Bimilenario de la Redención 2033

Dentro de una década, en el año 2033, la Iglesia Católica estará celebrando el Gran Jubileo de la Redención con motivo de los 2000 años de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Es, por lo tanto, el bimilenario de la Eucaristía: presencia sacramental del crucificado /resucitado en la celebración y la vida de la Iglesia. Conmemorar este hecho histórico es un deber para todos los discípulos del Señor. Conviene preparar caminos que lleven a los cristianos para vivir este acontecimiento como un evento de gracia.

Ciertamente, además de los jubileos que vivimos y viviremos en España: año lebaniego (Cantabria 2023), año del Corazón de Cristo (Valladolid 2023), año de santa Eulalia (Mérida/Badajoz 2024), año de Caravaca (Cartagena/Murcia 2024), etc.
La Iglesia Católica, de manera universal, avanza en la preparación de dos grandes jubileos:

el Jubileo de la Esperanza (Roma 2025)
y el Jubileo universal de la Redención (2033).

“Durante esta década de preparación debemos comprometernos para que el misterio redentor de Cristo continúe moviendo la pastoral de la Iglesia hacia el servicio de Dios y la transformación de la sociedad”.

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La liturgia hispana en el Concilio Vaticano II (J. Bohajar)


Celebración de la misa Caput anni en la Colegiata de san Isidro de Madrid, 2 en. ’23

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«De acuerdo con lo prescrito por el Ordo ad Synodum del pontifical romano para la celebración de los concilios, los padres del Vaticano II invocaron al Espíritu Santo con la oración Adsumus en cada congregación general antes de comenzar las deliberaciones. Esta invocación fue compuesta por san Isidoro de Sevilla, con toda probabilidad a raíz del concilio IV de Toledo (a. 633), para los sínodos de las iglesias hispanas.

La eucaristía que abrió la 48 congregación general [del Concilio], el día 15 de octubre, festividad de santa Teresa de Jesús, del año 1963, correspondió a la liturgia hispana y fue celebrada con el formulario llamado mozárabe de la misa Pro episcopis (1). Los padres siguieron con expectación su desarrollo. Especial interés revistió, por razones histórico-litúrgicas, para el grupo germano e inglés; pero sobre todo para la parte más numerosa del aula, los obispos hispánicos, por tradición eclesial y de evangelización, por unidad de lengua y de cultura. Una sensibilidad particular mostraron los actuales obispos «mozárabes» provenientes de las probadas iglesias del norte de África, Oriente Medio y Este europeo.

La presencia viva de la liturgia hispana en el contexto de la elaboración de la constitución Sacrosanctum concilium tenía una gran trascendencia para el presente y el porvenir de la antigua liturgia de España.

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Reflexión tranquila en el verano…


1. Toma tiempo para ti y haz revisión de vida.

2. ¿Cómo ha sido mi vida hasta ahora?

3. ¿De qué lado estoy? ¿Del de aquellos que están bien en la vida, o del lado de los que tienen alguna necesidad, de los que necesitan una palabra de consuelo, de quien es pobre y sufre?

4. ¿Cuál es mi opción fundamental? ¿Ser feliz por todos los medios? ¿Acumular bienes materiales? ¿Conseguir “estatus” social? ¿O ser bueno, comprensivo, dispuesto a ayudar y apoyar a quienes están en peor situación?

5. ¿Puedo tolerar los límites de los demás, a los aburridos, controlarme para no responder a las tonterías que escucho? ¿Puedo dejarlo pasar?

6. ¿Puedo perdonar de verdad, pasar página y no ser rehén de resentimientos y malos juicios?

7. ¿Puedo encontrar las palabras correctas cuando tengo que decir algunas verdades y llamar la atención sobre los errores o equivocaciones de otros que están relacionados conmigo? ¿O van directamente, agresivamente, humillando a la persona?

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La Cruz: árbol de la Vida

El árbol de la Vida es tu Cruz, oh Señor.
V. Adoremos el signo de la cruz.
R. Por el que recibimos la salvación.
En la Cruz Cristo nos entregó su Espíritu.
En la tradición hispana
el 3 de mayo nos enseña a mirar el madero santo
como Cruz Gloriosa, auténtico árbol de Vida.

En la Noche santa de Pascua, en la <Pascua histórica> o lecturas bíblicas
<<al comienzo del ciclo profético se encuentra…  una lección del primer libro de la Sagrada Escritura, del Génesis.
Tratándose de un nuevo comienzo, ¿por dónde empezar sino por el primer comienzo, por el origen del mundo?
En el relato de la creación del libro del Génesis se abre ante nosotros el reino de la vida en el que el amor de Dios colocó al hombre en un principio.
«Era muy bueno» dice la Sagrada Escritura, y estas palabras resuenan llenas de sentido en esta noche de la salud que ha de volver a hacer bueno todo lo que el pecado y la muerte devastaron en esa creación en otro tiempo perfecta.
En las lecciones del Diluvio, del sacrificio de Abrahán y del paso del mar Rojo aparecen después las figuras vetero-testamentarias de esta reparación y nueva creación que el santo Sacrificio de la Pascua ha de hacer presente en seguida. Como el gran Diluvio lavó en otro tiempo la tierra manchada por el pecado, y como el arca construida por mandato de Dios salvó de la ruina común a unos pocos justos, así en esta santa noche, el agua del Bautismo limpiará muchos pecados y el arca de Dios de la Iglesia abrirá sus puertas a los nuevos llamados y escogidos, para transportarlos sanos y salvos a las playas de la eternidad sobre las olas de este mundo donde la cólera de Dios sepulta a los impíos.
Hoy también volará la paloma, con el ramo de olivo, sobre el agua del Bautismo que da al mismo tiempo muerte y vida, para anunciar la paz a la nave de la Iglesia, cuando «el óleo de la salud» y el «crisma de Nuestro Señor Jesucristo» se derramen en las fuentes bautismales, y los neófitos reciban, con la unción santa, el Pneuma (es decir, la vida) de Dios y de Cristo que, buscando un lugar de reposo en la tierra, lo encuentra en el arca de la Ecclesia y en las almas de los bautizados.

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La penitencia es un camino

Hay días que acentuamos cada semana:
el domingo, por la resurrección del Señor;
el viernes, por su muerte redentora.
Y, por eso, cada viernes recordamos el mandato penitencial de Jesús (cf. Lc 13,3).
“La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno,
una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado,
una aversión hacia las malas acciones que hemos cometido”
(Cat. 1431)

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Mapa de la España Bizantina bajo el imperio de Justiniano

Algunos lugares visigodos en la Bética (Andalucía):   Arte prerrománico en Andalucía

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Bibliografía sobre Qumran.
Una obra clásica:

Danielou, Jean
Los Manuscritos del Mar Muerto y los orígenes del Cristianismo
Ed. Criterio, Buenos Aires 1959.

Domingo de las bienaventuranzas


Domingo de las bienaventuranzas: Jesús, hombre de oración,
es también un predicador ambulante y un hombre de acción.
El que repartió el pan a la multitud nos enseña el valor de la pobreza,
del compartir. En Él vemos una unidad entre sus palabras y su obrar.
En este antiguo domingo de «septuagésima»
tenemos especialmente presente que toda la predicación del Señor
empieza con las bienaventuranzas:

«Las bienaventuranzas recogen y perfeccionan las promesas de Dios desde Abraham ordenándolas al Reino de los cielos.
Responden al deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre.
Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que Dios nos llama:
el Reino, la visión de Dios, la participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el descanso en Dios.
La bienaventuranza de la vida eterna es un don gratuito de Dios;
es sobrenatural como también lo es la gracia que conduce a ella.
Las bienaventuranzas nos colocan ante opciones decisivas con respecto a los bienes terrenos;
purifican nuestro corazón para enseñarnos a amar a Dios sobre todas las cosas.
La bienaventuranza del cielo determina los criterios de discernimiento en el uso de los bienes terrenos en conformidad a la Ley de Dios».
(Cat 1725ss)

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