Oración, limosna y ayuno en Cuaresma ’19

Nunca se ayuna porque sí, ni porque toca, ni porque siempre se ha hecho así. Se ayuna para vivir en la libertad de los hijos de Dios y como un camino de abrir el corazón para tener los sentimientos del Corazón de Cristo, lleno de humildad y ternura.

La limosna y toda generosidad con los más necesitados es la “prueba del algodón”  que nos dice que hemos acertado de lleno en el camino de la santidad.

+ Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres

La belleza en la celebración

<Árbol de la vida> (Quintanilla de las viñas)

La verdadera belleza es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio pascual.

La belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra.

La belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación.

Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza.

(Exhortación Sacramentum caritatis, 35)

Celebrando bien…

“El primer modo
con el que se favorece
la participación del Pueblo de Dios
en el Rito sagrado
es la adecuada celebración del Rito mismo.

El “ars celebrandi” (arte de celebrar)
es la mejor premisa para la participación activa.
El “ars celebrandi” proviene de la obediencia fiel
a las normas litúrgicas en su plenitud,
pues es precisamente este modo de celebrar
lo que asegura desde hace dos mil años
la vida de fe de todos los creyentes,
los cuales están llamados a vivir la celebración
como Pueblo de Dios, sacerdocio real, nación santa
(cf. 1 P 2,4-5.9)

[Exhortación Sacramentum caritatis, 38]

Enmanuel, Rey, Legislador, Esperanza:

son los títulos mesiánicos del día 23 de diciembre

Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro,
esperanza de las naciones y salvador de los pueblos:
ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

Mateo cita en su evangelio, como realizada en Jesús, la vieja profecía: “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías: <Una joven virgen quedará encinta y tendrá un hijo. Llamarán a ese niño Enmanuel que significa Dios con nosotros>” (cf. Mateo 1, 22ss; Isaías 7, 14). La virgen embarazada es el signo, la señal prodigiosa, que Dios ofrece de su presencia. “¡Enmanuel!” será la invocación del pueblo ante cualquier dificultad o temor (cf. Is 8, 8. 10). Una presencia divina no es pasiva. Dios se hace presente como aquel que interviene en la vida del pueblo; de ahí, los dos títulos mesiánicos – Rey y Legislador – que hacen comprender el misterio esperado: “Habrá un día en que se dirá: <He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado para que nos salvase; éste es el Señor a quien hemos esperado; nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25, 9).

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Rey, Deseado y Piedra angular:

 son los títulos mesiánicos del día 22 de diciembre

Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos,
Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo:
ven y salva al hombre,
que formaste del barro de la tierra.

“Llegan días –dice el Señor- en que suscitaré a David un Renuevo justo; y El reinará como rey” (Jeremías 23, 5). “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Isaías 9, 6). En efecto, su nombre es “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19, 16 cf. Apocalipsis 15, 3). El rey de Israel será soberano universal: “Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas” (Isaías 2, 4 cf. Jeremías 10, 7; Daniel 7, 14). Aunque las naciones se esfuercen por conseguir tesoros materiales, el auténtico deseo del corazón, su tesoro es el que viene (cf. Ageo 2, 8; Isaías 11, 10). “Porque él es nuestra paz: quien de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad” (Efesios 2, 14); de modo que ambos pueblos no son ya “extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo” (Efesios 2, 19s). Jesús, Príncipe de la paz, es la piedra angular (cf. Salmo 118 (117), 22; Marcos 12, 10 y par.; Hechos 4, 11; Efesios 2, 20), piedra viva, escogida y preciosa (1 Pedro 2, 4) sobre la que estamos edificados (1 Pedro 2, 6 cf. 1 Corintios 3, 11).

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Sol de Justicia o Luz del Oriente

es el título mesiánico del día 21 de diciembre

Oh Sol que naces de lo alto,
Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia:
ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte.

La palabra latina Oriens, castellanizado como Oriente, se traduce en las versiones litúrgicas como “Sol, Radiante amanecer, Aurora o Germen”. Es un profundo concepto que hace referencia a la Luz y a la Vida (Fós / Zoé).

Esta noche del 21 de diciembre de 2018 A.D. comienza el invierno; los días –aunque no se note- comienzan a ser más largos: es la victoria de la luz sobre la tiniebla. También en esta jornada, los que caminamos en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Isaías 9, 12; Lucas 1, 78s), confesamos a Cristo como el resplandor de la gloria del Padre, reflejo de la luz eterna (cf. Sabiduría 7, 26; Hebreos 1, 3): “Su nombre es Oriente” (Zacarías 6, 12 en la versión griega). Él iluminará, como Sol de justicia, a los que respetan su Nombre (cf. Malaquías 4, 2).

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Llave de David o Clave y Cetro  

es el título mesiánico del día 20 de diciembre

Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel;
que abres y nadie puede cerrar;
cierras y nadie puede abrir:
ven y libra a los cautivos
que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

La casa de Israel esperaba un mesías a quien Dios entregaría el poder que tuvo el rey David; esperanza que expresaba con el símbolo de las llaves: “Entonces pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; cuando él abra, nadie cerrará,cuando él cierre, nadie abrirá” (Isaías 22, 22). Estaba profetizado de ese Siervo que, abriendo los ojos a los ciegos, abriese –también- las cárceles injustas y sacase de la prisión a los que moran en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Isaías 9, 7; 42, 7; Lucas 1, 79; 4, 16-19; Mateo 4, 16).

Las llaves que abren o cierran son, como el cetro real, símbolos de potestad en beneficio del pueblo (cf. Apocalipsis 3, 7; Mateo 16, 19). Judá, el hijo de Jacob, después de haber sido comparado con un león poderoso (cf. Génesis 49, 9), escucha que “siempre tendrá en sus manosel cetro que le hace gobernante hasta que venga el verdadero rey que gobernará a todo el mundo” (Génesis 49, 10).Balaám, el adivino arameo, vaticinó: “Una estrella saldrá de Jacob; se levantará un cetro de Israel” (Números 24, 17). Ese Rey ha venido y, a pesar de las sombras, se levanta brillando como una estrella (cf. Mateo 2, 2; Juan 1, 49; Lucas 19, 38; Mateo 27, 11; Lucas 23, 38).

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Renuevo o Raíz del tronco de Jesé

es el título mesiánico del día 19 de diciembre

Oh Renuevo del tronco de Jesé,
que te alzas como un signo para los pueblos;
ante quien los reyes enmudecen,
y cuyo auxilio imploran las naciones:
ven a librarnos, no tardes más.

“Brotará un retoño del tronco de Jesé y un vástago de sus raíces dará fruto” (Isaías 11, 1 cf. Jeremías 23, 5). “Las naciones acudirán a la raíz de Jesé, que estará puesta como signo para los pueblos y cuyo auxilio imploran las naciones” (Isaías 11, 10 cf. Mateo 12, 21; Romanos 15, 12).

El Evangelio de Mateo presenta el cumplimiento de las profecías mesiánicas entroncando a Jesús con la genealogía del rey David, hijo de Jesé (cf. Mateo 1, 1; Miqueas 5, 2).  Jesús, “el León de Judá, de la Raíz de David” (Apocalipsis 5, 5), será el signo “presentado ante todos los pueblos: Luz para alumbrar a las naciones” (Lucas 2, 32). Él será alzado, de igual manera como fue levantado el signo de la serpiente en el desierto (Juan 3, 14), para atraer a todos hacia sí (Juan 12, 32).

Como revelación personal, Jesús dice de sí mismo: “Yo soy el renuevo y la descendencia de David, el lucero resplandeciente de la mañana” (Apocalipsis 22, 16).

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Adonay / Señor:

título del día 18 de diciembre

Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente
y en el Sinaí le diste tu ley:
ven a librarnos con el poder de tu brazo.

Se podría decir que nuestra historia de fe nace en el Sinaí: Dios se revela a Moisés como libertador con el poder de su brazo. Revela su Nombre y su poder: Dios es y actúa (cf. Éxodo 3, 2; 6, 2). En el monte dio su ley perpetua “escrita en tablas de piedra” (Éxodo 24, 12). Descendió en el Horeb dando “juicios rectos, leyes verdaderas, estatutos y mandamientos buenos” (Nehemías 9, 13 cf. Éxodo 20, 1ss; Miqueas 6, 4; Hechos 7, 30ss). El Señor se reveló como “nuestro juez”. Él es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él nos salvará” (Isaías 33,22)” Y, así, la profecía resonó durante siglos: «Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos» (Isaías 11, 4-5).

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Antífonas de la Oh

 

Las antífonas de Adviento, también conocidas como “Antífonas mayores” o “Antífonas de la Oh” (por la admiración con la que inicia el título de Cristo) anuncian siete nombres del Mesías profetizados en el Antiguo Testamento.

Estas antífonas se cantan o recitan en el Oficio vespertino o Vísperas desde el 17 de diciembre hasta el 23 de diciembre. También, pueden ser cantadas o recitadas como aclamación a la proclamación del Evangelio en la Misa de los días de semana entre el 17 y el 23 de diciembre:

17 de diciembre: O Sapientia (Oh Sabiduría)

18 de diciembre: O Adonai (Oh Señor /Adonai)

19 de diciembre: O Radix Jesse (Oh Raíz /retoño de Jesé)

20 de diciembre: O Clavis David (Oh Llave de David)

21 de diciembre: O Oriens (Oh Sol del Amanecer)

22 de diciembre: O Rex Gentium (Oh Rey de las naciones)

23 de diciembre: O Emmanuel (Oh Emmanuel)

Las primeras letras de cada uno de los siete títulos leídas en sentido inverso —Emmanuel, Rex, Oriens, Clavis, Radix, Adonai, Sapientia—forman el acróstico latino «Ero Cras», que significa «Estaré mañana». Es la respuesta del Señor a la petición <¡Ven!> que se eleva en cada “Antífona mayor”.

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