Ante los últimos domingos del año… (II)

[El encuentro con Cristo]
se produce siempre en la celebración de la Eucaristía,
donde el Señor se presenta de nuevo entre los suyos
y se entrega a ellos;
por así decir, se deja tocar por ellos,
se sienta a la mesa con ellos.

Este cambio es un hecho extraordinario,
si se considera que el Sábado, el séptimo día
como día del encuentro con Dios,
está profundamente enraizado
en el Antiguo Testamento.
Este proceso revolucionario,
que se verificó inmediatamente
al comienzo del desarrollo de la Iglesia,
sólo se explica por el hecho
de que en dicho día había sucedido algo inaudito.

El primer día, según el relato del Génesis,
es el día en que comienza la creación.
Ahora, se ha convertido de un modo nuevo
en el día de la nueva creación”

Ante los últimos domingos del año… (I)

[En el Antiguo Testamento]
el Sábado es el séptimo día de la semana.
Después de seis días, en los que el hombre
participa en cierto sentido en el trabajo de la creación de Dios,
el Sábado es el día del descanso.
Pero en la Iglesia naciente sucede algo inaudito:
el Sábado, el séptimo día, es sustituido ahora por el primer día.
Como día de la asamblea litúrgica,
es el día del encuentro con Dios mediante Jesucristo,
el cual en el primer día, el Domingo,
se encontró con los suyos como Resucitado.
La estructura de la semana se ha invertido.
Ya no se dirige hacia el séptimo día,
para participar en el reposo de Dios.
Comienza con el primer día,
como día del encuentro con el Resucitado.

La entrega oblativa de Jesús

El memorial de su total entrega
no consiste en la simple repetición de la última Cena,
sino propiamente en la Eucaristía, es decir,
en la novedad radical del culto cristiano.
Jesús nos ha encomendado así
La tarea de participar en su « hora ».
«La Eucaristía nos adentra
en el acto oblativo de Jesús.
No recibimos solamente
de modo pasivo el Logos encarnado,
sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega».
Él « nos atrae hacia sí ».
La conversión sustancial del pan y del vino
en su cuerpo y en su sangre
introduce en la creación
el principio de un cambio radical,
como una forma de « fisión nuclear »,
por usar una imagen bien conocida hoy por nosotros,
que se produce en lo más íntimo del ser;
un cambio destinado
a suscitar un proceso de transformación de la realidad,
cuyo término último
será la transfiguración del mundo entero,
el momento en que Dios será todo para todos

(cf. 1 Co 15,28).

[Sacramentum Caritatis 11.]

“Día de ánimas”

Ofreciendo la Misa por ellos…

2 NOV
Conmemoración de Todos los fieles difuntos.

La Santa Madre Iglesia,
después de su solicitud en celebrar
con las debidas alabanzas
la alegría de todos sus hijos bienaventurados en el cielo,
se interesa ante el Señor
en favor de las almas
de todos cuantos nos precedieron en el signo en fe
y duermen en la esperanza de la resurrección,
y por todos los difuntos
desde el principio del mundo,
cuya fe sólo Dios conoce,
para que, purificados de toda mancha del pecado
y asociados a los ciudadanos celestes,
puedan gozar de la visión de la felicidad eterna.

1 Noviembre

1 NOV

Solemnidad de Todos los Santos
que están con Cristo en la gloria.
En el gozo único de esta festividad,
la Iglesia Santa,
que todavía peregrina en la tierra,
celebra la memoria de aquellos
cuya compañía alegra los cielos,
para recibir el estímulo de su ejemplo,
la alegría de su patrocinio
y, un día, la corona del triunfo
en la visión eterna de la divina Majestad.

Arrodillarse en Misa

En la documentación preparatoria  del Sínodo para la Eucaristía (2005) se valoraba: “la práctica de arrodillarse durante la plegaria eucarística” (Instrumentum laboris, n. 64) y recordaba que “los sacerdotes y los fieles manifiestan la fe y la adoración a través de los gestos del cuerpo según las indicaciones de los libros litúrgicos o según la tradición. Es posible adaptar tales gestos en base a la cultura, con tal que sean expresivos de la veneración y del amor hacia el misterio de la Eucaristía” (Ib. n. 67).

Después, una de las propuestas presentadas al Santo Padre por los Padres sinodales tras la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos “La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia” (2 al 23 de octubre de 2005) recomendaba:

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Arrodillarse en la liturgia

Arrodillarse corresponde a la verdad de nuestro mismo ser…
Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse,
y una fe, o una liturgia que desconociese el arrodillarse,
estaría enferma en uno de sus puntos capitales.
Donde este gesto se ha perdido,
se debe aprender de nuevo,
para que nuestra oración permanezca
en la comunión de los Apóstoles y los mártires,
en la comunión de todo el cosmos,
en la unidad con Jesucristo mismo”.

(J. Ratzinger, Teología litúrgica…)

Oficio de la Iglesia

“Se recomienda asimismo a los laicos, dondequiera que se reúnan en asambleas de oración, de apostolado, o por cualquier otro motivo, que reciten el Oficio de la Iglesia, celebrando alguna parte de la Liturgia de las Horas. Es conveniente que aprendan, en primer lugar, a adorar al Padre en espíritu de verdad, y que se den cuenta de que el culto público y la oración que celebran atañe a todos los hombres y puede contribuir en considerable medida a la salvación del mundo entero.

Conviene finalmente que la familia, que es como un santuario doméstico dentro de la Iglesia, no sólo ore en común, sino que además lo haga recitando algunas partes de la Liturgia de las Horas, cuando resulte oportuno, con lo que se sentirá más insertada en la Iglesia”. (OGLH 27)

Sugerencias pastorales

amand317jbSobre la celebración de la Vigilia Pascual:
decálogo de sugerencias pastorales

 

El Concilio Vaticano II puso en relieve, conforme a la tradición, el misterio pascual de Cristo y recordó que de él reciben su fuerza todos los sacramentos y sacramentales (cf SC 5. 6 y 61). La celebración anual de este evento de gracia es el santo Triduo Pascual de la Pasión, sepultura y Resurrección del Señor Jesús. Este no es sino un elenco de sugerencias para que nunca se atenúe entre nosotros la importancia de su núcleo: la solemne Vigilia.

 

  1. Tanto en los programas anunciadores como en las mismas realizaciones del Triduo se presentarán los tres días (Viernes-Sábado- Domingo: Vigilia Pascual / Misa / Vísperas) como una única celebración dinámica que tiene su ápice en la Noche Santa (cf. Paschalis Sollemnitatis [=PS] 95).

La Misa in Cena Domini del Jueves Santo es el inicio de los tres días pascuales: se celebra al anochecer y debería presentarse como un comienzo o pórtico al Triduo (cf. PS 38. 44. 54).

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