Siete pistas para vivir el Adviento

(P. Diego Figueroa)

Siete pistas para vivir bien la espiritualidad propia del adviento…

1. Expectación y Preparación. Expectantes porque el Señor volverá, en gloria y majestad en la Parusía. Preparados porque vamos a hacer memoria de la Navidad, cuando vino en la humildad de la carne.

2. Todo a su tiempo: Desde el primer domingo de adviento y hasta el día 16 de diciembre, incluido, no se habla de Navidad, sino de Parusía (que esperamos). A partir del 17 de diciembre y hasta el 24, incluido, no se habla de Parusía, sino de Navidad (que conmemoramos).

3. Voy a misa cada día: ¿algo especial? lo que la primera lectura anuncia, ha comenzado a cumplirse en el evangelio (1ª venida del Señor), y sucederá plenamente cuando Él vuelva (2ª venida). Por eso nos atrevemos a decir una y mil veces: Marana Thá (¡Ven, Señor Jesús!).

4. ¿Un libro para leer en este tiempo? Sin duda, el del profeta Isaías. Se llama así, no es que le falte el nombre, y está en la Biblia, en el Antiguo Testamento. Para situarme bien, no dejo de leerme la introducción al libro y las notas a pie de página.

5. En adviento la Iglesia está contenta, no penitente: por eso, durante las cuatro semanas cantamos ¡Aleluya! Sin embargo, para que en Navidad podamos imitar el canto de los ángeles (al menos en la letra), durante estas cuatro semanas no cantamos ¡Gloria!

6. Los signos externos ayudan: La corona de Adviento, desde el primer domingo, que podemos preparar en familia y para la parroquia, el árbol de Navidad y el Belén, para la última parte de este tiempo. Las luces, velas, cantos… significan mayor vigilancia, ¡no mayor consumo!

7. El canto a la Virgen María para este tiempo es Alma Redemptoris Mater (en español, Madre del Redentor).

 

2 pensamientos en “Siete pistas para vivir el Adviento

  1. Gracias.
    Isaías se merece una gran novela.
    ¿Que biografía puede haber detras de esta persona, o personas? Que le pasaba en su niñez, en su juventud, con su gente, su templo, sus amores, sus guerras perdidas, su reveldía, sus maestros, su oración, sus amistades, su destierro, su soledad, para escribir tan descriptivas y potentes imágenes, visiones, profecías…

    Y su finura poética, su afilada poesía, sus entrañables poemas…
    Los Isaías necesitan, para mi, tener rostro, cuerpo, mirada.
    Cómo debía disfrutar Jesús de jóven releyendo los rollos de Isaías. Buscando la manera de cumplirlos…

    Perdonar estas disgresiones, pero con tan sólo escuchar en la Liturgia de la Palabra, “Lectura del libro de Isaías” todo el cuerpo se desentumece, se me estiran las piernas y la espalda, el cuello se tensa y los oídos se afinan atentamente, pues nunca defrauda, los matices segun la entonación del lector, son puro alimento.

  2. Como me gustaría que en las paŕoquias se nos dieran charlas sobre el profeta Isaías, como fue su vida, los capítulos, el qué y para quién escribió. Todos disfrutaremos de su palabra y los lectores descubriremos los “matices”.

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