5 pensamientos en “Ben-decir

  1. “Benévolo”: que tiene buena voluntad o simpatía hacia las personas o sus obras.

    Esto nos hace mucha falta: la buena voluntad, la simpatía, el querer agradar, sonreír, tener gestos amables, “acercarnos” a los demás, cuidarnos…

    Por el contrario, deberíamos dejar la crítica sistemática, el mal humor, el mal talante, la cara torcida, el gesto adusto, el victimismo…

    Eso que se nos ha predicado tantas veces: ya que “la liturgia es pasar del yo al nosotros”, que se nos note que hemos dejado el ombliguismo quienes nos agrupamos en torno al tesoro de un rito litúrgico tan antiguo.

    • En sintonía Charis, como siempre.

      Es un misterio para mi entender si primero es el afecto y como consecuencia la sintonía, o bien si después de sentirse en sintonía aparece la simpatía.

      Conversación benévola… una vez al mes es muy poco. Menos da una piedra.
      Hay que quedar con ámigos, pues son muchas las horas de aislamiento de estudio, música y su gestión.
      Seguiría… pero mejor en vivo y con benévolos contertulios.

      Por cierto, que saludable y potente es la bendición con imposición de manos, la echo de menos.

      Admin… pido pronto una “didactica” sobre la triple ben-dición litúrgica hispana. Gracias.

  2. Benévolo: Que tiene buena voluntad o afecto hacia alguien (sobre el que tiene poder o autoridad;) que se muestra indulgente o tolerante.

    Bendecir, bien desear.
    Invocar sobre una persona la protección de Dios. Consagrar una persona, un lugar o una cosa a Dios.

    Las conversaciones benévolas son como los besos, gratos al paladar y saludables.
    De acuerdo… Lo que no sepa la sabiduría de los Proverbios….
    Quitar la mordaz ironía y la crítica ofensiva en la conversación. Para hoy…

  3. Me encanta el jardín con las aves del paraíso. Me alegra el nogal negro y la higuera.
    No se quien dijo “No hay paraíso sin animales”

  4. En la definición de Charis, el segundo párrafo que habla de lo que nos hace falta refleja elementos que para mi son un ingrediente esencial de mi vida, de mi día a día, de mi relación con los que me rodean. No concibo la vida sin acercarme a las personas que se cruzan en mi camino, – conocidas o no – mirándoles a los ojos para que vean que mi interés, mi cariño son auténticos. Así es mucho mas fácil evitar el ombliguismo y la autocomplacencia. Los otros son mucho más importantes.

    La crítica, el juicio, el enfado solo traen tristeza y desánimo. No siempre se puede evitar, por supuesto, pero lo antes que consigamos retornar a un estado de ánimo benévolo, a los besos, los abrazos, las sonrisas, antes nos sentiremos bien con nosotros mismos y con Dios.

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