Sobre la riqueza de la invocación
<Kyrie eleison> 

Por lo que respecta a la expresión “¡Señor, ten piedad de mí!”, en la Filocalia hay una maravillosa explicación, en un capítulo titulado “Explicación del ‘¡Señor, ten piedad!’ (Kyrie Eleison)”.  

Entre otros aspectos, el autor dice: «La misericordia de Dios no es otra cosa que la Gracia del Espíritu Santo, que nosotros, los pecadores, debemos pedirle a Dios, clamando sin cesar: “¡Señor, ten piedad de mí!”, que significa:  

“Apiádate de mí, que soy un pecador, Señor, y mira el estado en el que me encuentro.  

Llévame de vuelta a Tu Gracia.  

Concédeme el espíritu de la fuerza, para confortarme y poder enfrentar las tentaciones del demonio y los malos hábitos de todo pecador.  

Concédeme el espíritu de la contrición, para poder transformarme, para alcanzar el conocimiento de mí mismo y poder redimirme.  

Concédeme el espíritu del temor y del sobrecogimiento, para poder temerte a Ti y saber respetar Tus mandamientos.  

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Amigos fuertes de Dios

Misa en Rito hispano-mozárabe en la parroquia de San Manuel y San Benito (2-1-20): veneración final del Icono mariano

«San Agustín dijo que toda la historia es una lucha entre dos amores:
amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios;
amor a Dios hasta el desprecio de sí, en el martirio.
Nosotros estamos en esta lucha
y en esta lucha es muy importante tener amigos».
(Benedicto XVI)

 

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Ocho días
tras la Natividad de María:
María junto a la Cruz 

 

La que, en sus inicios, fue una memoria mariana de los frailes servitas fue extendida a toda la Iglesia por el Papa Pío VII (1814) y se celebraba el tercer domingo de septiembre.

En 1912 el papa san Pío X la fijó en la fecha del 15 de septiembre, antigua octava de la Natividad de María.

Tanto el Breviarium Gothicum como el Misal Mozárabe de Cisneros denominan a este día:
Octava Sancte Marie.

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La Santa y Vivificante Cruz

Incensación de la reliquia de la Cruz en el Santo Sepulcro en la liturgia franciscana (3 mayo 2020)

La más antigua tradición hispana
observaba la fiesta de la Cruz Gloriosa
el día 3 de mayo,
en pleno tiempo pascual.
Con la difusión del calendario romano
se extendió la fiesta de hoy.

 

El Leccionario Armenio de Jerusalén (s. V)
habla ya de la fiesta que se celebraba al día siguiente
del aniversario de la Dedicación de la Basílica de la Santa Resurrección
(«Anástasis» y «Martirio»):

 

«El 13 de septiembre, Dedicación de los santos lugares de Jerusalén…
Al día siguiente [día 14], se hace asamblea en el Santo Martirio y …
se muestra la venerable Cruz a toda la asamblea» (cap. 67-68).

Oramos por el fin de la pandemia

En este domingo 
-XXIV del tiempo durante el año-
oramos por el fin de la pandemia

 

El Señor soportó nuestros sufrimientos  
y aguantó nuestros dolores (Is 53,4). 

  

DIOS todopoderoso y eterno, 
refugio en toda clase de peligro, 
a quien nos dirigimos en nuestra angustia; 
te pedimos con fe que mires compasivamente nuestra aflicción, 
concede descanso eterno a los que han muerto, 
consuela a los que lloran, 
sana a los enfermos, 
da paz a los moribundos, 
fuerza a los trabajadores sanitarios, 
sabiduría a nuestros gobernantes 
y valentía para llegar a todos con amor 
glorificando juntos tu santo nombre. 

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, 
que vive y reina contigo 
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios 
por los siglos de los siglos. 

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Poema a la Natividad de María

 

Sabemos que la fiesta del Nacimiento de María
(8 de septiembre)
era celebrada -entre otros- por los cristianos mozárabes de Córdoba.
Así se menciona en el notorio Calendario de Recemundo (961).

 

Del siglo de oro español
rescatamos este poema del fénix de los ingenios
para invocar el nombre de María:

 

Si en brazos de Dios nacéis 
¿quién sois?, Niña soberana, 
que para casa tan pobre 
parecéis muy rica Infanta. 

Tres veces catorce dicen 
los deudos de vuestra casa, 
que son las generaciones 
de vuestra sangre preclara. 

La primera es de Profetas 
y divinos Patriarcas, 
desde Abraham a David, 
de quien seréis torre y arpa. 

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Tras el 8 de septiembre

“¡Felices entrañas de Joaquín,
de las que provino una semilla absolutamente inmaculada;
admirable seno de Ana, gracias al cual se desarrolló lentamente
donde se formó y del que nació una niña toda santa!».

San Juan Damasceno, Homilía sobre la Natividad, 1-2
en Pierre Voulet (ed.), Saint Jean Damascène. Homélies sur la Nativité et la Dormition.
Texte grec, introduction, traduction et notes, Paris, Editions du Cerf, 1961, p. 49.

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La fiesta de la Natividad de María fue dotada de octava por Inocencio IV (1243).
Otro Papa, Gregorio XI ha hizo preceder de vigilia en 1378.

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Formación sobre los Evangelios y el tiempo de Jesús:

Geografía y costumbres de la Biblia

Alguna simbólica del icono mariano 

  1. Maforion o velo: cubre la cabeza y el cuerpo de la Virgen. Generalmente es de color rojo signo de la luz y la divinidad. Nos recuerda que es la Madre de Dios.
  2. Estrellas doradas: nos refieren la identidad de María como hija del Padre, madre del Hijo y templo del Espíritu Santo. También expresan su triple virginidad.
  3. Túnica: generalmente de color azul, signo de todo lo humano que hay bajo el cielo.
  4. Las letras griegas MP ƟY y IC XC: son las abreviaciones para “Madre de Dios” y para “Jesús el Cristo”. En el halo del Niño aparecen también las letras O Ω N, el nombre divino: “El que es”.
  5. Cabeza velada: significa la presencia de la gracia del Espíritu Santo.
  6. Las manos del Hijo de Dios: Cristo bendice con la diestra mientras  que su izquierda muestra el rollo de la Palabra de Dios, su propia identidad. La túnica dorada hace referencia a su Persona divina.

Generalmente, el icono de la Madre de Dios con las manos alzadas representa a la Iglesia orante. A veces el Niño aparece dentro de un círculo. Se le denomina «Virgen del Signo» y es muy común venerarlo en las semanas previas a la Navidad.

 

Santa María de Torrelaguna
o la «estrella carpetana»

El primer día de la «octava» del nacimiento de la Virgen
se recuerda a una mujer de la Marca Media medieval
que pasó a la historia como «la estrella carpetana».

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Tantas veces parece que las fuentes históricas solo nos informan de los hechos de personas “grandes”, como si el resto de la gente careciese de significado histórico. Y, sin embargo, la Iglesia de Madrid celebra a inicios de septiembre a una persona medieval humilde, escondida con Cristo en Dios: una mujer, trabajadora, esposa, madre de familia, viuda y anacoreta. En su época -siglo XII- y, con las debidas excepciones (Hildegarda de Bingen o Juliana de Norwich), el papel de las mujeres era, sobre todo, el de esposas que colaboraban con sus maridos o el de viudas que tenían una existencia nada fácil. Esta fue la situación de la madrileña universal que fue santa María, esposa de san Isidro y madre de san Illán.

El texto más antiguo donde se menciona a la santa es el manuscrito conocido como el Códice de Juan Diácono: una colección de relatos de milagros realizados por su esposo Isidro, escrito en latín con primorosa caligrafía a mediados del siglo XIII, cuando todavía se conservaba fresca la memoria del matrimonio que eligió vivir con el trabajo de sus manos para ganar su sustento… sirviendo a un caballero de Madrid. [Isidro], en compañía de su esposa, se puso a trabajar en un campo próximo a la villa, dando a Dios lo que era de Dios, y con la debida fraternidad para su prójimo [2].  

Con una entrega a los demás que se concreta en este relato: Isidro… siempre rebosaba misericordia en su corazón y nunca dejaba de dar limosna en la medida de sus posibilidades.  

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