Esperando la Luz divina


Este sábado nos ofrece una ocasión favorable
para colocar en nuestra casa la CORONA de Adviento,
si no lo hemos puesto ya…
A la caída de la tarde,
en las primeras vísperas del domingo,
elevamos una oración al Señor de la Luz,
y expresamos nuestra vigilancia
enciendo nuestra llama.

AUDICIÓN:

Et Spíritus et sponsa dicunt “Veni!” Amen, veni Dómine, Maranatha! 
El Espíritu y la esposa dicen «¡Ven!» Amén, ¡Ven Señor Jesús, Maranathá!

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Nochebuena: a un mes vista


Este cuadro se titula «Misa de medianoche».
Nos recuerda que -dentro de un mes justo- los cristianos
somos convocados para celebrar el 2022 aniversario
del nacimiento de Jesús, el Cristo,
en la realidad de nuestra carne.
La Misa de medianoche o misa del Gallo
es una tradición que hemos de legar a los más jóvenes
para que aprendan a valorar el sentido del tiempo
y la importancia de la NOCHE como tiempo de salvación.
La noche de Navidad nos anuncia otra más:
la noche de la Pascua de la Resurrección.

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Para decorar la casa en el Adviento hispano-mozárabe
Recordando el villancico de las naranjas
con canela, clavo y estrellas de anís.

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San Columbano y el árbol de luz


Hoy recordamos al monje san Columbano de Bobbio (+ 615).
Misionero celta en la zona que llamó por vez primera «toda Europa» (totius Europae).
Es el fundador de monasterios en Francia, Suiza e Italia
difundiendo la Penitencia privada que enfatizaba la confesión individual y secreta,
seguida de la penitencia privada para los arrepentidos de sus pecados.
Mientras él predicaba en la Nochebuena (Luxeuil, 590) sus monjes adornaron un abeto
con antorchas encendidas en forma de cruz.

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El «Ángelus Domini»


Enseña la Iglesia:
«El Ángelus Domini es la oración tradicional con que los fieles,
tres veces al día, esto es, al alba, a mediodía y a la puesta del sol,
conmemoran el anuncio del ángel Gabriel a María.
El Ángelus es, pues, un recuerdo del acontecimiento salvífico
por el que, según el designio del Padre, el Verbo,
por obra del Espíritu Santo, se hizo hombre
en las entrañas de la Virgen María.
La recitación del Ángelus está profundamente arraigada
en la piedad del pueblo cristiano
y es alentada por el ejemplo de los Romanos Pontífices.
En algunos ambientes, las nuevas condiciones de nuestros días
no favorecen la recitación del Ángelus,
pero en otros muchos las dificultades son menores,
por lo cual se debe procurar por todos los medios que se mantenga viva
y se difunda esta devota costumbre,
sugiriendo -al menos- la recitación de tres avemarías.
La oración del Ángelus, por «su sencilla estructura, su carácter bíblico,…
su ritmo casi litúrgico, que santifica diversos momentos de la jornada,
su apertura al misterio pascual,…
a través de los siglos conserva intacto su valor y su frescura».
Incluso es deseable que, en algunas ocasiones,
sobre todo, en las comunidades religiosas,
en los santuarios dedicados a la Virgen,
durante la celebración de algunos encuentros,
el Ángelus Domini… sea solemnizado,
por ejemplo, mediante el canto del Avemaría,
la proclamación del Evangelio de la Anunciación
y el toque de campanas».
(Directorio Piedad, n. 195)

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Atisbar y contemplar:
la purificación después de la muerte


El baptisterio es el auténtico sepulcro para el cristiano

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¿Podemos ayudar a los difuntos que se encuentran en el estado del purgatorio?
Sí. Puesto que todos los bautizados forman una comunión y están unidos entre sí,
los vivos pueden ayudar a las almas de los difuntos que están en el purgatorio.
Una vez que el hombre ha muerto, ya no puede hacer nada para sí mismo.
El tiempo de la prueba activa se ha terminado.
Pero nosotros podemos hacer algo por los difuntos que están en el purgatorio.
Nuestro amor alcanza el más allá.
Por medio de nuestros ayunos, oraciones y buenas obras,
y especialmente por la celebración de la Sagrada Eucaristía,
podemos pedir gracia para los difuntos.
El purgatorio, a menudo imaginado como un lugar, es más bien un estado.
Quién muere en gracia de Dios (por tanto, en paz con Dios y los hombres),
pero necesita aún purificación antes de poder ver a Dios cara a cara,
ése está en el purgatorio.
Cuando Pedro traicionó a Jesús, el Señor se volvió y miró a Pedro:
<Y Pedro salió fuera y lloró amargamente>.
Éste es un sentimiento como el del purgatorio.
Y un purgatorio así nos espera probablemente a la mayoría de nosotros
en el momento de nuestra muerte: el Señor nos mira lleno de amor,
y nosotros experimentamos una vergüenza ardiente
y un arrepentimiento doloroso por nuestro comportamiento malvado
o quizás <sólo> carente de amor.
Sólo después de este dolor purificador seremos capaces de contemplar
su mirada amorosa en la alegría celestial perfecta.
(Youcat 160…)

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Santa María de la Almudena


Almudena es un nombre de origen árabe;
parece una variante de la palabra Al mudayna.
Si así fuera, la advocación mariana de la Patrona de la Villa
podría traducirse como Virgen «de la Ciudadela».
Esta advocación es una muestra de la pervivencia
de la comunidad cristiana mozárabe
de aquel Mayrit o Magerit medieval (actual Madrid).
Gil-Benjumea recuerda que
«entre los 19 representantes del pueblo de Madrid
que juraron y confirmaron el Fuero de Toledo en 1118,
es decir 33 años después de la conquista,
firmaron, en árabe, cuatro cristianos mozárabes,
lo que indicaría una nutrida comunidad de ese origen.
Sus nombres, por cierto, son totalmente árabes:
Ali ibn Jayr, Abd Allah ibn Házim, Abd Allah ibn Faqir
y Abu l-Hasan ibn Mikáyil.
Otro mozárabe madrileño, Michael Halboarach,
aparece citado en un documento de 1142».

AUDICIÓN:
Ave María en árabe Sor María Keyrouz:

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Vigilia de la Almudena


Icono de la Madre de Dios, Ntra. Sra. de la Almudena (catedral rusa de Madrid)

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La primitiva imagen de la Virgen venerada en Madrid
(cripta de la catedral de Ntra. Sra. de la Almudena)
muestra una flor de lis en su mano derecha.

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Un propósito para este martes:
invitar HOY a algún familiar o amigo
a la celebración de la víspera de Santa María de la Almudena
en Rito Hispano-Mozárabe en
la Basílica de la Concepción de Madrid (19 h.).

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La tarde del sábado es ya domingo


Desde antiguo los cristianos recibimos el primer día de la semana,
el domingo, con el encendido de las lámparas: el Lucernarium.
Algunos cristianos de los primeros siglos pensaban
que esta tradición se remontaba a la época apostólica.
No andaban descaminados:
ya san Basilio (s. IV) dice que el himno vespertino
al prender las luces «es antiquísimo».
Se refiere al canto «Oh Luz gozosa».
Esta tradición podemos iniciarla, restaurarla o subrayarla
en el próximo tiempo de Adviento.
Este verano, en Benicasim,
el Oficio de Vísperas estaba precedido
de un sencillo lucernario.

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Con los hermanos de Mérida…

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