En la documentación preparatoria del Sínodo para la Eucaristía (2005) se valoraba: “la práctica de arrodillarse durante la plegaria eucarística” (Instrumentum laboris, n. 64) y recordaba que “los sacerdotes y los fieles manifiestan la fe y la adoración a través de los gestos del cuerpo según las indicaciones de los libros litúrgicos o según la tradición. Es posible adaptar tales gestos en base a la cultura, con tal que sean expresivos de la veneración y del amor hacia el misterio de la Eucaristía” (Ib. n. 67).
Después, una de las propuestas presentadas al Santo Padre por los Padres sinodales tras la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos «La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia» (2 al 23 de octubre de 2005) recomendaba:
Arrodillarse corresponde a la verdad de nuestro mismo ser…
«Se recomienda asimismo a los laicos, dondequiera que se reúnan en asambleas de oración, de apostolado, o por cualquier otro motivo, que reciten el Oficio de la Iglesia, celebrando alguna parte de la Liturgia de las Horas. Es conveniente que aprendan, en primer lugar, a adorar al Padre en espíritu de verdad, y que se den cuenta de que el culto público y la oración que celebran atañe a todos los hombres y puede contribuir en considerable medida a la salvación del mundo entero.











