Inmaculada Virgen María “de la Almudena”.

Con esta advocación mozárabe
se celebra el 9 de noviembre
-antes el 8 de septiembre-
en la Villa de Madrid
a la Inmaculada Madre de Dios.

El icono ruso de la iglesia ortodoxa
del Patriarcado de Moscú
refleja los trazos de la Virgen:
Coronada por los ángeles,
vestida del sol, la luna a su pies…
El icono oriental incorpora
el tetramorfos; en este caso,
representando a los evangelistas.
La oración hispano-mozarábe
glorifica a la Trinidad por la obra de gracia
realizada en y por medio de María:

<Gloria a ti, Dios, gloria siempre a ti,
que preservaste del pecado original,
a la bienaventurada Virgen María,
de quien tu Hijo se dignó nacer hombre,
para prepararle, así, una digna morada;
concédenos
por intercesión de la misma Inmaculada Virgen María,
no solo vivir puros en la tierra
sino participar de tu bienaventuranza en los cielos.

R/. Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro,
que eres bendito y vives y todo lo gobiernas,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.>

 

Post Gloriam

 

Cantando a la Virgen Inmaculada

Aleluya. Es grande la Hija de Sión
y la más esclarecida de toda la tierra, aleluya.
V/. Aleluya. Bendita tú -por Dios- en toda la casa de Jacob.
Tú, eres la gloria de Jerusalén; tú, la honra de tu pueblo.
R/. En toda la tierra, aleluya.

 

Canto de ofrendas (Sacrificium)

El canto final Salve Regina

El canto a la Virgen, la Madre del Señor ha sido popular en la Iglesia desde hace siglos. No olvidemos el antiguo canto del Acathistosen Oriente o <Las Cantigas de Santa María> en nuestro Medievo. También, antífonas o invocaciones marianas han estado presentes en la liturgia como corolario de la celebración eucarística (cf. Jungmann, MS II, 592. 675). En concreto, la Salve entró en el Breviarium romanum en el siglo XIV y el Cardenal Cisneros la introdujo en el Misal Mozárabe (1500) como antífona final de la Misa. En efecto, esta costumbre -que continúa en las celebraciones hispanas de Madrid- aparece el Missale Mixtum de Cisneros al concluir la Vigilia Pascual precedida de la siguiente rúbrica“Al final de la Misa se dice la Antífona en alabanza a la gloriosa Virgen María”.

Para la historia de la Salve en Toledo,

cf. http://www.hispanomozarabe.es/ora/ora-sal.htm

En el X Congreso Eucarístico Nacional celebrado en Toledo (2010) los fieles cantaron la antífona Salve Regina mientras el Arzobispo Primado incensaba la imagen de la Virgen María. La costumbre se ha mantenido en otras celebraciones del Rito hispano-mozárabe de diversas diócesis españolas.

La ofrenda del incienso

El rito de incensación expresa reverencia y oración, como se da a entender en el salmo 140, 2 y en el libro del Apocalipsis 8,3.

 

En el pebetero o en el incensario se quema incienso puro de olor agradable. También pueden agregarse otras materias olorosas procurando que la cantidad de incienso sea mucho mayor (cf. Cerem. Episc. 85).

 

El altar, si está separado de la pared se inciensa pasando alrededor del mismo; si el altar está unido a la pared,  se inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar.

 

Si la cruz está sobre el altar o cerca de él, se inciensa antes que el mismo altar, de no ser así, se inciensa cuando se pase ante ella.

 

Las ofrendas se inciensan antes de la incensación del altar y de la cruz  (cf. Cerem. Episc. 93).

La entrega oblativa de Jesús

El memorial de su total entrega
no consiste en la simple repetición de la última Cena,
sino propiamente en la Eucaristía, es decir,
en la novedad radical del culto cristiano.
Jesús nos ha encomendado así
La tarea de participar en su « hora ».
«La Eucaristía nos adentra
en el acto oblativo de Jesús.
No recibimos solamente
de modo pasivo el Logos encarnado,
sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega».
Él « nos atrae hacia sí ».
La conversión sustancial del pan y del vino
en su cuerpo y en su sangre
introduce en la creación
el principio de un cambio radical,
como una forma de « fisión nuclear »,
por usar una imagen bien conocida hoy por nosotros,
que se produce en lo más íntimo del ser;
un cambio destinado
a suscitar un proceso de transformación de la realidad,
cuyo término último
será la transfiguración del mundo entero,
el momento en que Dios será todo para todos

(cf. 1 Co 15,28).

[Sacramentum Caritatis 11.]

El incienso expresión de oración…

El Salmo 140 nos hace cantar en la tarde:

“suba mi oración como incienso en tu presencia”

Además de la ofrenda del incienso
en la oración vespertina
usamos incienso en la Misa.

El altar y las ofrendas de pan y vino        -sobre él-
se inciensan para significar
que la oblación de la Iglesia y su oración
suben ante el trono de Dios como el incienso.
Junto con el pan y el vino ofrecidos sobre el altar,
que son incensados,
también el presidente se ofrece a sí mismo,
y con él toda la comunidad y, así,
se convierten ellos mismos en ofrenda y sacrificio,
unidos e incorporados al sacrificio de Cristo.

 

“Día de ánimas”

Ofreciendo la Misa por ellos…

2 NOV
Conmemoración de Todos los fieles difuntos.

La Santa Madre Iglesia,
después de su solicitud en celebrar
con las debidas alabanzas
la alegría de todos sus hijos bienaventurados en el cielo,
se interesa ante el Señor
en favor de las almas
de todos cuantos nos precedieron en el signo en fe
y duermen en la esperanza de la resurrección,
y por todos los difuntos
desde el principio del mundo,
cuya fe sólo Dios conoce,
para que, purificados de toda mancha del pecado
y asociados a los ciudadanos celestes,
puedan gozar de la visión de la felicidad eterna.

1 Noviembre

1 NOV

Solemnidad de Todos los Santos
que están con Cristo en la gloria.
En el gozo único de esta festividad,
la Iglesia Santa,
que todavía peregrina en la tierra,
celebra la memoria de aquellos
cuya compañía alegra los cielos,
para recibir el estímulo de su ejemplo,
la alegría de su patrocinio
y, un día, la corona del triunfo
en la visión eterna de la divina Majestad.

Arrodillarse en Misa

En la documentación preparatoria  del Sínodo para la Eucaristía (2005) se valoraba: “la práctica de arrodillarse durante la plegaria eucarística” (Instrumentum laboris, n. 64) y recordaba que “los sacerdotes y los fieles manifiestan la fe y la adoración a través de los gestos del cuerpo según las indicaciones de los libros litúrgicos o según la tradición. Es posible adaptar tales gestos en base a la cultura, con tal que sean expresivos de la veneración y del amor hacia el misterio de la Eucaristía” (Ib. n. 67).

Después, una de las propuestas presentadas al Santo Padre por los Padres sinodales tras la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos “La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia” (2 al 23 de octubre de 2005) recomendaba:

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