Domingo de la misión
y san Benito

Hoy podemos leer el texto evangélico: Marcos 6,7-13

 

Es un día apropiado para dar gracias a Dios por el monaquismo en Europa
y pedir por las vocaciones a la vida monástica
de la que es padre san Benito de Nursia (Montecasino, + 547).

 

Urna del mártir san Pelayo, custodiada por las HH. Benedictinas de Oviedo

 

La Sangre de Cristo nos reconcilia

 

Este mes, que hoy iniciamos, celebramos al patrón de España.
Al coincidir su fiesta con el domingo se celebra el Jubileo
del Año Santo Compostelano

 

Santiago / Jacobo / Jaime el Mayor (El Greco)

 

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​Hoy, antiguos calendarios recuerdan al Sacerdote Aarón,
enterrado en Or, cerca de Petra (Jordania)

 

​Tumba de Aarón

 

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Domingo del grano de mostaza

 

En este domingo XI durante el año recordamos, una vez más,
que el Reino de Dios es nuestra anhelada esperanza.
Podemos leer, en la oración privada, todo el cap. IV del Ev. de san Marcos.

 

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Este 13 de junio, la fiesta de san Antonio de Lisboa,
más conocido por el lugar de su muerte (Padua),
nos anima a orar por la Jornada Mundial de la Juventud 
que tendrá lugar (D.m.) en Portugal en 2023.
El santo franciscano -compañero de san Francisco- era de ascendencia mozárabe.

 

 

Sábado en el Corazón de la Madre

 

AUDICIÓN:

 

Cantiga: Santa María Strela do día

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«Al día siguiente de la solemnidad del sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia celebra la memoria del Corazón inmaculado de María. La contigüidad de las dos celebraciones es ya, en sí misma, un signo litúrgico de su estrecha relación: el mysterium del Corazón del Salvador se proyecta y refleja en el Corazón de la Madre que es también compañera y discípula. Así como la solemnidad del sagrado Corazón celebra los misterios salvíficos de Cristo de una manera sintética y refiriéndolos a su fuente – precisamente el Corazón -, la memoria del Corazón inmaculado de María es celebración resumida de la asociación «cordial» de la Madre a la obra salvadora del Hijo: de la Encarnación a la Muerte y Resurrección, y al don del Espíritu.

La devoción al Corazón inmaculado de María se ha difundido mucho, después de las apariciones de la Virgen en Fátima, en el 1917. A los veinticinco años de las mismas, en el 1942, Pío XII consagraba la Iglesia y el género humano al Corazón inmaculado de María, y en el 1944 la fiesta del Corazón inmaculado de María se extendió a toda la Iglesia.

Las expresiones de la piedad popular hacia el Corazón de María imitan, aunque salvando la infranqueable distancia entre el Hijo, verdadero Dios, y la Madre, sólo criatura, las del Corazón de Cristo”.

(Directorio Piedad Popular, n. 174)

Esta tarde inicia el Domingo
(XI del Tiempo durante el año);
III semana del Salterio.

El Corazón de Cristo

«La devoción al Corazón de Cristo tiene un sólido fundamento en la Escritura.

Jesús, que es uno con el Padre (cfr. Jn 10,30), invita a sus discípulos a vivir en íntima comunión con Él, a asumir su persona y su palabra como norma de conducta, y se presenta a sí mismo como maestro «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Se puede decir, en un cierto sentido, que la devoción al Corazón de Cristo es la traducción en términos cultuales de la mirada que, según las palabras proféticas y evangélicas, todas las generaciones cristianas dirigirán al que ha sido atravesado (cfr. Jn 19,37; Zc 12,10), esto es, al costado de Cristo atravesado por la lanza, del cual brotó sangre y agua (cfr. Jn 19,34), símbolo del «sacramento admirable de toda la Iglesia».

El texto de san Juan que narra la ostensión de las manos y del costado de Cristo a los discípulos (cfr. Jn 20,20) y la invitación dirigida por Cristo a Tomás, para que extendiera su mano y la metiera en su costado (cfr. Jn 20,27), han tenido también un influjo notable en el origen y en el desarrollo de la piedad eclesial al sagrado Corazón.

Estos textos, y otros que presentan a Cristo como Cordero pascual, victorioso, aunque también inmolado (cfr. Ap 5,6), fueron objeto de asidua meditación por parte de los Santos Padres, que desvelaron las riquezas doctrinales y con frecuencia invitaron a los fieles a penetrar en el misterio de Cristo por la puerta abierta de su costado. Así san Agustín:

«La entrada es accesible: Cristo es la puerta.
También se abrió para ti cuando su costado fue abierto por la lanza.
Recuerda qué salió de allí; así mira por dónde puedes entrar.
Del costado del Señor que colgaba y moría en la Cruz salió sangre y agua, cuando fue abierto por la lanza.
En el agua está tu purificación, en la sangre tu redención» (Direct Pied /Lit 167s).

 

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Creación invisible

 
Antiguos calendarios recordaban el 8 de mayo
-desde su víspera-
la «Apparitio Michaelis» o
intervención del arcángel san Miguel:
el mundo angélico en relación con la creación visible.

El Credo nos transmite la enseñanza bíblica: Dios es creador.

En la liturgia hispana, como en el resto de las liturgias cristianas,
los ángeles aparecen alabando a Dios, tres veces santo:

Agios, Agios, Agios.

 
El «Compendio» del Catecismo
-en los números siguientes-
nos ofrece esta síntesis a las preguntas
acerca de la creación «invisible»:

 

59. ¿Qué ha creado Dios?

La Sagrada Escritura dice: «en el principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1). La Iglesia, en su profesión de fe, proclama que Dios es el creador de todas las cosas visibles e invisibles: de todos los seres espirituales y materiales, esto es, de los ángeles y del mundo visible y, en particular, del hombre.

 

 

60. ¿Quiénes son los ángeles?

 

Los ángeles son criaturas puramente espirituales, incorpóreas, invisibles e inmortales; son seres personales dotados de inteligencia y voluntad.
Los ángeles, contemplando cara a cara incesantemente a Dios,
lo glorifican,
lo sirven
y son sus mensajeros
en el cumplimiento de la misión de salvación para todos los hombres.

 

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Creemos en la vida eterna. 

 

Inscripción en árabe donde se lee: «¡Cristo vive!»

 

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¿Qué pasa con los que mueren?

Creemos que las almas de todos aquellos que mueren en la gracia de Cristo
—tanto las que todavía deben ser purificadas con el fuego del purgatorio
como las que son recibidas por Jesús en el paraíso
en seguida que se separan del cuerpo, como el Buen Ladrón—
constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte,
la cual será destruida totalmente el día de la resurrección,
en el que estas almas se unirán con sus cuerpos.
(Credo del Pueblo de Dios 28)

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La muerte nos abre una puerta…

 

 

Oramos hoy por el Papa Francisco, en el VIII aniversario de su elección como Obispo de Roma

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