste destinar a Juan como precursor,
para que, por la predicación de la verdad en el desierto,
el pueblo, arrepentido de sus antiguos pecados,
obtuviese el perdón,
y así el mundo fuese digno de alcanzar
la plenitud de la gracia por medio del nuevo hombre de Dios
portador de la buena noticia del reino de la divina Trinidad.

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Adviento

El tiempo de Adviento tiene una doble índole:
es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad,
en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres,
y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes
hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos.
Por estas dos razones el
Adviento se nos manifiesta
como tiempo de una expectación piadosa y alegre.

Las ferias del 17 al 24 de diciembre
tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad.

Figuras del Adviento son
el profeta Isaías,
Juan el Precursor,
el ángel Gabriel,
y Santa María, la Hija de Sión,
Virgen y Madre de Jesucristo.

Oremos estos días con las plegarias de nuestros padres:

 

Queremos ser presencias
capaces de inspirar fraternidad…

La lucha de Jacob con el ángel (R. M. da Silva)

Hoy se experimenta a menudo una «desertificación espiritual».
Especialmente allí donde se vive como si Dios no existiera,
nuestras comunidades cristianas están llamadas a ser
«cántaros» que apagan la sed con la esperanza,
presencias capaces de inspirar fraternidad,
encuentro, solidaridad, amor genuino y desinteresado;
han de acoger y avivar la gracia de Dios,
para no encerrarse en sí mismos y abrirse a la misión.

 

Papa Francisco

 

De un himno gótico de Adviento

El astro salvador: señal del cielo

¡Alegraos… salud, pueblos de la tierra!

Dirigid vuestra vista entre las estrellas, esperad la señal de la gloria.
Resuenan ya las voces de los profetas que anuncian la llegada de Cristo,
preludio de la redención, de la gracia que nos ha redimido.
Ved que resplandece nuestra aurora y nuestros corazones se desbordan de alegría,
al son de una voz fiable que anuncia a quien es nuestra gloria.
Que la alegría de salvación tan grandiosa que fue la redención del mundo
nos inspire un cántico sublime de acogida.
En su primera venida
llegó no para castigar al mundo
sino para sanar sus heridas
y salvar lo que estaba perdido.

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