El ministro extraordinario de la Comunión

Son ministros ordinarios de la sagrada comunión:
el Obispo, el presbítero y el diácono.
Es ministro extraordinario de la sagrada comunión
el acólito, o también otro fiel designado.

Para este servicio se requiere formación.
Es evidente que, si cualquier otro ministerio,
como el de proclamar las lecturas
o dirigir el canto o la oración de los fieles,
requiere la capacitación necesaria para ejercerlo con dignidad,
el de distribuir la Comunión lo exige aún más.

El que se encargue a algunos laicos
la distribución de la Comunión
-con el Pan consagrado
o con el cáliz de la Sangre del Señor-
no es una novedad:
hasta el s. VIII hay testimonios de que los laicos recibían,
a veces, la misión de llevar la Eucaristía a los enfermos
y encarcelados que no habían podido acudir
a la celebración de la comunidad.

Viernes…

«Y con los labios salmodiamos para ti…»
Esta frase, que se encuentra en un himno del Oficio Mozárabe
nos da pie para para pensar en unirnos a la salmodia diaria de la Iglesia.

 

Celebrar las Vísperas
-a la hora en que pone la luz del sol y se encienden las luces-
podría ser un buen compromiso
de este año centenario de la consagración
al «Corazón de Cristo».

 

Mirando a Cristo, Sol que no conoce ocaso,
podríamos plantearnos en rezar cada día algunos salmos.
Son la oración bíblica de Jesús,
de María, su Madre,
los apóstoles y discípulos.
Y, sigue siendo la nuestra.

 

Un buen regalo para hacernos,
y para hacer a otros,
es la Liturgia de las Horas
Oficio Divino
que contiene esta plegaria.

 

Catequesis pascual sobre el Bautismo

El primer sacramento de la Iniciación
recibe, ante todo, el nombre de Bautismo,
en razón del rito central con el cual se celebra:
bautizar significa «sumergir» en el agua;
quien recibe el Bautismo es sumergido en la muerte de Cristo
y resucita con Él «como una nueva criatura» (2 Co 5, 17).

Se llama también
«baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo» (Tt 3, 5),
e «iluminación»,
porque el bautizado se convierte en «hijo de la luz» (Ef 5, 8).

Prefiguración bíblica 

En la Antigua Alianza se encuentran varias prefiguraciones del
Bautismo: el agua, fuente de vida y de muerte; el arca de Noé, que salva
por medio del agua; el paso del Mar Rojo, que libera al pueblo de Israel
de la esclavitud de Egipto; el paso del Jordán, que hace entrar a Israel
en la tierra prometida, imagen de la vida eterna.

Estas prefiguraciones del Bautismo las cumple Jesucristo, el cual,
al comienzo de su vida pública, se hace bautizar por Juan Bautista en el
Jordán; levantado en la Cruz, de su costado abierto brotan sangre y
agua, signos del Bautismo y de la Eucaristía, y después de su Resurrección
confía a los Apóstoles esta misión: «Id y haced discípulos de todos
los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo» (Mt 28, 19).

Sigue leyendo

Algunas notas sobre música

 

Para leer, pensar, discutir y poner en práctica.

¿no podríamos hacer el esfuerzo de escuchar algún nuevo y bonito
Aleluya pascual
y aprenderlo en esta etapa de la Cincuentena pascual?:

«Se ha hecho cada vez más evidente el pavoroso empobrecimiento que se manifiesta allí donde se desprecia la belleza y el hombre se somete sólo a lo útil.  La experiencia ha demostrado que el atenerse únicamente a la categoría de lo “comprensible para todos” no ha conseguido que la liturgia fuera verdaderamente más comprensible, más abierta, sino más pobre.  Liturgia “simple” no significa liturgia mísera o barata; hay una simplicidad que viene de lo vulgar y otra que proviene de la riqueza espiritual, cultural e histórica».

 «También aquí se ha rechazado la incomparable música de la Iglesia en nombre de la “participación activa”; pero ¿no puede esta “participación” significar también un percibir con el espíritu, con los sentidos? ¿No hay “actividad” alguna en el escuchar, en el intuir, en el conmoverse?».

«Una Iglesia que sólo hace música “corriente” cae en la ineptitud y se hace ella misma inepta.  La Iglesia tiene el deber de ser también “ciudad de gloria”, ámbito en que se recogen y se elevan a Dios las voces más profundas de la humanidad.  La Iglesia no puede contentarse sólo con lo ordinario, con lo acostumbrado, debe despertar las voces del cosmos, glorificando al Creador y descubriendo al mismo cosmos su magnificencia, haciéndolo hermoso, habitable y humano».

Un buen ejemplo nos está ofreciendo el coro de «Gothia» con su trabajo semanal: aprendizaje, ensayos y oferta a la celebración. Con la felicitación un ruego para que todos nos sintamos corresponsables.

Acontece algo…

Agnus Dei de Chagall en Reims

Celebramos la acción litúrgica por excelencia cada domingo en la Eucaristía. Convocamos en Madrid al Pueblo de Dios cada martes para la celebración en el antiguo Rito de la España goda. Pero, ¿nos damos cuenta de lo que «traemos entre manos»? He aquí un texto interesante para leer, pensar y sobre el que discutir:

 «La liturgia no es un show, no es un espectáculo que necesite directores geniales y actores de talento. La liturgia no vive de sorpresas “simpáticas”, de ocurrencias “cautivadoras”, sino de repeticiones solemnes. No debe expresar la actualidad, el momento efímero, sino el misterio de lo Sagrado.  Muchos han pensado y dicho que la liturgia debe ser “hecha” por toda la comunidad para que sea verdaderamente suya.  Es ésta una visión que ha llevado a medir el “resultado” de la liturgia en términos de eficacia espectacular, de entretenimiento.  De este modo se ha dispersado el proprium litúrgico, que no proviene de lo que nosotros hacemos, sino del hecho de que aquí acontece Algo que todos nosotros juntos somos incapaces de hacer.  En la liturgia opera una fuerza, un poder que ni siquiera la Iglesia entera puede conferirse: lo que en ella se manifiesta es lo absolutamente Otro que, a través de la comunidad (la cual no es dueña, sino sierva, mero instrumento), llega hasta nosotros».

Antífona final a María 

Stuck, La Madre al pie del madero

En las <Orientaciones> que la Santa Sede daba
para el <Año mariano>
se hablaba de la invocación final
a la Bienaventurada Virgen María:

“Es costumbre muy difundida que la asamblea dominical,
después del saludo ritual de despedida,
permanezca todavía en el recinto para terminar con un canto” (n. 21).
Y se añadía:
“Sería apropiado que […] este canto,
siempre con relación al tiempo litúrgico,
se dirigiera a la madre de Jesús.
Podría cantarse, por ejemplo, […] en el Tiempo Cuaresma,
la antífona Ave, Regina caelorum 
o un canto que conmemore el camino de fe de la Virgen
o su participación en el misterio de la Cruz”.

Así pinta Vrubel el camino de la fe de María Dolorosa

 

Bautismo y Eucaristía

“Todos los sacramentos son <sacramenta paschalia>, es decir, acciones sagradas de culto que nos permiten participar en la muerte y resurrección del Señor. Tan esencialmente son misterios pascuales estos dos sacramentos, que en la antigua Iglesia eran administrados durante la noche de Pascua, es decir, dentro de la celebración litúrgica pascual. Todavía hoy queda dentro de la vigilia pascual la bendición solemne de la pila bautismal (y renovación de las promesas del bautismo), y si es cierto que los Santos Oleos fueron consagrados ya el Jueves santo, dicha acción sagrada está, estrechamente relacionada con el acontecimiento  pascual”.

Hna. Theofora Schneider,
Introducción a “Nuestra Pascua”

Se acerca la Pascua

De nuevo, Pascua…

“Pero, ¿cómo es posible todo esto? ¿No pasó ya, para no poder repetirse, la muerte de Cristo? ¿Cómo puede su Pascua ser nuestra Pascua?

En el orden de la naturaleza y en el ámbito de la historia, ciertamente sí, la Pascua de nuestro Señor tuvo lugar una vez y acabó para siempre. En el tiempo, la muerte de Cristo no puede repetirse. Corporal y materialmente nuestro Señor no vuelve a derramar su sangre en la cruz. Y, sin embargo, la sangre del Cordero, que un día fluyera en la cruz, sigue fluyendo también hoy; a través de todos los siglos, Cristo repite su marcha al Padre, su Pascua es, como enseñan los Santos Padres, una realidad perenne. Pero esta constante presencia de la Pascua es de distinto tipo de aquella realidad histórica y cruenta de la Cruz. La Pascua de Cristo es para nosotros una realidad presente, como lo fue ya, antes de la muerte cruenta en la cruz sobre el Gólgota, en el cenáculo, cuando Cristo dio cumplimiento a la Passah [Pascua] judía y festejó con los discípulos su “paso” de este mundo al Padre como Pascua de la Nueva Alianza.

Oración, limosna y ayuno en Cuaresma ’19

Nunca se ayuna porque sí, ni porque toca, ni porque siempre se ha hecho así. Se ayuna para vivir en la libertad de los hijos de Dios y como un camino de abrir el corazón para tener los sentimientos del Corazón de Cristo, lleno de humildad y ternura.

La limosna y toda generosidad con los más necesitados es la «prueba del algodón»  que nos dice que hemos acertado de lleno en el camino de la santidad.

+ Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres