Domingo de la Ascensión:
prestos a difundir el Evangelio

«La actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia… es cada vez más evidente que las gentes que todavía no han recibido el primer anuncio de Cristo son la mayoría de la humanidad.

Hay que dirigir, pues, la atención misionera hacia aquellas áreas geográficas y aquellos ambientes culturales que han quedado fuera del influjo evangélico. Todos los creyentes en Cristo deben sentir como parte integrante de su fe la solicitud apostólica de transmitir a otros su alegría y su luz».

(RM 40)

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  1. Pensamiento para releer:

«Por su Ascensión, Cristo, lejos de desaparecer, comienza, por el contrario, a hacerse presente y a venir…

Cantado como el Sol de Justicia que sube del Oriente, se eleva para llenarlo todo con su luz…

El Verbo encarnado está en el seno del Padre para hacer manar el Río de Vida» (J. Corbon)

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Intercede para concedernos su Espíritu

Hetimasía en San Salvador en Chora

Oh Cristo, que sin abandonar a los hombres,
subiste al cielo,
mira a los que deseamos tu presencia;
a ti, que has introducido en el cielo, como prenda,
el cuerpo que quisiste
te pedimos y suplicamos
que nos concedas el consuelo del Espíritu Santo.
Santifica con su presencia los dones que te presenta la Iglesia,
e ilumina la intimidad de nuestros corazones.

R/. Amén.

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“Cuando hablamos de Cristo que asciende al Padre siempre nos preguntamos si nos ha dejado solos. El trono vacío en la iconografía cristiana de los primeros siglos parece hacerse eco de esa ausencia que, desde la perspectiva del capítulo cuarto del Apocalipsis, es también presencia. La iconografía del trono también alude al trono terrestre, la cátedra episcopal. Como han hecho algunos investigadores, la cátedra situada al fondo del ábside de las iglesias hispanas, hacia la cual se tenían que dirigir necesariamente todos en la anáfora, es una expresión de esa ausencia-presencia y, a su vez, del carácter icónico del ministerio sacerdotal”. (A. Ivorra)

Cf. Comentario a las lecturas del Tiempo Pascual

El Paraíso plantado al Oriente

En el sacramento de la Eucaristía, prenda de vida futura, se realiza la recuperación de aquella alianza primordial cuando el hombre vivía la comunión plena con Dios y tenía acceso al árbol de la vidaPlantó Yhwh Dios un jardín en Edén, al Oriente, donde colocó al hombre que había creado (Gn 2, 8; cfr. Gn 3, 24). La simbología del Paraíso plantado a Oriente, lugar del nacimiento del sol, determinó la orientación de la oración en las Iglesias de la antigüedad.

En la celebración eucarística volverse hacia el Este es volverse hacia el Señor, auténtico Oriens. Esta oración hacia la luz expresó, también, una expectación escatológica:
si el Señor se marchó hacia Oriente de allá volverá como la luz, el que es Luz de Luz.
Esta costumbre en la plegaria expresa la convicción de una tradición reputada como apostólica.
Particularmente en España, adquiere su importancia en la época áurea de nuestra espiritualidad visigótica como lo muestran las construcciones arquitectónicas: “La constante orientación de las iglesias de este periodo, situadas hacia el Este sin excepción, y sobre todo la existencia frecuentísima de una ventanilla ritual al fondo del ábside indicando la dirección Este, prueban que el celebrante debía dirigir su rostro, mientras actuaba en el altar, hacia el Oriente, la dirección por la que, según la tradición, había de volver el Cristo escatológico al fin de los tiempos

 

(A. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, El reflejo de la liturgia visigótico-mozárabe en el arte español de los siglos VII al X, MC 43 (1965) 293-327 [aquí: 321]).
Cfr. R. PUERTAS TRICAS, Iglesias hispánicas, siglos IV al VII. Testimonios literarios, Madrid 1982.

 

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Oh Dios, Hijo de Dios,
que ascendiendo al Padre,
prometiste de viva voz,
que habías de volver de nuevo a nosotros,
ven y pon tu morada entre nosotros,
manifestándote a quienes ordenaste rezar así desde la tierra:

Padrenuestro…

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La Liturgia en el misterio de la Iglesia

Celebración de la Misa de Inicio de Año en la comunidad monástica dominica de Loeches (Madrid)

<Por medio de la Liturgia
«se ejerce la obra de nuestra Redención»,
sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía,
contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida,
y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y
la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia.
Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina,
visible y dotada de elementos invisibles,
entregada a la acción y dada a la contemplación,
presente en el mundo y, sin embargo, peregrina;
y todo esto de suerte que en ella lo humano
esté ordenado y subordinado a lo divino,
lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación
y lo presente a la ciudad futura que buscamos.
La Liturgia robustece admirablemente las fuerzas [de los cristianos]
para predicar a Cristo…>
(Concilio Vaticano II, SC 2).

 

La confianza en la Palabra de Dios

 

Hoy es martes del tiempo pascual
todavía no celebramos la Misa en Rito Hispano.
Intensificamos nuestra espiritualidad
en la vida de la Iglesia.
No olvidemos la importancia de la lectura
de la Palabra de Dios,
la celebración de alguna parte del
Oficio Divino (Laudes, Vísperas, etc.)
de algunas devociones:
Regina coeli,
Rosario,
Via Lucis, etc.

 

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Recordamos que la primera característica
de nuestra antigua espiritualidad hispana
es su carácter bíblico:
escudriñar la Escritura, difundir su Palabra, vivir en coherencia con ella…
Una película que nos ayudará:

 

 

Cincuentena pascual:
tiempo alegre del <Aleluya>

Isidoro Hispalense preside el concilio IV de Toledo.
En esa asamblea se dice de la Cincuentena pascual
que es <el tiempo de la resurrección de Cristo,
en el cual conviene cantar alegremente el aleluya
y trocar el dolor en gozo> (c. XI, año 633).

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«Alleluja»
es una adaptación de la expresión hebrea
hallĕlū-Yăh,
que significa literalmente
«alabad a Yah [véh]».
Las aclamaciones del “Gloria”
y del “Aleluya”
son la nota dominante del tiempo pascual,
(llamado en griego la Pentecostés o cincuentena).

 

VI Domingo de Pascua

 

La Pascua de Cristo es el acto supremo e insuperable del poder de Dios.
Es un acontecimiento absolutamente extraordinario,
el fruto más hermoso y maduro del «misterio de Dios».
Es tan extraordinario, que resulta inenarrable en aquellas dimensiones
que escapan a nuestra capacidad humana de conocimiento e investigación.
Y, aun así, también es un hecho «histórico», real, testimoniado y documentado.
Es el acontecimiento en el que se funda toda nuestra fe.
Es el contenido central en el que creemos y el motivo principal por el que creemos.

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Hoy es san Pascual, franciscano.
Oramos con las HH. Clarisas

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Señor Jesucristo,
que has muerto para volver a la vida,
que has sido sepultado para resucitar,
tú que con tu muerte salvas a los difuntos
y clavado en la cruz nos obtienes el perdón,
acoge nuestras plegarias
con aquel amor que te ha llevado a sufrir lo indecible
y pon término a nuestras tribulaciones.
Apiádate de los que has perdonado;
que quienes nos sentimos oprimidos
por el recuerdo de las culpas cometidas,
te hallemos de nuevo dispuesto a perdonamos con misericordia,
y, alcanzada la paz del espíritu,
podamos disfrutar de las ventajas de bienes más altos.
R/. Amén.

Oración pascual hisp-moz (Alia)

No temáis:
el anuncio de Pascua

 

“Al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro.
Allí, el ángel les dijo:
«Vosotras, no temáis […]. No está aquí: ¡ha resucitado!»
(Mt 28, 5-6).
Ante una tumba escucharon palabras de vida…
Y después encontraron a Jesús, el autor de la esperanza,
que confirmó el anuncio y les dijo:
«No temáis» (v. 10).
No temáis, no tengáis miedo:
He aquí el anuncio de la esperanza.
Que es también para nosotros, hoy. Hoy.
Son las palabras que Dios nos repite en la noche que estamos atravesando”.

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 Hoy recordamos a
san Brendan, el navegante (+577).
A él encomendamos
a los que están solos.

 

 

San Isidro, labrador de Madrid

El 15 de mayo los agricultores cristianos vuelven su mirada a un mozárabe madrileño: Isidro, sin apellidos.
Un labriego de aquel  Mayrit que, al compás su nacimiento, entraba de la mano de Alfonso VI en la historia de Europa.
El 15 de mayo no es es el día de la muerte del santo. Normalmente a los mártires como a los confesores de la fe se les recuerda el día de su «nacimiento para el cielo».
Sin embargo, en el caso del madrileño tuvieron más fuerza las fiestas primaverales -en tiempo de Pascua- que concitaban a propios y extraños allende el Manzanares (Guadarrama, se decía antes), donde hoy se levanta la Ermita del Santo.
Estas reuniones campestres, de las parroquias de san Andrés de Madrid y Santiago de Carabanchel, primero en la octava de Pascua y después -como hoy- a mediados de mayo parecen ser continuación de aquella «rusticatio paschalis» medieval donde los mozárabes madrileños celebraban la «Pascha annotina» o renovación bautismal de su fe.

 

Hoy lo hacemos desde casa: prendemos una luz, llenamos un platillo con sal y renovamos nuestra fe rezando el Credo y el Padrenuestro.

 

Nada mejor para hoy que la audición del Himno IV a san Isidro
del códice de Juan diácono:
<En presencia del santo>