“La diversidad de usos litúrgicos y musicales era una de las máximas dificultades que encontró la Restauración carolingia para establecer una soñada unidad del imperio sobre la base de la herencia constantiniana. Así, los clérigos carolingios, entre los que no faltaría un insigne monje español, Benito Aniano, se preocuparon de encontrar la fórmula que propiciase la práctica unitaria en la liturgia. Con una actividad febril se dedicaron a copiar manuscritos con los repertorios que debían usarse en todo el imperio. Estos repertorios se construyeron sobre la base de lo que se hacía en la Iglesia de Roma y en las propias Galias.
Con notable astucia, su reconstrucción fue atribuida a uno de los santos Papas antiguos más influyentes en la alta Edad Media, San Gregorio Magno. Así, la nueva liturgia y el nuevo canto de las iglesias sometidas al Imperio era el gregoriano…
Durante el siglo IX, el canto que se canta en la liturgia de las Iglesias de influencia carolingia es el gregoriano…
En la Galias, Germania e Inglaterra se produce rápidamente la implantación de la nueva música sin dificultad. También en Roma y en Italia Central, salvo reductos contados, se acepta la nueva práctica. Pero aquellas Iglesias latinas más alejadas del área de influencia carolingia y más fuertemente apegadas a su vieja tradición, como las del sur de Italia, Milán y la Península Ibérica, se resistieron con firmeza ante el que ellos consideraban injustificado atropello.
La difusión del canto gregoriano en toda Europa se llevó a cabo fundamentalmente mediante la copia y rápida circulación de nuevos códices (a partir del siglo IX…) y la repoblación de iglesias y monasterios por clérigos carolingios, primero, y luego por los monjes cluniacenses”.
(Ismael Fdez. de la Cuesta)
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Mañana, san Pedro y san Pablo,
celebramos la última Misa en Rito Hispano
en este curso (19 h.).
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