Visigodos allende los Pirineos

“Una primera corriente emigratoria, iniciada ya en el mismo siglo VIII, llevaría a cristianos hispano-visigodos a abandonar los dominios del Islam y buscar asilo y refugio en tierras de los reyes carolingios, contribuyendo al renacimiento de la Iglesia franca con figuras de primer orden como Teodulfo, arzobispo de Orleans, que gozó de toda la confianza de Carlomagno, San Benito Aniano, que dirigió la reforma monástica en todo el reino de Ludovico Pío, y Agobardo, arzobispo de Lyon, notable escrito y polemista”

 

G. Martínez Díez,
La emigración mozárabe al Reino de León. Siglos IX y X en Mozárabes. Identidad y continuidad de su historia, Ant. Crist. (Murcia) 28 (2011) 99-117 [hic 115].

 

***

Sigue leyendo

<Ora et labora>:
labor espiritual y social

  

Oración acción son dos conceptos
que, casi espontáneamente, nos traen a la mente a san Benito
(a quien celebraremos mañana).

Poniendo el acento en la acción, recordemos:
según los últimos datos disponibles, correspondientes al 2018, la Iglesia en España atendió ese año a 4.095.346 personas: 1.291.019 fueron atendidas en sus centros socio sanitarios y 2.804.327 en sus centros socio asistenciales. También fueron atendidos 64.490 menores y jóvenes en riesgo de exclusión, 141.316 personas que buscaban trabajo, 134.406 emigrantes y refugiados, 23.279 mujeres maltratadas y en riesgo de exclusión, 50.297 víctimas de la droga y de nuevas adicciones, 2.127.487 personas y familias víctimas de la pobreza.

Las iglesias cristianas son escuelas de encuentro con el Dios trascendente y entre los hermanos. La relación con Dios y entre nosotros nos hace ser más “humanos”, más “divinos”.

En este 2020, con motivo de la crisis actual (sanitaria, económica, social…), se hace más necesaria nuestra oración y colaboración (voluntariado, ayudas, etc.).

Evangelizar con el arte

Árbol de la vida (cancel visigótico)

***

Una aspiración del Papa es que la “catequesis preste una especial atención al «camino de la belleza» (via pulchritudinis). Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas.

En esta línea, todas las expresiones de verdadera belleza pueden ser reconocidas como un sendero que ayuda a encontrarse con el Señor Jesús. No se trata de fomentar un relativismo estético, que pueda oscurecer el lazo inseparable entre verdad, bondad y belleza, sino de recuperar la estima de la belleza para poder llegar al corazón humano y hacer resplandecer en él la verdad y la bondad del Resucitado. Si, como dice san Agustín, nosotros no amamos sino lo que es bello, el Hijo hecho hombre, revelación de la infinita belleza, es sumamente amable, y nos atrae hacia sí con lazos de amor.

Sigue leyendo

Lo imperfecto y el Perfecto

 

El número “seis”, en el lenguaje simbólico,
habitualmente habla de lo incompleto, lo imperfecto,
lo que espera culminación.
Sin embargo, en el lenguaje simbólico cristiano
el número senario también expresa perfección.

Así lo enseña san Isidoro:

“Seis días o etapas son las edades de la perfección del tiempo del mundo, de las cuales la primera va desde Adán hasta Noé, la segunda hasta Abraham, la tercera hasta David, la cuarta hasta el destierro (de Babilonia), la quinta hasta el nacimiento de Cristo, y la sexta que es nuestra época, hasta el final del mundo” (Núm., VII,29).

“La perfección de este número se adquiere tanto en las etapas de los hombres, como en los estados de las cosas, pues con las 6 etapas se acaba la vida humana y son infancia, niñez, adolescencia, juventud, senectud y vejez; también 6 son los estados de todas las cosas, es decir, seres no vivientes como las piedras; seres vivientes como los árboles; sensibles como los animales; racionales como los hombres; inmortales como los ángeles. Y el último y sumo estado es Dios que está sobre todas las cosas” (Ibid., 31).

Sigue leyendo

Los “nombres” ante el altar de la oblación

Los dípticos, materialmente hablando, consistían en dos tablillas de madera o marfil unidas con unas junturas. En su parte interna –generalmente cubierta de cura- se escribían los nombres de los vivos y difuntos (nomina) que se debían mencionar en la conmemoración de la misa. Los dípticos son denominados, a veces, con el expresivo nombre de Libros de la Vida (libri vitae). En ellos figuraban, en lugar destacado, el nombre del Papa de Roma y el de los obispos metropolitanos vecinos. Ser «borrado» de los dípticos equivalía a estar fuera de la comunión de la Iglesia.

Las primeras alusiones a los dípticos de la misa se encuentran hacia el siglo III en los escritos de san Cebrián (Cipriano de Cartago): los “nombres” que han de ser mencionados en la plegaria sacerdotal ante el altar (apud altare Dei, PL 4,399). En este obispo norteafricano encontramos la expresión in mente habeatis, es decir, “Tengamos presente en nuestras oraciones” (Carta 62,IV,2 PL 4,362) que, también, se halla en las actas de nuestros mártires de Tarragona (Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio). Esta locución atravesará la historia hasta hacerse presente en el Misal Mozárabe de Cisneros (Toledo, 1500).

Sigue leyendo

Las siete peticiones
de la oración dominical

“La oración del Señor contiene siete peticiones a Dios Padre.

Las tres primeras, más teologales, nos atraen hacia Él,
para su gloria, pues lo propio del amor
es pensar primeramente en Aquel que amamos.
Estas tres súplicas sugieren lo que, en particular, debemos pedirle:
la santificación de su Nombre,
la venida de su Reino y
la realización de su voluntad.

Las cuatro últimas peticiones
presentan al Padre de misericordia
nuestras miserias y nuestras esperanzas:
le piden que nos alimente,
que nos perdone,
que nos defienda ante la tentación
y nos libre del Maligno”

(Compendio del Catecismo, n. 587)

 

En la costumbre hispano-mozárabe se suele cantar el <Padre nuestro> con siete “amenes”.
Cada “Amén” es una ratificación cada petición.
También, alzamos las manos al cantar esta oración, esta «oración dominical».

***

«Tu Rey viene pobre a ti…»

Domingo XIV durante el año

Sabatina

“La Iglesia reza a María, ante todo, con el Ave María, oración con la que la Iglesia pide la intercesión de la Virgen.

Otras oraciones marianas son el Rosario, el himno Acáthistos, la Paraclisis, los himnos y cánticos de las diversas tradiciones cristianas”.

 

Compendio del Catecismo, n. 563

Sigue leyendo