Salve estrella del mar,
Santa Madre del Verbo,
Salve perpetua Virgen,
Puerta feliz del cielo.
Tu que oíste aquel Ave
de la boca arcangélica,
danos la paz más firme
cambiando el nombre de Eva.
Salve estrella del mar,
Santa Madre del Verbo,
Salve perpetua Virgen,
Puerta feliz del cielo.
Tu que oíste aquel Ave
de la boca arcangélica,
danos la paz más firme
cambiando el nombre de Eva.

La vuelta del Señor: “El deseo de reflexionar y de tratar este aspecto está muy unido –especialmente- al tiempo de Adviento, con el comienzo de cada nuevo año litúrgico. La aclamación trimembre tras las palabras de la consagración eucarística se dirige al Cristo Exaltado con las palabras «hasta que vuelvas glorioso».
En la conclusión de la oración que sigue al Padrenuestro, el sacerdote pide la liberación del pecado y la protección de toda perturbación, para que la comunidad y la Iglesia no pierdan la tensión escatológica hacia su cumplimiento en y por Cristo, sino que pueda esperar su Venida llena de confianza: <Mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo>.
Durante siglos los cristianos <han orientado> sus iglesias habitualmente hacia Oriente y han orado vueltos en esa dirección. El lucero matutino del cosmos era para ellos un símbolo de Cristo, la luz de su vida y del mundo. La pérdida de este simbolismo en la celebración litúrgica no facilita a los cristianos parecerse a las vírgenes prudentes y a los siervos vigilantes de los que habla Jesús en el evangelio. El cardenal Ratzinger llamó la atención sobre este aspecto en varias ocasiones. La reducción de la dimensión escatológica en la liturgia actual reclama una reflexión comprometida sobre si existe hoy en la vida de un cristiano una “situación en la vida”, para que adquiera una actitud de adviento. Sin esta orientación escatológica, mucha sal cristiana se convierte en sosa” (Egon Kapellari, obpo.).
***

Enseña el Concilio Vaticano II:
<La Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y los Profetas, conforme al misterio salvífico de Dios.
Reconoce que todos los cristianos, hijos de Abraham según la fe, están incluidos en la vocación del mismo Patriarca y que la salvación de la Iglesia está místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de esclavitud.
Por lo cual, la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza, ni puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles [cf. Rom 11, 16-24].
Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo.
La Iglesia tiene siempre ante sus ojos las palabras del Apóstol Pablo sobre sus hermanos de sangre, «a quienes pertenecen la adopción y la gloria, la Alianza, la Ley, el culto y las promesas; y también los Patriarcas, y de quienes procede Cristo según la carne» (Rom., 9,4-5), hijo de la Virgen María. Recuerda también que los Apóstoles, fundamentos y columnas de la Iglesia, nacieron del pueblo judío, así como muchísimos de aquellos primeros discípulos que anunciaron al mundo el Evangelio de Cristo> (NA 4).

2. Todo a su tiempo:
Desde el primer domingo de adviento y hasta el día 16 de diciembre, incluido, no se habla de Navidad, sino de Parusía (que esperamos).
A partir del 17 de diciembre y hasta el 24, incluido, no se habla de Parusía, sino de Navidad (que conmemoramos).

El tiempo de Adviento tiene una doble índole:
Las ferias del 17 al 24 de diciembre inclusive tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad (NUALC 39.42).

Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico.
Su celebración “tiene una peculiar fuerza y eficacia sacramental
para alimentar la vida cristiana” (S. Pablo VI).
Para tener presente esta idea en cada hogar merece la pena difundir la Corona de Adviento. En efecto, la colocación de unos cirios -sobre una corona de ramos verdes- es una catequesis y una celebración.
Sus luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cf. Mal 3,20; Lc 1,78).

«Europa será bendecida cuando aquí haya muchos hombres que oren comunitaria y también individualmente, y den así a Dios una respuesta de alabanza, de agradecimiento y de súplica a la palabra siempre nueva, que Él nos dirige mediante la creación y la redención. Nuestras parroquias y comunidades religiosas deben convertirse todavía más en escuelas de oración. La santidad y la belleza como participación en la gloria de Dios deben impregnar cada vez más intensamente la liturgia».
Carta Pastoral de los Obispos de Austria con motivo del Katholikentag centroeuropeo.


Pórtico de la Gloria en Santiago de Compostela con la hipótesis del colorido original
En el campo de la piedad popular hay que vigilar constantemente los aspectos ambiguos de algunas de sus manifestaciones, preservándolas de desviaciones secularistas, consumismos desconsiderados o también de riesgos de superstición, para mantenerlas dentro de formas auténticas y juiciosas. Se ha de llevar a cabo una pedagogía apropiada, explicando cómo la piedad popular se ha de vivir siempre en armonía con la liturgia de la Iglesia y vinculada con los Sacramentos»
(Ecclesia in Europa, n. 79).







