Ascensión: 40 días de Pascua

Cuando Jesús sube al Padre el día de hoy, no es como si fuera un astronauta que llega al lugar más alto del Universo.
Yuri Gagarin (cosmonauta soviético y primer hombre en el espacio) tuvo mucha razón cuando dijo:
Dios no se encuentra allí.
Más bien, Jesús entró en una realidad completamente diferente en su humanidad.
Por primera vez, un ser humano pudo entrar así en lo más íntimo de la Trinidad, que es el espíritu puro.
Jesús, que es a la vez Dios y hombre, el Verbo, el Hijo del Padre, se ha convertido en humano.
Este cuerpo ha sido resucitado y es una nueva creación.
Con su humanidad, el Hijo de Dios vuelve ahora al lugar de donde vino:
al corazón de la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Por lo tanto, el cielo se nos abre por estar unidos al cuerpo de Cristo a través del bautismo.
Por esto la carta a los Colosenses dice:
“Y darán gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos.
Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados. Porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.” (Col 1, 12-14, 19-20)
Esto significa que ya vivimos en el Padre porque Cristo habita en nosotros.
Aunque nosotros seguimos viviendo en la tierra, también estamos ya con el Padre por nuestra unión con Cristo.
Experimentamos esta realidad cuando vivimos realmente nuestra fe y la practicamos.
A través de esto, experimentamos en nuestro corazón que ya estamos en el Padre, especialmente cuando recibimos la Eucaristía.
Por eso la fiesta de la Ascensión es un increíble motivo de alegría, porque nuestra vida ya se encuentra «oculta con Cristo en Dios» (cf. Col 3,3). Al mismo tiempo, esperamos que Cristo vuelva y que extienda el Reino de Dios por todas partes.
Y, ¿qué es este Reino de Dios?
«Después de todo el Reino de Dios no es cuestión de comida o de bebida, sino de justicia, de paz y de gozo en el Espíritu Santo.» (Rom 14,17). La vida en la Iglesia es el Reino de Dios, que existe ya de forma invisible, en el cual Cristo está entronizado a la derecha del Padre, y que se extiende a través de nuestro testimonio.
Por eso debemos rezar a diario: «¡Ven, Señor Jesús!». (Ap 22,20).
Lo pedimos todos los días en la misa, cuando decimos:
«Anunciamos tu muerte. Proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!” (cf. 1 Cor 11, 26).
Por eso el ángel dice:
««Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir».» (Hechos 1,11).
Jesús vendrá de nuevo de la misma manera en que se fue, es decir, entre las nubes del cielo.
Quien dice ser el Mesías, pero no viene en las nubes del cielo, no lo es.
Cumplamos, pues, con nuestro deber: salgamos al mundo, anunciemos a Cristo y recemos:
«¡Ven, Señor Jesús!» para que Él vuelva pronto.
Por ahora, durante los días que siguen a la Ascensión, unámonos intensamente en la oración, pidiendo recibir el Espíritu Santo que Jesús nos ha prometido.
(YouCat)

Miniatura de la Ascensión en el Beatus de Fernando I (pág. 43v; s. XI).

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Tiempo de Pascua 2022 A.D.

Cyrillonas (Qürillóná, 396 c.), uno de los primeros poetas siríacos
–probablemente- sobrino de san Efrén,
pone en boca del Señor, después de acabar la cena pascual,
estas palabras:
 
“Esta será, en mi Iglesia, mi excelsa memoria; 
y, en la tierra entera, ésta será la Pascua. 
Este día será para vosotros santo, 
bendito y glorioso entre todos los días. 
en él serán consolados los que sufren, 
aliviados los oprimidos, 
redimidos los atormentados. 
En él alcanzarán la libertad los cautivos. 
En él será consagrada el agua visible del bautismo. 
En él se rejuvenecerán  
los que envejecieron en el pecado, 
se multiplicarán mis hijos sobre la tierra 
y serán llevados al cielo los hombres”. 
Recordemos la gran influencia de la Iglesia de Siria, Iglesia madre,
en la antigua Hispania, antes y después de la presencia árabe en la Península.

Génesis 1, 1 en una biblia en árabe

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En Vos confío: ¡Alfa y Omega!


“Cristo Jesús, alfa y omega…
de tu trono emanan rayos y truenos,
ante él arden siete lámparas
y allí están los siete ángeles enviados de Dios;
siete estrellas brillan a la diestra del cordero
y ante él siete candelabros de oro”.

Del himno hispano-mozárabe Te centies mille legionum angeli 
en Hymnodia Gotica, pp. 88-89; Breviarium Gothicum, ff. 382-383.


En el año jubilar de san Isidro:

AUDICIÓN:
Magne virtutis titulo. Alabemos a Isidro, egregio por la fama.
Himno I

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El «Tetramorfos»


Cruz con el Tetramorfos incisa en altar de la parroquia Ntra. Sra. del Carmen (El Plantío/Madrid)
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“Delante del Trono brilla un mar de vidrio,
cuatro seres evocando criaturas animales:   
uno tenía aspecto humano,
otro rugía como un león,
el becerro significa el sacerdocio
y otro volaba como un águila
en dirección a los astros.

Cuatro seres con seis pares de alas cada uno…
proclaman a coro sin cesar:
“Santo, Santo, Santo”
Al que era, al que es y al que vendrá.

Sentados en torno veinticuatro ancianos,
revestidos todos de túnicas blancas y coronas doradas
quemando incienso en vasos dorados
entonan salmos al son de sus cítaras”.
Del himno hispano-mozárabe Te centies mille legionum angeli 
en Hymnodia Gotica, pp. 88-89; Breviarium Gothicum, ff. 382-383.

***

Catequesis sobre el tema:
<La palabra ‘tetramorfo’ etimológicamente indica una representación de cuatro elementos.
En la tradición cristiana, el profeta Ezequiel describe cuatro criaturas con cara humana y apariencia animal.
Ya en la edad media, se asocian a los cuatro evangelistas, representados alrededor de Cristo. […]
El león representa a Marcos porque su Evangelio comienza hablando de San Juan Bautista, que clama en el desierto.
Su voz es como la del león, un animal fuerte y noble, como lo será Jesús. [Otros afirman que el símbolo se debe a que Marcos inicia la presentación de Cristo en el desierto entre bestias salvajes].
El toro es Lucas porque empieza hablando del sacrificio de Zacarías a Dios y el toro es el símbolo del sacrificio, el deseo de una vida espiritual que permite al hombre triunfar por encima de las pasiones animales y obtener la paz.
El águila simboliza a Juan porque esta ave se considerada un animal sabio y clarividente, que cuando vuela mira directamente al sol, y el Evangelio de Juan es más abstracto y teológico que los demás.

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Antífona mariana en la Cincuentena

Este sábado es una ocasión muy adecuada para recordar que
el Cardenal Cisneros (+1517) añadió al Ordinario de la Misa
del Rito Gotho-Hispano o Mozárabe
una antífona a la Virgen María (Salve Regina).

Desde 1742, por indicación del papa Benedicto XIV,
otra antífona, el Regina Cœli, sustituye el rezo del Angelus
durante el tiempo pascual o Cincuentena.
VIDEO:
<Expediente Cisneros>:

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Profesemos con los labios…

Cristo resucitado se aparece a María Magdalena junto al árbol de la vida

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¿De qué modo se hace posible la actualización del misterio pascual de Cristo?
El Papa san Juan Pablo II, a los 25 años de la constitución Sacrosanctum Conciliumescribió:
«Para actualizar su misterio pascual, Cristo está siempre presente en su Iglesia,
sobre todo, en las acciones litúrgicas.
La liturgia es, por consiguiente, el lugar privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios
y con quien él envió, Jesucristo (cf. Jn 17, 3)» (Vicesimus quintus annus, n. 7).
En la misma línea leemos en el Catecismo de la Iglesia católica:
«Toda celebración sacramental es un encuentro de los hijos de Dios
con su Padre, en Cristo y en el Espíritu Santo,
y este encuentro se expresa como un diálogo a través de acciones y de palabras»
(n. 1153).

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Jueves eucarístico

<Creo, Señor,
que el pan del altar es tu Cuerpo;
y el cáliz es tu Sangre…>
(Nota en letra visigótica del Antifonario de León, fol. 1)

Reservamos el segundo fin de semana de septiembre ’22
para el Campus Gothia: convivencia, estudio y oración.

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Rezando por la paz…

Cristología hispano-galicana

San Cesáreo de Arlés (+543), siguiendo a Orígenes y a san Ambrosio, refiere la leyenda según la cual el Calvario o Gólgota sería el mismo monte sobre el que Abraham habría ofrecido a su hijo Isaac. El promontorio donde murió Jesús, el Cristo, era el mismo sitio que ocultaba la cueva donde estaba sepultado Adán: allí donde había matado la humana soberbia, allí se desbordó la divina misericordia (cf. Serm. 84,5). 

El obispo de Arlés, vicario del Papa para Galia e Hispania, profundiza en el artículo del Credo <descendió a los infiernos>. La catequesis del obispo era sencilla: descendió al abismo para liberar a los “antiquos sanctos” del poder de Satanás (cf. Serm. 3; 97). 

San Cesáreo muestra el misterio de la salvación anunciando el misterio de la Cruz sirviéndose de varias tipologías o figuras del Antiguo Testamento. De hecho, presenta a Cristo como nuevo Adán, auténtico Sacerdote (verus Pontifex), Samaritano, León Serpiente. 

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Lecturas para nosotros y para los amigos…

 

¿Qué es el año litúrgico? 

<El año litúrgico o año cristiano es la superposición
del transcurso normal del año
con los misterios de la vida de Cristo:
desde la Encarnación hasta su retorno en gloria.
El año litúrgico comienza con el Adviento,
el tiempo de la espera del Señor,
tiene su primer punto culminante en el ciclo festivo de la Navidad
y el segundo, aún mayor,
en la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo
en la Pascua.
El tiempo pascual termina con la fiesta de Pentecostés,
el descenso del Espíritu Santo sobre la Iglesia.
Las fiestas de la Virgen María y de los santos jalonan el año litúrgico;
en ellas la Iglesia alaba la gracia de Dios,
que ha conducido a los hombres a la salvación>.
[Catec. 1168-1173, 1194-1195]

Bibliografía:
R. Gonzálvez Ruíz,
La liturgia hispano-mozárabe, 
Urbs Regia 3 (2018) 26-45.

La liturgia hispano-mozarabe

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