
Durante la Cincuentena Pascual
la antífona Regina coeli
es un canto que hay que aprender y difundir.
Con él cantamos la alegría de la Madre
ante la Resurrección de su Hijo
y pedimos para nosotros el gozo del Espíritu.


Durante la Cincuentena Pascual
la antífona Regina coeli
es un canto que hay que aprender y difundir.
Con él cantamos la alegría de la Madre
ante la Resurrección de su Hijo
y pedimos para nosotros el gozo del Espíritu.


<Junto al atril del lector brilla el cirio pascual;
su luz cae sobre las páginas del Antiguo Testamento.
Cristo ilumina la oscuridad del pasado
y da a conocer en todas partes
el plan de salvación del Amor
que tiene el hombre en sus manos desde el principio;
no le ha abandonado
y hoy le conduce a su término>.
E. Löhr, Los misterios pascuales (1957), ed. Guadarrama, Madrid 1963, pág. 230.
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<Como en el banquete eucarístico se tiene cuidado de que no caiga nada de las preciosas especies, de la misma manera se ha de procurar no perder una sola palabra de la Sagrada Escritura cuando es leída en la Iglesia; porque también de ella se alimenta el hombre interior.
«Como la carne de Cristo es una verdadera comida y su sangre una verdadera bebida», escribe San Jerónimo, «así nuestro único bien en la vida presente es comer esta carne y beber esta sangre, no sólo en el Misterio (del Altar), sino también en la lectura de la Escritura» (In Ecclesiastes, c. III.)>.
E. Löhr, Los misterios pascuales (1957), ed. Guadarrama, Madrid 1963, pág. 23s.


Por influencia del calendario de la Iglesia visigótica y mozárabe
muchos lugares de España e Iberoamérica
miran hoy, 3 de mayo, a la Cruz como signo glorioso de salvación.
En no pocos colegios se adornan las cruces,
los patios se engalanan con cruces floridas…
la Cruz es el trono de la gracia,
la fuente de la Vida.
AUDICIÓN: ¡Oh Cruz, te adoramos!

«Los cincuenta días que median entre el domingo de la Resurrección
hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo,
como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo.
Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya »
(Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).
Pentecostés significa <Cincuentena>, el tiempo de 50 días que subraya
-con alegría desbordante-
la fuerza de la vida, de la vida que nos llega a través del Viviente: Cristo.
La vida, con perspectiva de eternidad, es objeto de celebración:
la vida personal y las vidas de los otros son sagradas.
«Los católicos estamos absolutamente obligados a objetar en aquellas acciones que,
estando aprobadas por las leyes, tengan como consecuencia la eliminación de una vida humana
en su comienzo o en su término:
el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar»,
recuerdan los obispos españoles en el documento ‘Para la libertad nos ha liberado Cristo’.


«Lo que ellos dos entonces sintieron: ¿no es
dulce más allá de todos los misterios
y con todo todavía terrenal:
cuando Él un poco pálido aun de la tumba
fue hacia ella aliviado:
en todo su cuerpo resucitado?
Ay, hacia ella lo primero. Cómo estaban allí
en inexpresable curación.
Sí, se reponían, era eso. No habían menester
tocarse fuertemente.
Él descansó luego por un instante
apenas su mano
eterna encima de su hombro delicado.
Y ambos comenzaron,
en silencio como los árboles en primavera
infinitamente igual,
aquella primavera
de su inefable contacto».
Rainer Maria Rilke


Árbol de la vida en una pilastra visigótica
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FORMACIÓN
<Monacato femenino en al-Andalus>:
Monacato femenino en al-Andalus
-inicia en el minuto 19’00 c.-
Dra. Ana Echevarría, UNED/Madrid

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<Desde el año 415 hasta el año 711 el legado cultural romano cristiano continuó en la península ibérica de mano de los visigodos.
En este periodo, y a lo largo de la Edad Media, un hombre clave en la cultura española fue San Isidoro de Sevilla (560-636).
Su pedagogía tiene dos vertientes y dos metas:
instruir a los clérigos para la Iglesia
y formar a soldados y gobernantes para la patria.
Isidoro llegó a ser uno de los hombres más sabios de su época, aunque al mismo tiempo era un hombre de profunda humildad y caridad.
Fue un escritor muy leído.
Se le llamó el Maestro de la Edad Media o de la Europa Medieval y primer organizador de la cultura cristiana.
La principal contribución de San Isidoro a la cultura fueron sus Etimologías, una summa muy útil de la ciencia antigua condensando, más con celo que con espíritu crítico, los principales resultados de la ciencia de la época, siendo uno de los textos clásicos hasta mediados del siglo XVI.
Su filosofía de la educación se resume en cuatro tesis fundamentales:
-todos los cristianos necesitan instrucción,
-la formación cristiana se realiza mediante el estudio y la oración,
-la ciencia se justifica por su dimensión ética y religiosa y,
-pedagogía y ética son dos aspectos de una misma realidad.


Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.
Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.
Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.
Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por medio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.
Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.
¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!
Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos. Amén.







