La proclamación del Evangelio
según los usos de la Galia

San Lorenzo, diácono

“Comienza la procesión del santo Evangelio como la potencia de Cristo triunfante sobre la muerte, con los cantos ya mencionados y acompañada de siete candelabros de luz, que son los siete dones del Espíritu Santo o las siete lámparas asociadas al misterio de la cruz [cfr. Ex. 25, 31; 37, 17; Num. 8, 4].

Sube la procesión al tribunal o ambón [Cfr. San Isidoro, Etym., 15, 4, 16], como si fuera la sede del reino del Padre para que desde allí resuenen los dones de la vida, a la que los clérigos aclaman: Gloria a ti, Señor, como los ángeles que, nacido el Señor, se aparecieron a los pastores y cantaron: Gloria a Dios en el cielo (Lc. 2, 14)”

(Ps. Germán de París, Exp. Missæ, 11).

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En el ámbito hispano ha quedado este testimonio de los siete candelabros ante el altar:

Kandelabrum cum septem lucernis argenteum ante altare illuminandum.

(Dotación de la infanta Urraca, en 1099, al monasterio de san Pedro de Eslonza / León
cf. Gómez Moreno, Iglesias mozárabes, 329.)

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Plan interesante para estos días de novena:

Virgen Durmiente de la catedral de Plasencia

Aclamaciones a la Palabra

Hoy, domingo XIX del tiempo durante el año, invocamos a Cristo:
¡Señor, sálvame!
Él se presenta como «Yo soy»: el nombre dado a Moisés en la primera alianza.
Es con nosotros, está con nosotros y nos libera.

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«Una sugerencia interesante es resaltar, sobre todo en las solemnidades litúrgicas relevantes, la proclamación de la Palabra, especialmente el Evangelio, utilizando el Evangeliario, llevado procesionalmente durante los ritos iniciales y después trasladado al ambón por el diácono o, en su defecto, por un presbítero para su proclamación.

De este modo, se ayuda al Pueblo de Dios a reconocer que «la lectura del Evangelio constituye el punto culminante de esta liturgia de la palabra».

El saludo, el anuncio inicial: «Lectura del santo evangelio…», y la aclamación final conviene cantarlos para subrayar la importancia de lo que se ha leído».

Cf. Verbum Domini, 67

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Sábado mariano

Tránsito de la Virgen (Capilla, Seminario Conciliar de Madrid)

 

«¿Qué mente podrá pensar
y qué lengua explicar
no solamente que en un principio fue el Verbo,
sin haber tenido principio alguno,
sino también que el Verbo se hizo carne,
eligiendo una virgen para hacerla su madre
y haciéndose una madre conservándola virgen…?
¿Qué es esto?
¿Quién puede hablar de ello?
¿Quién puede callarlo?
Es algo admirable:
lo que no somos capaces de explicar,
no lo podemos silenciar;
predicamos hablando
lo que ni siquiera comprendemos pensando»

(San Agustín, Sermo 215, 3; PL 38, 1073).

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Los santos complutenses: Justo y Pastor

Misa hisp-moz en la catedral-magistral de Alcalá

En Huesca, Getafe y Madrid, en este día “tiene lugar la rememoración del martirio sufrido por los niños [Justo y Pastor] como consecuencia de las persecuciones decretadas por los emperadores Diocleciano y Maximiliano.

Según los testimonios que nos han llegado, en la Hispania romana la orden de perseguir a los cristianos fue ejercida con especial crueldad por su gobernador, Daciano.

Bajo su mandato fueron martirizados numerosos cristianos cuyos nombres aparecen, entre otros testimonios, en el Peristéfanon, himno escrito en el siglo V por el poeta hispanorromano, natural de Calahorra, Aurelio Prudencio”.

Los nombres de los santos Niños de Alcalá son citados en los dípticos hispanos de la Misa.

Su sepulcro, en la antigua Complutum, fue venerado por san Paulino de Nola (+ 431).

Oración a Cristo
que intercede por nosotros
como Sacerdote

 
Por tu mediación,
perdure en los reyes la clemencia continua,
la paciencia en los gobernantes,
la moderación en los soldados.
 
Por tu intercesión
acostumbren los avarientos a tener misericordia,
los lujuriosos continencia,
los insolentes recato.
Por recomendación tuya,
los ciegos de corazón alcancen la luz de la fe,
los hebreos la fe católica,
los oprimidos el respiro,
los presos la liberación de sus cadenas,
los desviados la enmienda
y los enajenados la curación sin alteración ya alguna posible.
 
Ayudados con tu auxilio,
los clérigos aspiren y consigan la santidad,
los monjes la observancia,
los religiosos la pureza
y los laicos la más perfecta honradez.
 
Mediante tu intercesión,
la sabiduría posea en perfección suma sus conocimientos,
la tierra sus rendimientos,
aprovechamientos el alma
y buena opinión nuestra vida.

R/. Amén.

(oración hispana)

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Esther, figura de María

 

Cuando peregrinamos a Tierra Santa evocamos las figuras de las santas mujeres cuyas alabanzas canta la Escritura.
Allí, no pocas veces, uno se maravilla de la poca formación de algunos jóvenes.
En torno a la imagen de la Dormición de María (Basílica Santa Sión) se encuentran los mosaicos de algunas mujeres: Eva, Myrian, Esther, Yael, etc.
No todos saben identificarlas y, menos aún, decir algo sobre ellas.
En estos días de agosto, antes de la solemnidad de la Asunción podemos recordarlas.
He vuelto al libro de «Historia Sagrada» que leíamos en la catequesis.
De allí copio esta historia para que Ester y Mardoqueo sean, otra vez, parte de nuestra propia historia:

«No todos los hebreos volvieron a Jerusalén, sino que algunos se quedaron viviendo con los persas. Entre ellos estaba una joven llamada Ester, que se quedó con su tío Mardoqueo.

El rey de los persas se llamaba Asuero. Un día fue Ester a la corte y Asuero, al verla, se enamoró de ella y se casaron. Ester no dijo que era judía. Pero resulta que Amán, favorito del rey, como era muy orgulloso, mandó que todo el mundo se arrodillara ante él y Mardoqueo se negó a hacerlo.

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Mediando este mes: <la Virgen de Agosto>

Dormición de María (s. XIII). Frontal de altar en Mosoll, Das (Gerona)

En Oriente, las dos semanas antes de la fiesta son de preparación.
En Occidente, los ochos días siguientes invitan a una prolongación (22 ag.).

“Inspirándose en los pormenores esenciales descritos en los apócrifos asuncionistas, el arte medieval bizantino y europeo, al representar las circunstancias del óbito o dormición de la Virgen, llega a diferenciar siete episodios distintos en el tiempo y en el espacio, varios de los cuales pueden a veces estar integrados indisolublemente en una sola escena:
la dormición en sentido estricto, los funerales, el cortejo fúnebre, el sepelio o introducción en el sepulcro, la resurrección del cuerpo de María, su asunción al cielo, y, por último, ocasionalmente –desde mediados del siglo XII— su coronación como Reina de los Cielos”

(J. M. Salvador Glez.).

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