¡Ave, o Theotokos!


María es verdaderamente Madre de Dios  
porque es la madre de Jesús (Jn 2, 1; 19, 25).  
En efecto, aquél que fue concebido por obra del Espíritu Santo  
y fue verdaderamente Hijo suyo,  
es el Hijo eterno de Dios Padre.  
Es Dios mismo. 
(Compendio del Cat. 95) 

AUDICIÓN en este día mariano, conclusión de la octava de Navidad:
Ave maris Stella

La zarza ardiente: figura de María
Análisis del icono de la Madre de Dios «La zarza no consumida»

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Último domingo de Adviento


Árboles de Pascuas colgando de las naves de la parroquia de Selectat (Alsacia, Francia)

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El Papa sigue en la línea de los anteriores obispos de Roma animando a «montar el belén y el árbol»:
«El árbol y el belén son dos signos que siguen fascinando a grandes y pequeños.
El árbol, con sus luces, nos recuerda a Jesús que viene a iluminar nuestras tinieblas, nuestra existencia a menudo encerrada en la sombra del pecado, del miedo, del dolor. Y sugiere otra reflexión:
como los árboles, también los hombres necesitan raíces. Porque sólo quien está arraigado en buena tierra permanece firme, crece, “madura”, resiste a los vientos que lo sacuden y se convierte en punto de referencia para quienes lo miran. Pero, queridos amigos, sin raíces nada de esto sucede: sin cimientos firmes uno permanece tambaleante. Es importante mantener las raíces, en la vida como en la fe. A este respecto, el apóstol Pablo nos recuerda el fundamento en el que debemos arraigar nuestra vida para permanecer firmes: dice que permanezcamos «arraigados en Jesucristo» (Col 2,7).
Esto es lo que nos recuerda el árbol de Navidad: estar arraigados en Jesucristo.
Y así llegamos al pesebre, que nos habla del nacimiento del Hijo de Dios que se hizo hombre para estar cerca de cada uno de nosotros.
En su auténtica pobreza, el belén nos ayuda a redescubrir la verdadera riqueza de la Navidad y a purificarnos de tantos aspectos que contaminan el paisaje navideño. Sencillo y familiar, el belén recuerda una Navidad distinta de la consumista y comercial: es otra cosa; nos recuerda lo bueno que es para nosotros apreciar los momentos de silencio y oración en nuestros días, a menudo abrumados por el frenesí. El silencio favorece la contemplación del Niño Jesús, nos ayuda a intimar con Dios, con la frágil sencillez de un pequeño recién nacido, con la mansedumbre de su ser recostado, con el tierno cariño de los pañales que lo envuelven.
Raíces y contemplación: el árbol nos enseña sobre las raíces, el belén nos invita a la contemplación.
No olvidéis estas dos actitudes humanas y cristianas. Y si de verdad queremos celebrar la Navidad, redescubramos a través del pesebre la sorpresa y el asombro de la pequeñez, la pequeñez de Dios, que se hace pequeño, que no nace en el esplendor de las apariencias, sino en la pobreza de un establo. Y para encontrarse con Él hay que llegar allí, donde Él está; hay que rebajarse, hay que hacerse pequeño, dejar atrás toda vanidad, para llegar donde Él está. Y la oración es la mejor manera de dar las gracias ante este don de amor gratuito, de dar las gracias a Jesús que desea entrar en nuestras casas y en nuestros corazones. Sí, Dios nos ama tanto que comparte nuestra humanidad y nuestras vidas. Nunca nos deja solos, está a nuestro lado en toda circunstancia, en la alegría como en la tristeza. Incluso en los peores momentos, Él está ahí, porque Él es el Emmanuel, el Dios con nosotros, la luz que ilumina la oscuridad y la presencia tierna que nos acompaña en nuestro camino»
(Papa Francisco, diciembre 2022).

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Orando en el Año santo de san Isidro


S. Isidro, Carreño de Mirando (Museo Bellas Artes de S. Fernando, Madrid)

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Señor, Dios nuestro, 
Fuente de la luz y de la paz, 
que en la humildad y sencillez  
de San Isidro labrador 
nos dejaste un ejemplo de vida: 
como discípulo de Cristo, 
trabajador, esposo y padre de familia 
Haz que nosotros,  
con la fuerza de la Eucaristía, fuente de fe, 
glorifiquemos tu Nombre santo 
compartiendo nuestros bienes con los necesitados. 
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, 
que resucitado vive y reina  
en la unidad del Espíritu Santo, 
Fuente de amor, y es Dios, 
a quien se debe todo honor  
y toda gloria por siempre. Amén. 

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Avanzando por el Adviento


Noticias desde Tierra Santa:
¡ES ADVIENTO!

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Romance de Navidad –
El Naranjel 

Camina la Virgen pura
camino de Nazareth,
con su Niñito en los brazos,
que más bello que el sol es.
A la mitad del camino
pidió el Niño de beber.
-No pidas agua, mi vida
no pidas agua, mi bien,
que van los ríos muy turbios
y ya no se «puén» beber.

Un poquito más «alante»
hay un verde naranjel
cargadito de naranjas
que ya más no «pué» tener.
Un ciego lo está cuidando,
ciego que no puede ver.
-Ciego, mi buen cieguecito,
si una naranja me dieras
para la sed de este Niño
un poquito entretener.

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Santa Lucía (+ 304c.)


El culto a santa Lucía esta mencionado
en un epígrafe de las catacumbas de Siracusa.
No tenemos muchas informaciones sobre su vida,
pero su devoción estaba muy extendida en la antigüedad.
Solo en Roma se contaban unas veinte iglesias
que llevan su nombre.


La fiesta de la mártir siracusana
se ha hecho preceder de un lucernario,
a causa de su nombre latino
que hace referencia a la luz.
En muchos lugares son famosas las hogueras invernales
en su honor.
Su sepulcro se venera en Venecia (Italia).
Hay reliquias insignes en Corsino. Metz, Landerberg, Roma y Toledo.

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Difundiendo el canto gregoriano

Declara el Concilio: La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por tanto,hay que darle el primer lugar en las acciones litúrgicas. Los demás géneros de música sacra, y en particular la polifonía,de ninguna manera han de excluirse en la celebración de los oficios divinos, con tal que respondan al espíritu de la acción litúrgica.
(Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 116).

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Purísima había de ser…


Icono de la Virgen del Signo, venerado antes de la Navidad

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<Es digno y justo, santo y hermoso, 
sumo e inefable Dios nuestro,  
que te alabemos con las mayores alabanzas  
a que podamos llegar.  
Tú admirable en tus santos,  
eres más admirable en la Concepción inmaculada  
de la Bienaventurada Virgen María.  
Aquellos se rigen por la ley común y la providencia,  
éste es ensalzado de un modo singular,  
pues cuando toda la descendencia de Adán hubo caído,  
sólo María quedó en pie.  
¿Qué podemos decir, pues,  
para afirmar la fe en el misterio  
y robustecer la piedad de los fieles,  
tan pobres y pequeños como somos,  
sino todo lo que hemos oído desde la cuna  
y nuestros padres nos enseñaron:  
lo que pronunciaron nuestros labios no manchados  
cuando éramos niños,  
miles de veces con lengua balbuciente,  
decimos hoy también frecuentemente  
y encontramos todavía escrito sobre nuestros dinteles:  
«Ave María purísima; sin pecado concebida»?

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Vigilia de la Inmaculada en Adviento


María Inmaculada (Goya)

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<Durante el tiempo de Adviento la Liturgia recuerda frecuentemente a la Santísima Virgen
—aparte la solemnidad del día 8 de diciembre,
en que se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de María,
la preparación radical (cf. Is 11, 1.10) a la venida del Salvador
y el feliz exordio de la Iglesia sin mancha ni arruga—,
sobre todos los días feriales del 17 al 24 de diciembre
y, más concretamente, el domingo anterior a la Navidad,
en que hace resonar antiguas voces proféticas sobre la Virgen Madre y el Mesías,
y se leen episodios evangélicos relativos al nacimiento inminente de Cristo y del Precursor>.
(Marialis Cultus, 3)

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