Tras el «Corpus»:
la lectura de la Biblia como “sacramento”

<Como en el banquete eucarístico se tiene cuidado de que no caiga nada de las preciosas especies, de la misma manera se ha de procurar no perder una sola palabra de la Sagrada Escritura cuando es leída en la Iglesia; porque también de ella se alimenta el hombre interior. «Como la carne de Cristo es una verdadera comida y su sangre una verdadera bebida», escribe San Jerónimo, «así nuestro único bien en la vida presente es comer esta carne y beber esta sangre, no sólo en el Misterio (del Altar), sino también en la lectura de la Escritura» (In Ecclesiastes, c. III.)>.

 

(E. Löhr, Los misterios pascuales (1957), ed. Guadarrama, Madrid 1963, pág. 23s.)

Una enseñanza para tener en cuenta
y un acicate para leer la Palabra de Dios
-de manera más abundante- en estos días.

San Pablo VI

A este Papa santo debemos el desarrollo y culminación del Concilio Vaticano II.
El primer documento de esta magna Asamblea fue sobre la liturgia.
En él encontramos estas palabras que han hecho posible la restauración del Rito Hispano en Occidente:

 

«El sacrosanto Concilio, ateniéndose fielmente a la tradición,
declara que la Santa Madre Iglesia atribuye igual derecho y honor
a todos los Ritos legítimamente reconocidos
y quiere que en el futuro se conserven 
y fomenten por todos los medios.
Desea, además, que, si fuere necesario,
sean íntegramente revisados con prudencia,
de acuerdo con la sana tradición,
reciban nuevo vigor,
teniendo en cuenta las circunstancias y necesidades de hoy»

 

(S C 4).
+++

 

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Domingo V de Pascua

Fuente bautismal, Santa María en Portchester (Hants)

 

La Resurrección de Cristo…
Toda nuestra fe se basa en la transmisión constante y fiel de esta «buena nueva»  que requiere la labor de testigos entusiastas y valientes.
Todo discípulo de Cristo, también cada uno de nosotros, está llamado a ser testigo.
Este es el mandato preciso, comprometedor y apasionante del Señor resucitado.
La «noticia» de la vida nueva en Cristo debe resplandecer en la vida del cristiano, debe estar viva y activa en quien la comunica, y ha de ser realmente capaz de cambiar el corazón, toda la existencia.
Esta noticia está viva, ante todo, porque Cristo mismo es su alma viva y vivificante.
No en vano él nos dice hoy: Yo soy el camino y la verdad y la vida (cf. Juan 14, 1-12)

***

En este día de san Juan de Ávila recordamos en la oración a nuestros presbíteros.

Nuestros ministros
están reforzando los equipos de capellanes de los hospitales,
están celebrando las exequias de nuestros difuntos,
están visitando a los enfermos más graves
para llevarles el auxilio de la Confesión, de la Unción y de la Comunión,
y están ofreciendo, con creatividad,
propuestas de oración y formación
a través de las redes sociales y medios de comunicación.

Los que siguen hospitalizados
nos están regalando el testimonio admirable
de vivir la postración de la enfermedad
como ofrenda por el bien espiritual de sus fieles.

Son, todos ellos, ministros de Cristo Sacerdote,
de la Eucaristía
de la Iglesia y de la humanidad.

Ánimo

«Al partir el pan» Schiel 2018

“Ánimo»: es una palabra que, en el Evangelio,
está siempre en labios de Jesús…
Es Él, el Resucitado,
el que nos levanta a nosotros que estamos necesitados.

Si en el camino eres débil y frágil, si caes, no temas,
Dios te tiende la mano y te dice: «Ánimo”. Pero tú podrías decir:
«El valor no se lo puede otorgar uno mismo».

No te lo puedes dar, pero lo puedes recibir como don.
Basta abrir el corazón en la oración,
basta levantar un poco esa piedra puesta
en la entrada de tu corazón para dejar entrar la luz de Jesús.

Basta invitarlo:

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Los mártires del <domingo>

Hoy, en Cartago, ciudad de África, conmemoración de los santos mártires de Abitinia (actualmente, Túnez), que durante la persecución bajo el emperador Diocleciano, por haberse reunido para celebrar la eucaristía dominical en contra de lo establecido por la autoridad, fueron apresados por los magistrados de la colonia y los soldados de guardia. Conducidos a Cartago e interrogados por el procónsul Anulino, a pesar de los tormentos confesaron su fe cristiana y la imposibilidad de renunciar a la celebración del sacrificio del Señor, derramando su sangre en lugares y momentos distintos (año 304).

Recordamos a cristianos que han dado su vida por la espiritualidad del domingo: el primero y, a la vez, el octavo día de la semana.

En efecto, a principios del siglo IV, siendo ilícito el culto cristiano en el Imperio Romano, algunos fieles del Norte de África, celebrando el día del Señor, desafiaron la prohibición. Fueron condenados a muerte por declarar que no les era posible vivir sin reunirse para la Eucaristía: sine dominico non possumus. Estos mártires de Abitinia nos enseñan la fidelidad al encuentro con Cristo resucitado.

El cristiano no puede vivir sin participar en el Sacramento de la salvación deseando llevar a la vida lo que se celebra en el día del Señor (cf. Sacramentum Caritatis 95).

 

Corresponsables de la misión:
abriendo ventanas al mundo

Valdelateja, Burgos

Este domingo,
cuando participemos en la misa parroquial,
podemos revisar nuestro compromiso cristiano.

“Además de los catequistas,
hay que recordar las demás formas de servicio
a la vida de la Iglesia y a la misión, así como otros agentes:
animadores de la oración,
del canto y de la liturgia;
responsables de comunidades eclesiales de base
y de grupos bíblicos;
encargados de las obras caritativas;
administradores de los bienes de la Iglesia;
dirigentes de los diversos grupos
y asociaciones apostólicas;
profesores de religión en las escuelas.
Todos los fieles laicos deben dedicar a la Iglesia parte de su tiempo,
viviendo con coherencia la propia fe”.

(RM 74)

***

Oramos por la unidad
pero ¿somos, también, instrumentos de unidad y de paz?

El “día del Señor”: “señor de los días”. 

«Ángel de la Resurrección» (Adi Holzer)

«La Iglesia, por una tradición apostólica, que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón «día del Señor» o domingo.

En este día los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la Pasión, la Resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los «hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1 Pe, 1,3).

Por esto el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo….el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico» (SC 106).

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