Domingo de las tentaciones

María Teresa, una vez más, nos envía estas magníficas imágenes con un sabroso comentario que nos ayuda a profundizar desde el inicio de la Cuaresma: rezamos con los ojos y nos alimentamos con esta catequesis.

imagen1Presentación de ambas imágenes

En este mes de marzo, siguiendo la liturgia, se presentan dos imágenes que, aunque son muy diferentes en cuanto a la época y estilo de su realización, se complementan entre sí, puesto que en la primera se puede contemplar el inicio de la tercera tentación – en las cartelas aparece escrita la ‘oferta’ del tentador – y la segunda visualiza de forma evidente el desenlace final.

Breve introducción a la escena de la tercera tentación de Jesús, según Mateo

La tercera tentación sobrepasa en mucho a las anteriores por su audacia. La lucha se desarrolla en forma de una discusión entre expertos en la Escritura, en la que Jesús se manifiesta como un mejor conocedor de ella que Su adversario.

Las seducciones del mundo, “las imágenes tentadoras”, fueron presentadas en la Edad Media con diferentes formulaciones iconográficas. En las representaciones antiguas se encuentra la elaboración de los símbolos más heterogéneos de la riqueza, como también algunos signos del poder. Se trata, por así decirlo, de formas primitivas de las vanitas de la naturaleza muerta, que posteriormente se desarrollaron con gran amplitud y variedad en el barroco. Más tarde estas seducciones fueron presentadas como ricas ciudades y como “paisajes mundanos” escenificados de forma atrayente. Su desarrollo es tratado minuciosamente desde el trasfondo de la argumentación teológica así como desde la fuerza imaginativa artística. Con la mirada puesta en la mayor parte de los ejemplos procedentes de los manuscritos iluminados se puede examinar la ideología de los tiempos del Medioevo que no fueron en absoluto obscuros.

Las ilustraciones de Mt 4,8-9, superan en agudeza y fantasía las escasas palabras bíblicas. Más de un artista pasó por encima de opiniones teológicas. Evidentemente  no sólo se trata de la tradición iconográfica sino también de la gran variedad de nuevas formas e interpretaciones continuamente imaginadas.

Diferencias entre los relatos de las tentaciones en Mateo y en Lucas

  • La tercera tentación de Jesús según Mateo, Mt 4,8-11, se corresponde con la segunda tentación según Lucas, Lc 4,5-8.
  • En Mt 4,1 se cita al Espíritu. En Lc 4,1 se cita en primer lugar el Espíritu Santo y después sólo el Espíritu.

Interpretar esta omisión del término “santo” resulta difícil. Algunos autores lo han querido considerar como el espíritu del mal, pero otros han defendido que se trataba del Espíritu Santo, entre ellos San Juan Crisóstomo, que se expresó así:

“El extraño hecho de que Jesús fuera conducido por el Espíritu Santo a la tentación ocurrió para instrucción nuestra: nadie que después del Bautismo tenga que sufrir graves tentaciones no debe asustarse porque le sucede lo que le  ocurrió también al Señor.”

imagen2Este Padre de la Iglesia expresa cinco causas, por las que Dios no impide que al cristiano le sobrevengan tentaciones: Sale más reforzado de ellas; debe permanecer comedido y humilde; el demonio tiene que convencerse de que el cristiano se ha apartado de él definitivamente; el cristiano debe hacerse más resistente y recibir una prueba de los tesoros de la gracia a él confiados.

  • El término utilizado en ambos relatos para designar al tentador es “diablo”. Sólo en Mt 4,10, Jesús le llama Satanás.
  • Sobre la cuestión del “monte muy alto”, esta expresión sólo aparece en Mt 4,8; Lc 4,5 dice “un lugar alto”.

Del “monte alto” se ocupó la exégesis desde los primeros tiempos, dado que en el desierto no había montes, pero no pudo dar una respuesta que clarificase el asunto de forma definitiva.

Algunos de los primeros Padres de la Iglesia pensaron que el Monte Tabor, el lugar de la Transfiguración de Jesús, también se podía considerar como el Monte de la Tercera Tentación, pero esto tampoco era indiscutible. El fundamento teológico-exegético de esta reflexión era que “si Jesús en la transfiguración había manifestado su naturaleza divina, se podía reconocer su naturaleza humana durante las tentaciones en el desierto”.

Según antiguas tradiciones se señala como lugar de la tercera tentación de Jesús un macizo montañoso que se halla entre Jerusalem y Jericó, el cual permite una vista panorámica. Por alusión a los cuarenta días y cuarenta noches que duró el ayuno de Jesús esta región recibió el nombre de “Quarentana”.

Un famoso peregrino del siglo XII, Heinrich der Löwe, visitó Tierra Santa en 1172 y no sólo se detuvo brevemente en la orilla del Jordán, en recuerdo del Bautismo de Jesús, sino que, para seguir la secuencia bíblica, en seguida subió a la “Quarentana”. En todo caso así lo relata Arnold von Lübeck en su “Crónica Slavorum.”

La idea de “Quarentana” como lugar desértico y también como montaña de la tentación se asentó con firmeza en la anhelada nostalgia de Tierra Santa.

A Bonanus de Pisa hay que mencionarlo como testigo. Las hojas de la puerta que realizó para la catedral de Monreale, las equipó expresamente, en su representación de la segunda y tercera tentación, con las palabras “LA Q(u)arentina”. Evidentemente suponía que esta expresión era comprendida por la mayoría del público.

  • En Mt 4,11 el diablo deja a Jesús y desaparece, sin embargo en Lc 4,13 el diablo volverá en “un tiempo oportuno” (kairós).

La escena de la tercera tentación en el Evangeliario de Brandenburg

En el Evangeliario de Brandenburg, probablemente realizado en Magdeburg en los comienzos del siglo XIII, aparece a toda página la representación de la tercera tentación, según Mateo. Los objetos de valor de oro y plata ya no juegan ningún papel en esta escena. Aquí el pensamiento se centra en la ciudad que está colocada en la mitad inferior de la imagen. Se ofrece la vista de una gran urbe con murallas defensivas, casas, iglesias e incluso palacios así como torres. La representación de la ciudad es casi simétrica en este Evangeliario. Para establecer una referencia a la segunda tentación de Jesús se podría unir esta vista a la de la ciudad de Jerusalem. En muchas representaciones medievales aparecían las tres tentaciones en forma secuencial, o al menos, se hacía todo lo posible para que fueran legibles por medio de imágenes las tres tentaciones individuales en una sola composición sintética. El autor del Evangeliario de Brandenburg parece que se decantó por una solución intermedia. Aprovechó la mitad inferior de la imagen para una vista rica en detalles de una ciudad. Tras una fuerte muralla con almenas se encajan las miniaturas de casas y torres. El espléndido edificio del Templo sobresale por encima de ellas y en él, el investigador B. Braun-Niehr, quiere reconocer el Templo de Jerusalem, bajo cuya cúpula principal se recoge el velo. Este mismo Templo también puede servir para evocar la segunda tentación.

Conflicto medieval “monasterio-ciudad

El “Hortus-Deliciarum” (siglo XII) de Herrad von Hohenburg se redactó en un monasterio femenino e iba dirigido a las monjas del cenobio de Hohenburg, del cual era Abadesa la autora. En él se encontraba un catálogo que enumeraba las posibles seducciones que podían tentar a eremitas, monjes, sacerdotes y laicos, y contenía también representaciones de las tres tentaciones de Jesús. En la tercera se presentaba una copa y una bandeja por una parte y la ciudad por otra. Esta combinación no fue única aquí. Un iluminador inglés de finales del siglo XII abordó el unir antiguos modelos iconográficos con nuevas ideas. Tampoco se quiso contentar con identificar como signos de los “regna mundi” sólo objetos valiosos como copas o fuentes. Sus pensamientos se dirigieron también a la ciudad y a los estados.

Una interpretación de la ciudad medieval sólo como semillero de vicios, como baluarte de todos pecados imaginables, evidentemente era excesivo. Mucho más ajustado a la realidad resulta el concepto de la ciudad como un factor de poder económicamente potente o también como foco de disturbios, en la que estratos sociales con altas aspiraciones reclamaban nuevos derechos y ponían en cuestión antiguos reglamentos.

En el “Hortus Deliciarum”, las urbes eran declaradas como corruptas y perniciosas desde la perspectiva del ascesis monástico y de la fuga mundi. Con frecuencia la carga explosiva procedía de que las comunidades religiosas establecidas en lugares apartados de las ciudades abrigaban un notable recelo contra las urbes porque en ellas se daban muchos vicios, afán de riquezas, deseo exacerbado de poder, relajación moral, espectáculos muy poco recomendables etc. El conflicto “monasterio-ciudad” tuvo también otras causas, como por ejemplo, el que en sus escuelas catedralicias y en las nuevas escuelas municipales se propagase una teología abierta al racionalismo y al análisis dialéctico. Los benedictinos y los cistercienses, puestos a la defensiva, vieron más de un motivo para blindarse contra estas nuevas tendencias. Tampoco hay que olvidar que en este conflicto “monasterio-ciudad” jugaba un importante papel el que los códices, las biblias iluminadas y miniadas se realizaban en los scriptorium monásticos, es decir, en lugares donde se vivía en confrontación con la urbe. En los primeros años del siglo XIII se volvieron a abrir paso ideas totalmente nuevas y no menos sospechosas.

San Francisco de Asis (1181-1226) no albergaba ninguna reserva contra la ciudad y sus habitantes hipotéticamente cargados de pecados. En los círculos franciscanos no se percibió ninguna voz que anatematizase la ciudad. Muy al contrario sucedió con los adversarios de los franciscanos, que los consideraban revolucionarios y los pusieron en la picota muy pronto como entrometidos en la vida de la urbe y culpables de mendicidad inoportuna, ociosidad y altanería. Por eso no es de extrañar, que el tentador de Jesús fuese representado a veces con la hipócrita apariencia del hábito franciscano.

 

La ciudad de Barcelona como tentación

Tibidabo es denominada una de las más altas montañas, que se extiende al oeste de la ciudad portuaria de Barcelona. Este nombre no tiene su origen en absoluto en el catalán, sino que se ocultan detrás las dos palabras latinas “tibi dabo”, que encontramos en el Evangelio de Mateo (4,9) y en el de Lucas (4,6). Expresan la promesa del demonio “yo te daré”. Una leyenda local quiere hacer creer a los orgullosos habitantes de esta ciudad que el diablo no llevó al Hijo del Hombre –cuando buscaba tentarle por tercera vez– a ningún otro lugar más que a éste para que hacerle divisar desde allí arriba, en hermosa y engañosa apariencia, una atractiva ciudad y ofrecerle con ello todas las seducciones sólo imaginables desde las riquezas mundanas. El monte del Tibidabo mantiene vivo hasta el día de hoy el recuerdo de la tercera tentación de Jesús, según Mateo.


Iconografía de las tentaciones de Jesús

Jesús, después del Bautismo en el Jordán, fue al desierto para ayunar durante cuarenta días. Después de este tiempo experimentó en tres lugares diferentes: en el desierto, en el pináculo del Templo y en una montaña tres tentaciones diferentes del demonio (Mt 4,1-11; Lc 4,1-13). Según el relato de Mateo, Le sirvieron ángeles después de que Satán se hubo retirado. En el primer arte cristiano no hay ninguna representación conocida de las tentaciones de Jesús. Las primeras imágenes conservadas proceden de los manuscritos iluminados carolingios. Con frecuencia se presentan las tres tentaciones juntas (Drogo-Sacramentario, Escuela de Metz, ca. 830, París, Biblioteca Nacional). Los tesoros del mundo que son ofrecidos a Jesús por el demonio simbolizan objetos de oro. La figura del demonio varía entre diferentes modelos. En la temprana Edad Media aparece o desnudo, con el pelo hirsuto y grandes alas o como imagen caricaturizada de Cristo. En el segundo caso se manifiestan sus artes seductoras mediante gestos elegantes. En la Edad Media más tardía domina el primer modelo en el que se le resalta especialmente.

Desde el siglo XV se representa al demonio de nuevo más fuertemente humanizado (Michael Pacer, Altar von St. Wolfgang 1471/181). La mayoría de las representaciones sitúa la primera tentación en el paisaje del desierto y en segundo plano se hallan las otras dos tentaciones en formato más pequeño a los lados o al fondo de la imagen central. En general, las tentaciones de Jesús son un motivo que se ha representado escasamente.

En el gótico y renacimiento se dan dos iconografías del tentador muy diferenciadas:

  • El demonio aparece como un ángel negro u oscuro con alas, que hacen recordar que se trata de un ángel caído, como le vemos en la primera imagen.
  • Con un hábito franciscano, tentando ‘bajo capa de bien’, como se presenta en las tres tentaciones de Juan de Flandes, en las tres tentaciones de Botticelli en la Capilla Sixtina o en el Tapiz Cuaresmal de Zittau, entre otros.

 


Breve comentario a esta imagen

Esta tercera tentación de Jesús en su desenlace final es obra del pintor italiano renacentista Sandro Botticelli; fue realizada entre 1481-1482 y se halla en la Capilla Sixtina. La obra en su totalidad presenta las tres tentaciones de Jesús, como se puede ver a continuación.

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A veces en las representaciones de la tercera tentación de Jesús se ha querido destacar de forma rotunda Su triunfo sobre el tentador, concentrando la atención del espectador en esto y evitando escrupulosamente todos los símbolos imaginables de las seducciones, que pudieran distraer su reflexión sobre ese punto fundamental que es la victoria de Jesús sobre el maligno, ya que no es una cuestión sólo de resistencia sino de hacerle violencia. Otro dato que también se ha tenido en cuenta en algunas ocasiones ha sido presentar “montaña muy alta” con formación rocosa.

Ambas ideas se ponen de manifiesto en esta obra de Botticelli, en que la tercera tentación de Jesús se presenta con sobriedad y nitidez. El diablo, al que Jesús expulsa tras haberle tentado con los ‘regna mundi’, que no aparecen en la imagen, se precipita en el vacío desde un alto monte rocoso, mientras va perdiendo su hábito franciscano, su “máscara”. Des-cubrirlo es vencerlo.

Para vencer estas tentaciones sutiles del demonio no cabe duda de que el ser humano necesita hacer gala de un fino discernimiento, sobre todo cuando el tentador se oculta “bajo capa de bien”, que, en este caso, es el hábito franciscano.

Tres términos ignacianos

Estas tres expresiones se visualizan de forma irrefutable en la tercera tentación de Jesús, obra de Botticelli.

Agere contra

El «Agere contra» ignaciano, que invita a dominar toda tendencia mala o imperfecta, es un derrocar-se, reflexivo, pues hace falta para servir al Señor, tanto ser dueño total de uno mismo como reconocer y vencer al mal externo.

 

Derrocalle

Si el castellano en general resulta de gran riqueza y abundante léxico, en San Ignacio es utilizado con particular precisión. Así, «de-rocalle«, como plásticamente representa la obra de Botticelli, es, exactamente, arrojar a las rocas o desde ellas, y termina en «derrocar» como sinónimo de vencer.

 

Bajo capa de bien

El Mal puede aparecer disfrazado o encubierto «bajo capa de bien», expresión que la imagen ilustra nuevamente con perfección. Con frecuencia el enemigo no se presenta «a pecho descubierto», sino revestido y por tanto irreconocible para muchos, que pueden tachar por ello de injusta o incomprensible nuestra batalla.  Sólo al ser vencido, al «derrocalle» y despojarle de su falsa envoltura, aflora la verdad.

Gerardo Díaz Quirós

 

 


Apéndice final sobre la tentación

  • Tentar: Del latín temptare ‘palpar, tentar’, ‘probar a hacer algo, intentar’, ‘causar tentación’. Diccionario Etimológico Corominas.
  • Tentador: El que con ruin intención y ánimo de hacer caer al tentado en el lazo que le tiene puesto. Diccionario Covarrubias.
  • Tentación: Una misma palabra griega puede traducirse por tentación o por prueba. El matiz entre estas dos traducciones es difícil de hacer según los textos. La tentación es más bien lo que empuja al ser humano a desobedecer la palabra de Dios por iniciativa de un poder perverso (Satanás, un mal espíritu, la concupiscencia personal). La prueba, por el contrario, puede ser enviada por Dios para asegurarse de la fe y de la obediencia del ser humano y para fortalecerle. En algunos textos se puede titubear entre los dos sentidos.

La Sainte Bible. Alliance Biblique Universalle

“La tentación suele personificarse en la Biblia. En el Génesis es la serpiente. Más adelante aparece como Satanás. La primera gran característica de Satanás, por tanto de toda tentación, es la mentira. Por eso, Jesús en San Juan llama al demonio «el mentiroso» (8, 44). Y en 2 Cor 11, 14 San Pablo dice que siempre se reviste de «ángel de luz». La teología siempre ha dicho que el mal aparece «sub specie boni«.

La tentación es también no seguir el camino: Por eso Jesús le dice a Pedro que se aparte de Su camino, que “se ponga detrás” (textual, literal).

En eso consisten las tentaciones de Israel en el desierto. En eso consisten las tentaciones de Jesús: son impedimentos para que no realice Su obra mesiánica, tal y como “era necesario”. La última tentación de Jesús es “baja de la Cruz”, es decir, no cumplas hasta el final la obra que el Padre te ha encomendado.

En el Génesis se plantea el problema en estos términos: Dios ha creado un mundo bueno. En cambio, el mal está por todas partes. ¿Cómo se explica esto? Poniendo a la luz las puertas por donde ha entrado ese pecado, ese mal en el mundo. Eso exponen los capítulos 3, 4 y 11 del Genésis. Las puertas del mal son las mismas que todos experimentamos psicológicamente. Eso son las tentaciones:

1) Autosuficiencia. Creernos que podemos realizarnos por nosotros mismos. En el fondo, la tentación más actual de nuestra cultura: expulsar a Dios de nuestro mundo, endiosarnos a nosotros.

2) Envidia. Caín mata a Abel por envidia. Porque no acepta su diferencia. No  se quiere a sí mismo y quiere agradar a Dios como Abel, no como él mismo.

3) Los habitantes de Babel construyen la torre «para hacerse famosos». Esto está relacionado con el problema de la autoestima. Vivir, actuar, realizar obras para conseguir el aplauso, para hacerse notar…. Esta es la gran puerta de la infelicidad, de la insatisfacción. Buscar la paz fuera de nosotros, en el aprecio de los demás, etc.

Todo esto quizá es muy esquemático. Pero si lo pensamos… en esto nos encontraremos. Y esas son las tentaciones. “

José María Yagüe

  • La tentación es consecuencia de la libertad del ser humano, que puede elegir.
  • “Lo que da valor a una vida son las tentaciones a las que no ha querido ceder”. Eugenio d’Ors
  • “La tentación es algo no solo inseparable del hombre, sino que también le dignifica y le confiere auténtica grandeza.” Javier Gafo
  • Una característica fundamental de la tentación es su inevitabilidad.
  • “Jesús no representaría una auténtica unidad Dios-hombre sin la posibilidad de una auténtica tentación.” P. Tillich
  • “En una de las más famosas meditaciones de los Ejercicios de San Ignacio, la de Dos Banderas, el ejercitante se debe colocar ante la Bandera del bien, la de Cristo, y la Bandera del mal, la de Lucifer. Es una meditación en la que parece resonar un bello texto del Deuteronomio: “Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal…Elige la vida y vivirás”. Javier Gafo
  • Las tentaciones de Jesús no surgen de Su interior, de la rebeldía de Su naturaleza humana, sino que le son presentadas desde fuera para quebrantar Su obediencia. Josef Schmid
  • Las tres tentaciones de Jesús eran tres atajos para no pasar por la cruz.” Fulton Sheen.

“Precisamente porque Él mismo fue tentado,

puede socorrer ahora a los que están bajo la tentación.”

Heb 2,18

 

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