Un Lugar para nuestras Heridas

Apóstol Juan sobre el pecho de Cristo Iglesia del Monasterio Cisterciense de Heiligkreuztal Suabia, año 1310

Apóstol Juan sobre el pecho de Cristo
Iglesia del Monasterio Cisterciense de Heiligkreuztal
Suabia, año 1310

“Corazón de Jesús – por regla general se trata de la esencia de un sentimentalismo penoso” (A. Stock). Las imágenes del Corazón de Jesús se consideran muchas veces como ejemplo de cursilería religiosa y las correspondientes oraciones como ejemplo de una devoción exaltada.  A pesar de todo esto pudimos mantener hasta hoy tanto la fiesta como también la devoción.

Quizás lo que importa es que esta piedad está asentada sobre un firme fundamento bíblico, teológico y antropológico. En la interpretación cristiana, Cristo se convierte en el nuevo Moisés, que no sólo hace brotar agua de la roca, tras cuyo consumo se tendrá sed más tarde, sino que Él ofrece el agua viva que sale de la “roca de Su Corazón” (Jn 19,34 ss). En consecuencia, el punto de referencia bíblico para la veneración del Corazón de Jesús es la escena descrita en el Evangelio de Juan de la perforación del costado de Jesús, del que mana sangre y agua.

Para los Padres de la teología de Asia Menor fue desde los siglos II/III el Corazón de Jesús, que se identificaba con la herida del costado, la fuente de la que manan el Sacramento del Bautismo (agua) y la Eucaristía (sangre) y con ellos la Iglesia. La tradición alejandrina, influenciada por Orígenes, puso el acento en el conocimiento, que fluye del Corazón del Señor. Por tanto, está en el primer plano el unirse en unidad mística con el Señor. La posterior adoración del Corazón de Jesús recogió ambas corrientes, la eclesiológica y la mística.

La reiterada evolución sobre la humanidad de Cristo del siglo XII fomentó una contemplación más intensa de Su Pasión. Las heridas de Jesús se convirtieron para Bernardo de Claraval – por la incorporación de una imagen del Cantar de los Cantares (2,14)- en lugares, donde los pájaros podían construir sus nidos. El ser humano encuentra en las heridas de Cristo, especialmente en la herida del Corazón, sitio para sus propias heridas. El Corazón de Jesús se convierte en la personificación de Dios, que en Cristo se hace vulnerable, no el Dios lejano e inaccesible, sino el Dios que con-lleva y con-padece, que sabe por propia experiencia lo que significa sufrimiento y dolor y por ello es misericordiosamente cercano a los seres humanos.

El tiempo más fecundo en la veneración del Corazón de Jesús fue la época de la mística alemana y de la mística femenina de los siglos XIII/XIV. El gesto de Juan, el descanso en el Corazón de Jesús, del cual beben las contemplativas corrientes del agua viva, fue un importante punto de contemplación.

Estos accesos pueden abrir a una piedad que no tiene por qué tener nada de “sentimentalismo penoso”. En nuestra época quizás esto, a lo que Bernardo se refiere, es digno de tenerse en cuenta. Cristo no oculta Sus heridas ni Su Corazón traspasado, sino que lo muestra. Nosotros hallamos sitio en ese Corazón y quizás también ánimo para hacer lo mismo.

Dominik Terstriep, S.J.

Revista “Jesuiten” 2013/3

ISSN 1613-3889

www.jesuiten.org

Un pensamiento en “Un Lugar para nuestras Heridas

  1. O SENHOR não tinha onde reclinar a SUA cabeça.
    Eu tenho ,pois ao fazer memorial da sua paixão morte e ressurreição eu tenho lugar para curar as minhas feridas alimentando-me daPALAVRA eda EUCARISTIA

    As minhas feridas semanais são curadas todos os domingos.
    A missa dominical para mim é uma necessidade pois é lá que mato a minha fome e sede

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