La importancia de responder <Amén>

“El <Amén> que dicen los fieles cuando reciben la comunión,
es un acto de fe personal en la presencia de Cristo”(Inst. Inaestimabile Donum, 11).El Hispalense, Isidoro, nos recuerda –ya a comienzos del s. VII-
que al recibir el sacramento de la Eucaristía
se responde <Amén>:“Sacramento accepto ab omnibus gentibus respondetur ”(Isidoro, Quaestiones in Genesim 6,7 PL 83,224).

Monjes peregrinantes: Columbano

Para nuestra formación permanente:

    1. ¿Quien era san Columbano?
    2. No confundir con san Columba.
    3. Ambos eran de Rito celta ¿qué relación guardan con el mundo hispano?
    4. ¿Qué te dicen Luxeuil y Bobbio?
    5. Podemos escribir unos y otros sobre esto compartiendo la información que consigamos.
    6. Sin aviones ni trenes ni automóviles se puede decir que “no paraba en rama verde”…

Todo por hacer presente a Jesucristo.

13 noviembre: San Leandro

Leandro, monje y arzobispo de Sevilla, hermano de los santos Fulgencio, Florentina e Isidoro, presidió el III Concilio de Toledo (589), que vemos en la imagen,  en el que se logró la conversión del rey visigodo Recaredo y la unidad católica de la nación.

Fue el maestro de su hermano pequeño Isidoro.

Cartagena le venera como hijo predilecto; Sevilla como Obispo metropolitano de la Bética; España como restaurador de la fe ortodoxa.

Oraciones hispanas por la Iglesia

A los que redimiste con tu sangre.
R/. Sálvalos con tu poder, Cristo misericordioso.

V/. Por los que fuiste presentado, tras tu flagelación.
R/. Sálvalos con tu poder, Cristo misericordioso.

V/. Por aquellos cuyo pecado te clavó en la cruz. 
R/.
 Sálvalos con tu poder, Cristo misericordioso.

V/. Por aquellos que te azotaron y te coronaron de espinas. 
R/.
 Sálvalos con tu poder, Cristo misericordioso.

V/. Por los que te manifestamos, llorando nuestros males.
R/. Sálvalos con tu poder, Cristo misericordioso.

Cf. La Ermita

Gestos eucarísticos

Celosía del monasterio de Valdediós (Asturias)

San Columbano (+615), monje de tradición celta,
muy cercano a las costumbres hispano-visigóticas,
indica en su Regla
que se observe una triple inclinación
antes de recibir la Santa Comunión.

La inclinación del cuerpo
es un gesto antiguo de adoración.

Hoy,  la Iglesia pide que los fieles,
“acercándose al altar procesionalmente,
hagan un acto de reverencia
antes de recibir el Sacramento,
en el lugar y de la manera adecuados
con tal de no desordenar el turno de los fieles.
El <Amén> que dicen los fieles
cuando reciben la comunión,
es un acto de fe personal
en la presencia de Cristo”.

(Inst. Inaestimabile Donum, n. 11)

Inmaculada Virgen María “de la Almudena”.

Con esta advocación mozárabe
se celebra el 9 de noviembre
-antes el 8 de septiembre-
en la Villa de Madrid
a la Inmaculada Madre de Dios.

El icono ruso de la iglesia ortodoxa
del Patriarcado de Moscú
refleja los trazos de la Virgen:
Coronada por los ángeles,
vestida del sol, la luna a su pies…
El icono oriental incorpora
el tetramorfos; en este caso,
representando a los evangelistas.
La oración hispano-mozarábe
glorifica a la Trinidad por la obra de gracia
realizada en y por medio de María:

<Gloria a ti, Dios, gloria siempre a ti,
que preservaste del pecado original,
a la bienaventurada Virgen María,
de quien tu Hijo se dignó nacer hombre,
para prepararle, así, una digna morada;
concédenos
por intercesión de la misma Inmaculada Virgen María,
no solo vivir puros en la tierra
sino participar de tu bienaventuranza en los cielos.

R/. Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro,
que eres bendito y vives y todo lo gobiernas,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.>

 

Post Gloriam

 

Cantando a la Virgen Inmaculada

Aleluya. Es grande la Hija de Sión
y la más esclarecida de toda la tierra, aleluya.
V/. Aleluya. Bendita tú -por Dios- en toda la casa de Jacob.
Tú, eres la gloria de Jerusalén; tú, la honra de tu pueblo.
R/. En toda la tierra, aleluya.

 

Canto de ofrendas (Sacrificium)

El canto final Salve Regina

El canto a la Virgen, la Madre del Señor ha sido popular en la Iglesia desde hace siglos. No olvidemos el antiguo canto del Acathistosen Oriente o <Las Cantigas de Santa María> en nuestro Medievo. También, antífonas o invocaciones marianas han estado presentes en la liturgia como corolario de la celebración eucarística (cf. Jungmann, MS II, 592. 675). En concreto, la Salve entró en el Breviarium romanum en el siglo XIV y el Cardenal Cisneros la introdujo en el Misal Mozárabe (1500) como antífona final de la Misa. En efecto, esta costumbre -que continúa en las celebraciones hispanas de Madrid- aparece el Missale Mixtum de Cisneros al concluir la Vigilia Pascual precedida de la siguiente rúbrica“Al final de la Misa se dice la Antífona en alabanza a la gloriosa Virgen María”.

Para la historia de la Salve en Toledo,

cf. http://www.hispanomozarabe.es/ora/ora-sal.htm

En el X Congreso Eucarístico Nacional celebrado en Toledo (2010) los fieles cantaron la antífona Salve Regina mientras el Arzobispo Primado incensaba la imagen de la Virgen María. La costumbre se ha mantenido en otras celebraciones del Rito hispano-mozárabe de diversas diócesis españolas.

La ofrenda del incienso

El rito de incensación expresa reverencia y oración, como se da a entender en el salmo 140, 2 y en el libro del Apocalipsis 8,3.

 

En el pebetero o en el incensario se quema incienso puro de olor agradable. También pueden agregarse otras materias olorosas procurando que la cantidad de incienso sea mucho mayor (cf. Cerem. Episc. 85).

 

El altar, si está separado de la pared se inciensa pasando alrededor del mismo; si el altar está unido a la pared,  se inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar.

 

Si la cruz está sobre el altar o cerca de él, se inciensa antes que el mismo altar, de no ser así, se inciensa cuando se pase ante ella.

 

Las ofrendas se inciensan antes de la incensación del altar y de la cruz  (cf. Cerem. Episc. 93).

El incienso expresión de oración…

El Salmo 140 nos hace cantar en la tarde:

“suba mi oración como incienso en tu presencia”

Además de la ofrenda del incienso
en la oración vespertina
usamos incienso en la Misa.

El altar y las ofrendas de pan y vino        -sobre él-
se inciensan para significar
que la oblación de la Iglesia y su oración
suben ante el trono de Dios como el incienso.
Junto con el pan y el vino ofrecidos sobre el altar,
que son incensados,
también el presidente se ofrece a sí mismo,
y con él toda la comunidad y, así,
se convierten ellos mismos en ofrenda y sacrificio,
unidos e incorporados al sacrificio de Cristo.