San Nicolás: 6 de diciembre

Un par de días antes de La Inmaculada
la Iglesia celebra a san Nicolás.
El santo obispo de Myra (actual Turquía),
y santa Lucía, virgen de Siracusa,
han sido -durante siglos-
los heraldos populares de la Navidad.
En el <Fuero de Madrid> (1202) aparece
como una de las parroquias del lugar.
Su culto en la Villa se remonta al s. XII.

Sepulcro del santo en Bari (Apulia, Italia).

 

La Virgen Inmaculada

    María Inmaculada (Capilla del Instituto de san Isidro, Madrid)

Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María:

  • recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión;
  • exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador
  • la fiesta de la Concepción purísima y sin mancha de María, en cuanto preparación fontal al nacimiento de Jesús nos remite a la larga espera mesiánica y recuerda profecías y símbolos del Antiguo Testamento, empleados también en la Liturgia del Adviento (cf. DPPL 101s).
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La Vigilia de la Inmaculada de la Basílica de la Concepción será el día 7 de diciembre a las 21’30 h. Una celebración –con elementos de la liturgia hispano-mozárabe- que conviene difundir (c/ Goya 26 Madrid).

Siete pistas para la vivencia del Adviento

1.      Expectación y Preparación:
  • Expectantes porque el Señor volverá, en gloria y majestad en la Parusía.
  • Preparados porque vamos a hacer memoria de la Navidad, cuando vino en la humildad de la carne.

2.      Todo a su tiempo:

Desde el primer domingo de adviento y hasta el día 16 de diciembre, incluido, no se habla de Navidad, sino de Parusía (que esperamos).

A partir del 17 de diciembre y hasta el 24, incluido, no se habla de Parusía, sino de Navidad (que conmemoramos).

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Adviento: tiempo mariano

<Hoy no hay Misa en Rito Hispano en la Basílica
por estar celebrándose la Novena de la Inmaculada>.
La Vigilia será el 7 dic a las 21’30 h.
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Las fiestas de la bienaventurada Virgen María,
unida con vinculo indisoluble a la obra salvadora de su Hijo,
destacan en calendario de Adviento.

En el último mes del año civil subrayamos dos jornadas:
el 8  y el 18 de diciembre
(La Inmaculada / Virgen de la esperanza).

Ambas nos ayudan a vivir la espiritualidad de este tiempo,
al que nos introducía la fiesta del 21 de noviembre
(Presentación de la Madre de Dios en el Templo).

La aclamación <Amén> en la liturgia hispana

Dentro de las intervenciones de la asamblea “la respuesta que encontramos de modo incesante a lo largo de toda la celebración y que caracteriza a esta liturgia, es «Amén».

En las oraciones que recita o canta el sacerdote, el pueblo responde «Amén», al igual que a la conclusión doxológica que se añade después de cada oración.

También con un «Amén» se sella la conclusión de cada una de las lecturas de la liturgia de la palabra. «Amén» es la respuesta de la asamblea a las palabras sobre el pan, por un lado, y a las palabras sobre el vino, por otro.

«Amén» es el punto final de la plegaria eucarística.

A cada una de las peticiones del Padre nuestro que es recitado por el sacerdote, la asamblea se adhiere con un «Amén».

Finalmente, el buen deseo expresado en cada una de las tres invocaciones de la bendición, es acogido con un «Amén»” (Goñi, 19).

Esta respuesta, en la Comunión, se encuentra ya en la denominada Traditio Apostolica, en las Constituciones Apostólicas, en san Ambrosio, en las Catequesis de Jerusalén, en san Juan Crisóstomo, en Teodoro de Mopsuestia, etc. Particularmente interesante es el testimonio de Agustín (cf. MS II 956 n. 562) que tanta influencia tendrá en la liturgia de la España visigoda. El papa san León Magno, como algunos Padres anteriores, ve en la respuesta <Amen> una profesión de fe.

A Ti, Señor,
levanto mi alma
(Sal 24)

 

El tiempo de Adviento tiene una doble índole:

  • es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y
  • es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos.Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa alegre.

    Las ferias del 17 al 24 de diciembre inclusive tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad (NUALC 39.42).

Un gesto para el hogar: el lucernario en el Adviento.

Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico.

Su celebración “tiene una peculiar fuerza y eficacia sacramental
para alimentar la vida cristiana” (S. Pablo VI).

Para tener presente esta idea en cada hogar merece la pena difundir la Corona de Adviento. En efecto, la colocación de unos cirios -sobre una corona de ramos verdes- es una catequesis y una celebración.

Sus luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cf. Mal 3,20; Lc 1,78).

Tiempo para leer la Palabra

El Doctor Hispaniae escudriñador de la Palabra

Recuerda el Concilio que “la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia.

Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles” (DV 21).

Y continúa diciendo que la vida cristiana “se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella”.

Adviento: tiempo de las figuras del Antiguo Testamento

 “Los ejemplos de los santos,
que edifican al ser humano,
hacen que las distintas virtudes revistan un carácter sagrado:
… la obediencia, por Abraham;
la paciencia, por Isaac;
el sufrimiento, por Jacob;
la misericordia, por David;
la templanza, por Daniel;
y así, en las restantes virtudes de los justos
que nos precedieron,
uno considera, al imitarlas, el esfuerzo,
la moderación, la rectitud y el espíritu de penitencia
con que se practicaron.”

 

S. Isidoro de Sevilla, Sentencias II, 11,12.