El árbol de la vida es la Cruz del Señor

Bendición hispana
Que la cruz de nuestro Señor Jesucristo
sea toda vuestra gloria.
Que su sangre sea siempre para vosotros
la verdadera redención.
Y que su resurrección
sea para vosotros la gloria eterna.
Os lo conceda aquél,
que en Trinidad, un solo Dios,
vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
(Oracional Visigótico, n. 295).

Sobre el Calendario de Recemundo

Fíbula visigótica de Castiltierra

“En Córdoba, hace más de mil años, en el 961, en los inicios del califato de Alhakén II y cuando todavía existía una importante comunidad mozárabe —cristianos que mantenían su fe—, el obispo de entonces, llamado Recemundo, elaboró un calendario, que se conoce con el nombre de <Calendario Mozárabe de Córdoba> y también como el <Libro de la división de los tiempos>. En ese calendario aparecen curiosas informaciones acerca de las formas de vida y costumbres de la época. En él estaban recogidos las agrícolas que eran propias de cada una de los estaciones del año, indicándose las actuaciones que los agricultores habían de llevar a cabo para obtener los mejores resultados. Contenía información acerca de la meteorología, así como pronósticos basados en la observación de los astros y su posición en el firmamento. No olvidemos que la astrología, que estudiaba la influencia de los astros en la vida de las personas, era una reputada ciencia en aquella época. También ofrecía información sobre las propiedades de los alimentos y las prácticas que se consideraban adecuadas para el mantenimiento de la salud. Según Recemundo, la época adecuada para plantar las estacas en Córdoba era el mes de enero o que el de septiembre era el de la recolección de los frutos. Indicaba que en este último mes se preparaba un jarabe con el zumo de las granadas mezclando el de la dulce y la ácida, y se utilizaba como colirio para las afecciones oculares”. (José Calvo Poyato)

 

 

 

Apuntes sobre la formación del Rito Hispano (Gotho-mozárabe)

Celebración de san Babilés según la liturgia hispana (Boadilla del Monte, Madrid)

«En la formación del Rito [hispano] convergen, por lo tanto, la obra literario-doctrinal de los Padres de las Iglesias hispánicas y la legislación de los concilios. Pero el valor documental de las disposiciones conciliares no siempre es de carácter estrictamente disciplinar.

 

San Isidoro de Sevilla, en sus años juveniles, había escrito el tratado <De Ecclesiasticis Officiis>, que bien puede ser considerado el primer «manual de liturgia» de la historia. Allí se demostraba ya informado sobre los usos litúrgicos de otras iglesias occidentales. El mismo san Isidoro, en la plena madurez de su erudición y su experiencia pastoral, presidió el IV Concilio de Toledo y redactó personalmente las actas del mismo. Los cánones relativos a la liturgia no eran ya simples normas de observancia, antes bien cada uno de ellos contenía una ilustración adecuada para que fuesen comprendidas las razones históricas o doctrinales de lo que el concilio ordenaba.

 

El X Concilio de Toledo (656) instituía la fiesta de Santa María, el 18 de diciembre. Esta vez el canon 1 fue redactado por san Ildefonso, que jugó un papel decisivo en aquel concilio. Las razones que en el mismo se exponen son de máximo interés para la historia y la teología del año litúrgico».

 

(Prenotando del Misal Hispano-mozárabe, n. 6)

 

Santa María y san Isidro,  esposos madrileños

Santa María [de la Cabeza] vivió en el s. XII.
Uceda, Caraquíz, Torrelaguna y Madrid -entre otros lugares-
fueron testigos de la vida de esta mujer del campo de Castilla.
Trabajadora, esposa, madre y anacoreta.
Recibe culto tras la devoción que alcanzó su esposo, Isidro.
Sabemos muy poco de la vida de estos labradores.
Ambos pertenecieron a la tradición hispano-mozárabe.
Unas pinceladas introductorias sobre el Rito hispano:

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Este domingo tiene acento mariano:

la Natividad de la Virgen

 

La fiesta del nacimiento de María es propia del Oriente.
Se difunde en Roma en torno al siglo VII-VIII
gracias a los monjes que vienen de Siria y del resto de Oriente.

 

Detalle del Icono de las Doce Fiestas
Particular: Nacimiento de la Virgen
Colec Part. C, n. II.

En España es celebrada por las comunidades mozárabes de la Bética.
La Iglesia de Córdoba la atestigua en su Calendario,
el denominado de Recemundo (año 961).
Se encuentra en el Misal de Cisneros y
está en la lista de Misas que han de ser celebradas
en Rito Mozárabe en Salamanca.

La procesión de las ofrendas

Normalmente, en la misa celebrada en Rito hispano, cada martes en Madrid, la procesión de las ofrendas del pueblo al altar es realizada de modo solemne con cruz, ciriales e incienso.

En España, el concilio de Elvira (303 c.) fue el primero en regular la práctica ofertorial. Durante los siglos IV y V, la práctica de llevar los fieles el pan y el vino para el sacrificio era general en las iglesias de Occidente; así, se subrayaba la participación material de los fieles en el sacrificio.

Los dones eran depositados en el donarium y llevados al altar por los ministros durante el canto de ofrendas denominado Sacrificium. Isidoro nos muestra que la liturgia visigótica no era ajena a este despliegue simbólico; es más, forma un paralelismo con la procesión con el Evangeliario. De idéntica costumbre, en época mozárabe, se hace eco Beato de Liebana:

<Se llevan cirios cuando se lee el Evangelio
o se presentan las ofrendas para el sacrificio>

(Etymologiarum VII, 12, 29-30
Com II, Prologus 4, 79ss, 140).

Así se realizó en el X Congreso Eucarístico Nacional (Toledo 2010). Esto aparece en la catequesis previa: “La procesión de entrada se abre con el incienso, pero también la procesión de ofrendas: llevando al altar los fieles las patenas y los cálices van precedidos de los acólitos con la cruz, dos cirios encendidos y con el incensario humeante abriendo camino a los dones que se van a consagrar”.