La importancia de la liturgia de las Horas

 

“La Liturgia de las Horas es una prolongación de la celebración eucarística”; esta es la enseñanza de la Iglesia recogida y difundida por el Catecismo (cf. n. 1178). En ella, los fieles –ministros, religiosos y laicos- “se unen a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, por la oración de los salmos, la meditación de la Palabra de Dios, de los cánticos y de las bendiciones, a fin de ser asociados a su oración incesante y universal que da gloria al Padre e implora el don del Espíritu Santo sobre el mundo entero” (Ib. n. 1196).

En cada celebración de la Eucaristía se hace presente el Misterio de Cristo. Esta presencia se acoge desde la mañana (Laudes) y se prolonga hasta la tarde (Vísperas) en el mismo transcurso del tiempo. En efecto, la Eucaristía penetra y transfigura el tiempo de cada día mediante la celebración de la Liturgia de las Horas u Oficio divino.

Tal es su importancia que el Concilio Vaticano II determina:

«Los pastores de almas debe procurar que las Horas principales, sobre todo las Vísperas, los domingos y fiestas solemnes, se celebren en la iglesia comunitariamente. Se recomienda que también los laicos recen el Oficio divino, bien con los sacerdotes o reunidos entre sí, e incluso solos» (SC 100).

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