Usos y costumbres del Pueblo de Dios

Pórtico de la Gloria en Santiago de Compostela con la hipótesis del colorido original

«Se ha de dedicar también una atención especial a la piedad popular. Muy extendida por las diversas regiones de Europa mediante las Hermandades, procesiones y peregrinaciones a numerosos santuarios, enriquece el itinerario del año litúrgico, inspirando usos y costumbres familiares y sociales. Todas estas formas deben ser consideradas cuidadosamente mediante una pastoral de promoción y renovación, que les ayude a desarrollar todo lo que es expresión auténtica de la sabiduría del Pueblo de Dios…

 

En el campo de la piedad popular hay que vigilar constantemente los aspectos ambiguos de algunas de sus manifestaciones, preservándolas de desviaciones secularistasconsumismos desconsiderados o también de riesgos de superstición, para mantenerlas dentro de formas auténticas y juiciosas. Se ha de llevar a cabo una pedagogía apropiada, explicando cómo la piedad popular se ha de vivir siempre en armonía con la liturgia de la Iglesia y vinculada con los Sacramentos»

(Ecclesia in Europa, n. 79).

Orar en familia y por la familia

A comienzos de verano ’19
se nos animó a leer de continuo
el Evangelio de san Lucas.

 

Hoy recordamos
otra oración eminentemente bíblica:
el Oficio Divino o Liturgia de las Horas.

 

Esto es lo que dice la Iglesia:

«Se recomienda asimismo a los laicos, dondequiera que se reúnan en asambleas de oración, de apostolado, o por cualquier otro motivo, que reciten el Oficio de la Iglesia, celebrando alguna parte de la Liturgia de las Horas. Es conveniente que aprendan, en primer lugar, a adorar al Padre en espíritu de verdad, y que se den cuenta de que el culto público y la oración que celebran atañe a toda la humanidad y puede contribuir en considerable medida a la salvación del mundo entero.

Conviene finalmente que la familia, que es como un santuario doméstico dentro de la Iglesia, no sólo ore en común, sino que además lo haga recitando algunas partes de la Liturgia de las Horas, cuando resulte oportuno, con lo que se sentirá más insertada en la Iglesia». (OGLH 27).

Hoy no siempre es fácil rezar en familia.
Podemos comenzar con un salmo los domingos,
o cuando estamos juntos para la comida, etc.
Siempre podremos rezar el Oficio de las Horas
(Laudes, por la mañana; Vísperas, por la tarde)
encomendando a nuestra familia, amigos y al mundo.

 

Dios Trino y Uno

«En Cristo se nos ha abierto la hondura de la vida escondida de Dios. Su naturaleza, palabra y obra tan llenas de la realidad de lo sagrado. Pero de ella brotan figuras vivas: el Padre, en su omnipotencia y bondad; el Hijo, en su verdad y amor redentor, y entre ellos, el desprendido, el creador, el Espíritu.

Es un misterio que supera todo sentido; y hay gran peligro de escandalizarse de él. Pero yo no quiero un Dios que se ajuste a las medidas de mi pensamiento y esté formado a mi imagen. Quiero el auténtico, aunque sé que desborda mi intelectual capacidad. Por eso, ¡oh Dios vivo!, creo en tu misterio, y Cristo, que no puede mentir, es su fiador.

Cuando anhelo la intimidad de la compañía, tengo que ir a los demás hombres; y por más honda que sea la ligazón y más hondo que sea el amor, seguimos, sin embargo, separados. Pero tú encuentras tu propio «tú» en ti mismo. En tu misma hondura desarrollas el diálogo eterno. En tu misma riqueza tiene lugar el perpetuo regalo y recepción del amor.

Creo, ¡oh Dios!, en tu vida una y trina. Por ti creo en ella, pues ese misterio cobija tu verdad. En cuanto se abandona, tu imagen se desvanece en el mundo. Pero también, ¡oh Dios!, creo en ella por nosotros, porque la paz de tu eterna vida tiene que llegar a ser nuestra patria. Nosotros somos tus hijos, ¡oh Padre!; tus hermanos y hermanas, Hijo de Dios, Jesucristo, y tú, Espíritu Santo, eres nuestro amigo y maestro».

(Romano Guardini)

El ministro extraordinario de la Comunión

Son ministros ordinarios de la sagrada comunión:
el Obispo, el presbítero y el diácono.
Es ministro extraordinario de la sagrada comunión
el acólito, o también otro fiel designado.

Para este servicio se requiere formación.
Es evidente que, si cualquier otro ministerio,
como el de proclamar las lecturas
o dirigir el canto o la oración de los fieles,
requiere la capacitación necesaria para ejercerlo con dignidad,
el de distribuir la Comunión lo exige aún más.

El que se encargue a algunos laicos
la distribución de la Comunión
-con el Pan consagrado
o con el cáliz de la Sangre del Señor-
no es una novedad:
hasta el s. VIII hay testimonios de que los laicos recibían,
a veces, la misión de llevar la Eucaristía a los enfermos
y encarcelados que no habían podido acudir
a la celebración de la comunidad.

Viernes…

«Y con los labios salmodiamos para ti…»
Esta frase, que se encuentra en un himno del Oficio Mozárabe
nos da pie para para pensar en unirnos a la salmodia diaria de la Iglesia.

 

Celebrar las Vísperas
-a la hora en que pone la luz del sol y se encienden las luces-
podría ser un buen compromiso
de este año centenario de la consagración
al «Corazón de Cristo».

 

Mirando a Cristo, Sol que no conoce ocaso,
podríamos plantearnos en rezar cada día algunos salmos.
Son la oración bíblica de Jesús,
de María, su Madre,
los apóstoles y discípulos.
Y, sigue siendo la nuestra.

 

Un buen regalo para hacernos,
y para hacer a otros,
es la Liturgia de las Horas
Oficio Divino
que contiene esta plegaria.

 

Catequesis pascual sobre el Bautismo

El primer sacramento de la Iniciación
recibe, ante todo, el nombre de Bautismo,
en razón del rito central con el cual se celebra:
bautizar significa «sumergir» en el agua;
quien recibe el Bautismo es sumergido en la muerte de Cristo
y resucita con Él «como una nueva criatura» (2 Co 5, 17).

Se llama también
«baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo» (Tt 3, 5),
e «iluminación»,
porque el bautizado se convierte en «hijo de la luz» (Ef 5, 8).

Prefiguración bíblica 

En la Antigua Alianza se encuentran varias prefiguraciones del
Bautismo: el agua, fuente de vida y de muerte; el arca de Noé, que salva
por medio del agua; el paso del Mar Rojo, que libera al pueblo de Israel
de la esclavitud de Egipto; el paso del Jordán, que hace entrar a Israel
en la tierra prometida, imagen de la vida eterna.

Estas prefiguraciones del Bautismo las cumple Jesucristo, el cual,
al comienzo de su vida pública, se hace bautizar por Juan Bautista en el
Jordán; levantado en la Cruz, de su costado abierto brotan sangre y
agua, signos del Bautismo y de la Eucaristía, y después de su Resurrección
confía a los Apóstoles esta misión: «Id y haced discípulos de todos
los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo» (Mt 28, 19).

Sigue leyendo

Algunas notas sobre música

 

Para leer, pensar, discutir y poner en práctica.

¿no podríamos hacer el esfuerzo de escuchar algún nuevo y bonito
Aleluya pascual
y aprenderlo en esta etapa de la Cincuentena pascual?:

«Se ha hecho cada vez más evidente el pavoroso empobrecimiento que se manifiesta allí donde se desprecia la belleza y el hombre se somete sólo a lo útil.  La experiencia ha demostrado que el atenerse únicamente a la categoría de lo “comprensible para todos” no ha conseguido que la liturgia fuera verdaderamente más comprensible, más abierta, sino más pobre.  Liturgia “simple” no significa liturgia mísera o barata; hay una simplicidad que viene de lo vulgar y otra que proviene de la riqueza espiritual, cultural e histórica».

 «También aquí se ha rechazado la incomparable música de la Iglesia en nombre de la “participación activa”; pero ¿no puede esta “participación” significar también un percibir con el espíritu, con los sentidos? ¿No hay “actividad” alguna en el escuchar, en el intuir, en el conmoverse?».

«Una Iglesia que sólo hace música “corriente” cae en la ineptitud y se hace ella misma inepta.  La Iglesia tiene el deber de ser también “ciudad de gloria”, ámbito en que se recogen y se elevan a Dios las voces más profundas de la humanidad.  La Iglesia no puede contentarse sólo con lo ordinario, con lo acostumbrado, debe despertar las voces del cosmos, glorificando al Creador y descubriendo al mismo cosmos su magnificencia, haciéndolo hermoso, habitable y humano».

Un buen ejemplo nos está ofreciendo el coro de «Gothia» con su trabajo semanal: aprendizaje, ensayos y oferta a la celebración. Con la felicitación un ruego para que todos nos sintamos corresponsables.

Acontece algo…

Agnus Dei de Chagall en Reims

Celebramos la acción litúrgica por excelencia cada domingo en la Eucaristía. Convocamos en Madrid al Pueblo de Dios cada martes para la celebración en el antiguo Rito de la España goda. Pero, ¿nos damos cuenta de lo que «traemos entre manos»? He aquí un texto interesante para leer, pensar y sobre el que discutir:

 «La liturgia no es un show, no es un espectáculo que necesite directores geniales y actores de talento. La liturgia no vive de sorpresas “simpáticas”, de ocurrencias “cautivadoras”, sino de repeticiones solemnes. No debe expresar la actualidad, el momento efímero, sino el misterio de lo Sagrado.  Muchos han pensado y dicho que la liturgia debe ser “hecha” por toda la comunidad para que sea verdaderamente suya.  Es ésta una visión que ha llevado a medir el “resultado” de la liturgia en términos de eficacia espectacular, de entretenimiento.  De este modo se ha dispersado el proprium litúrgico, que no proviene de lo que nosotros hacemos, sino del hecho de que aquí acontece Algo que todos nosotros juntos somos incapaces de hacer.  En la liturgia opera una fuerza, un poder que ni siquiera la Iglesia entera puede conferirse: lo que en ella se manifiesta es lo absolutamente Otro que, a través de la comunidad (la cual no es dueña, sino sierva, mero instrumento), llega hasta nosotros».