Más sobre nuestros pastores:
educación y Nicaragua

Los obispos de Nicaragua explicaron a la misión de las Naciones Unidas que el origen de la revolución cívica es por 11 años de violaciones a los derechos humanos de Ortega y Murillo.

El Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, reunido en sesión ordinaria, tras hacer pública su postura sobre algunas cuestiones importantes de la actualidad nacional: la educación concertada y la clase de religión, el derecho de los padres a elegir el modelo educativo que desean para sus hijos, recordar que la asignatura de religión debe tener una consideración adecuada en el sistema educativo  y reivindicar el papel de la Transición española que se plasmó en la Constitución de 1978, con el consenso de todas las formaciones políticas y sociales ha querido hacer pública “nuestra comunión y solidaridad con los obispos nicaragüenses, violentados por defender los derechos legítimos de los ciudadanos de esta nación hermana. Deseamos que el respeto a la dignidad de las personas y el diálogo entre las partes enfrentadas sean el camino para la necesaria pacificación de la sociedad”.

Un pensamiento en “Más sobre nuestros pastores:
educación y Nicaragua

  1. La primera lectura del día de ayer, decimosexto domingo del tiempo ordinario decía:
    “¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño! -oráculo del Señor-. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: A los Pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuenta, por la maldad de vuestras acciones – oráculo del Señor-” Jeremías 23, 1 y 2.

    Por su parte, en el evangelio mostraba que “Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma” (Marcos 6,34).

    En este sentido Jerónimo Bosch representa en la tabla central del Carro de Heno a la humanidad con sus Pastores a la cabeza, persiguiendo, fascinada, a un enorme carro de heno que la arrastra hacia el infierno y, para apoderarse del ‘heno’ vale hacer de todo, pudiéndose entender también este cortejo una visión de Isaías 5, 18-20 “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, de los que ponen tinieblas por luz y luz por tinieblas, etc.”

    Evidentemente, existen Pastores que cumplen la misión de su Ministerio (“Los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado” Marcos 6,30). Ejemplo de esos buenos pastores son los obispos nicaragüenses y en España, seguro que uno entre muchos ejemplos posibles, Mons. Braulio Rodríguez, arzobispo de Toledo, Superior Mayor del Rito Hispano-Mozárabe y Primado de España, que reflexionaba en su carta semanal sobre la eutanasia y otros proyectos de ley. Carta desgraciadamente no muy difundida y antes de que nos encontremos en situaciones peores, tenemos el deber deber de difundir todo lo que suponga luz en la obscuridad.

    Dice Mons. Braulio Rodríguez, entre otras cosas:

    «Es probablemente muy ingenuo esperar que en un debate político se pueda introducir una razonable medida de razón». Son palabras de un obispo amigo mío. Creo que son palabras muy ciertas. Sin embargo, en radio y televisión crecen este tipo de debates. ¿Y qué pretenden, aparte de llenar tiempo y espacio? Hay una parte de mi persona, tal vez la más crítica y negativa, que me dice: «Nada hay en esos debates salvo juegos, poder y marketing». De manera que, aunque parezca exagerado, concuerdo con mi amigo que, en realidad, el debate político ya no existe.

    Pero, en esa reflexión sobre los «debates», es también verdad que la Iglesia no puede renunciar a servir a la razón y al amor a la realidad en tantas cuestiones que se debaten no a fondo, porque están cargadas de ideología y no se busca lo que verdaderamente interesa al ser humano. ¿Ponemos un ejemplo? La introducción de un proyecto de ley sobre la eutanasia en el Parlamento, de rabiosa actualidad. Según mi amigo obispo, ésta pertenece a ese tiempo de cuestiones «virales», donde, como en las guerras, la primera víctima es la verdad. La verdad, y la razón como vía de acceso a ella.

    Se presenta dicha ley como un derecho más del ser humano. Interesante, ¿verdad? Pero, ¿es así realmente? Yo no me lo creo. El proyecto de ley está lanzado justo antes del verano, utilizando en su retórica falsamente negativa motivos tan poderosos como el ahorro en gastos médicos y de seguridad social. Pero no quisiera que en mis palabras se reflejara solo una valoración moral negativa de este proyecto de ley. (…)

    Mi amigo el obispo dice que, de entrada, da él la batalla política y cultural por perdida, al menos, a corto y a medio plazo, entre otras cosas porque él no está en la batalla política de los partidos. Y le entiendo porque yo también pienso que la vida humana no cotiza en bolsa, por lo menos desde la Primera Guerra Mundial; y que estamos en un mundo que tolera sin rechistar la destrucción de Libia, de Siria e Irak o de grandes partes de África. Pero luego nos sorprendemos de la muerte de refugiados en el Mediterráneo, con mucho emotivismo, pero sin hacer los gobiernos nada por solucionar el problema «in situ», en los lugares donde uno se muere de hambre y hace cualquier cosa para salir de allí. Quienes son capaces de «tan heroicas hazañas», tal vez tienen poder como para ganar todavía muchas batallas, como la de la eutanasia. Yo espero que no ganen la guerra, porque ésta la gana quien ama. Y aprobar una ley de la eutanasia no es amar al ser humano y el misterio de su vida.

    Pero hay que decir que esa visión del ser humano, que está detrás del proyecto de ley, es burguesa por los cuatros costados, que ha hecho del «bienestar», del confort el dios definitivo.Y dejo claro que no soy partidario del encarnizamiento terapéutico, pero sí de los cuidados paliativos.”

    Por todo lo anterior me permito remitir el enlace de internet que he localizado.
    http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=32716

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