Nueva Eva:
reina y señora de la nueva creación

 

La solemnidad de la Asunción se prolonga jubilosamente
en la celebración de la fiesta de la Realeza de María,
que tiene lugar ocho días después
y en la que se contempla a Aquella que,
sentada junto al Rey de los siglos,
resplandece como Reina e intercede como Madre.

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«Jesucristo, nuestro Señor
es la corona de la justicia,
el árbol de la vida
y la palma de la victoria».

(lit. hisp-moz).

 

Cedro del Líbano,
ciprés de Sión,
rosa de Jericó…

 

 

Sicut cedrus es un canto ofertorial hispano-mozárabe para fiestas de vírgenes.
El texto del libro del Sirácida (Eclesiástico) será aplicado –de manera excelsa – a la Virgen María. Los bellos árboles como el cedro, el ciprés, el terebinto, la palmera, el olivo, la platanera, la misma vid o la rosa de Jericó ayudan a entender la belleza de la Virgen.

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San Bernardo, monje cantor de María

Enseña el Concilio:

“Ofrezcan todos los fieles súplicas apremiantes
a la Madre de Dios y Madre de los hombres
para que ella,
que ayudó con sus oraciones a la Iglesia naciente,
también ahora,
ensalzada en el cielo
por encima de todos los ángeles y bienaventurados,
interceda en la comunión de todos los santos
ante su Hijo,
hasta que todas las familias de los pueblos,
tanto los que se honran con el título de cristianos
como los que aún desconocen a su Salvador,
lleguen a reunirse felizmente, en paz y concordia,
en un solo pueblo de Dios,
para gloria de la Santísima e indivisible Trinidad”
(LG 69).

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Audición:

Seguimos en la «octava» de la Virgen de agosto…

 

El Redentor asumió nuestra carne;
la carne de su Madre.
A su Padre oramos pidiendo
el Espíritu:
“Dios todopoderoso y eterno,
por nuestra redención enviaste a tu Hijo,
que es la Palabra eterna,
y fue engendrado en el seno virginal de María,
para que, revestido de nuestra carne,
nos librase de la carga de nuestros pecados.
Ten piedad de nosotros,
de modo que, podamos decir desde la tierra,
la oración que él mismo se dignó enseñarnos:
Padrenuestro…”

(AOD del Sáb Oct Pasc. lit Hisp-Moz)

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Jardín cerrado
Hortus conclusus

 

María es comparada en los textos de la liturgia hispana con un “jardín cerrado”, con el jardín del Paraíso con sus frutos y su fuente. La liturgia reza con textos del Antiguo Testamento que evocan –prefiguradamente- a la Virgen María. Este responsorio hispano reza con el Cantar de los cantares (4,12s) y el salmo 44,5.

 

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La Pascua de María

Virgen yacente (Plasencia)

 

“La solemnidad del 15 de agosto
celebra la gloriosa Asunción de María al cielo:
fiesta de su destino de plenitud y de bienaventuranza,
de la glorificación de su alma inmaculada
y de su cuerpo virginal,
de su perfecta configuración con Cristo resucitado;
una fiesta que propone a la Iglesia y a la humanidad
la imagen y la consoladora prenda
del cumplimiento de la esperanza final;
pues dicha glorificación plena es el destino
de aquellos que Cristo ha hechos hermanos
teniendo «en común con ellos la carne y la sangre»
(Hb 2, 14; cf. Gal 4, 4).

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Vigilia de Santa María de Agosto

En este icono de las Doce Fiestas contemplamos,  en el ángulo inferior derecho, el misterio del Tránsito glorioso de Madre de Dios.

 

“Contemplando a María, la Toda Santa,
ya glorificada en cuerpo y alma,
la Iglesia ve en Ella
lo que la propia Iglesia está llamada a ser sobre la tierra
y aquello que será en la patria celestial”.

 (Compendio del Catecismo, n. 199)
 

El Calendario mozárabe de Córdoba (961) describe así el día de mañana:
XV. In ipso est christianis festum assumptionis Marie Virginis per quam sit salus.

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Madre de misericordia…
Madre de esperanza…
Consuelo de los migrantes…

Miniatura del monasterio catalán de Poblet. La Virgen yacente en su Dormición es rodeada del Colegio apostólico. El cuerpo de la Toda Santa recibe la ofrenda del incienso.

«Peregrina hacia la Santa Jerusalén del cielo,
para gozar de la inseparable comunión con Cristo,
su Esposo y Salvador,
la Iglesia recorre los caminos de la historia
encomendándose a Aquella que creyó en la palabra del Señor.
Sabemos por el Evangelio
que los discípulos de Jesús aprendieron, desde el principio,
a alabar a la «bendita entre las mujeres»
y a contar con su intercesión maternal.

Son innumerables los títulos e invocaciones
que la piedad cristiana, a lo largo de los siglos,
ha dedicado a la Virgen María,
camino privilegiado y seguro para el encuentro con Cristo.
También en el tiempo presente,
atravesado por motivos de incertidumbre y desconcierto,
el recurso devoto a Ella, lleno de afecto y confianza,
es particularmente sentido por el pueblo de Dios.

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La proclamación del Evangelio
según los usos de la Galia

San Lorenzo, diácono

“Comienza la procesión del santo Evangelio como la potencia de Cristo triunfante sobre la muerte, con los cantos ya mencionados y acompañada de siete candelabros de luz, que son los siete dones del Espíritu Santo o las siete lámparas asociadas al misterio de la cruz [cfr. Ex. 25, 31; 37, 17; Num. 8, 4].

Sube la procesión al tribunal o ambón [Cfr. San Isidoro, Etym., 15, 4, 16], como si fuera la sede del reino del Padre para que desde allí resuenen los dones de la vida, a la que los clérigos aclaman: Gloria a ti, Señor, como los ángeles que, nacido el Señor, se aparecieron a los pastores y cantaron: Gloria a Dios en el cielo (Lc. 2, 14)”

(Ps. Germán de París, Exp. Missæ, 11).

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En el ámbito hispano ha quedado este testimonio de los siete candelabros ante el altar:

Kandelabrum cum septem lucernis argenteum ante altare illuminandum.

(Dotación de la infanta Urraca, en 1099, al monasterio de san Pedro de Eslonza / León
cf. Gómez Moreno, Iglesias mozárabes, 329.)

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Plan interesante para estos días de novena:

Virgen Durmiente de la catedral de Plasencia