Canto de entrada  o  <Prælegendum>

«Las fuentes de la tradición B [del Sur o Bética] designan el <Prælegendum> con el nombre más genérico de <Officium>. En cambio, en la liturgia galicana se le denomina también <Prælegendum>…

Tanto la descripción de la Misa galicana del pseudo-Germán, como su clara analogía con los cantos romano y ambrosiano, demuestran su verdadera naturaleza de canto procesional, destinado a acompañar la entrada y acceso al altar del celebrante y sus ministros».

(Cf. Prenotandos del Misal Hisp-Moz., nn. 26s)

 

Todos los santos y los difuntos

En la Iglesia de Roma el recuerdo de los mártires estaba relacionado con Pentecostés.

El papa Bonifacio IV dedicó el templo romano de “Todos los dioses” (Panteón) a “María y todos los mártires” en el año 610 (13 de mayo). Por razones prácticas –la mejor atención a los peregrinos fuera de las fiestas pascuales- el papa Gregorio IV –en 840- trasladó la fiesta al comienzo de Noviembre –tras las labores de la cosecha.

Esta celebración –precedida de una vigilia- recibiría en inglés antiguo la denominación «All Hallow’s Even» (Vigilia de todos los Santos). La evolución fonética daría el vocablo «halloween» que se ha introducido entre nosotros -a finales del s. XX- con resabios paganos y confundiendo, además, la conmemoración de los santos con la de los muertos. Una vez más se constata la importancia de la publicidad y el consiguiente despliegue comercial.

En la España visigótica la conmemoración de los difuntos se realizaba el lunes después de Pentecostés (cf. Regla monástica de S. Isidoro, siglo VII); posteriormente, la tradición benedictina de Cluny la fijaría el 2 de noviembre (s. X). Esta memoria se extendería a toda la Iglesia occidental con la adopción del Rito romano.

 

«A lo largo del año, la Iglesia católica celebra a los santos que ha canonizado oficialmente y que presenta como modelos y testigos ejemplares de la fe». Con la fiesta del 1 de noviembre, día de Todos los Santos, la Iglesia desea «honrar a los santos «anónimos» –mucho más numerosos– que con frecuencia han vivido en la discreción al servicio de Dios y de sus contemporáneos». Es esta una fiesta de «todos los bautizados, pues cada uno está llamado por Dios a la santidad».

 

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San Isidro en noviembre

Dibujo del arca primitiva del santo labrador de Madrid

Para conmemorar el IV centenario de la beatificación del santo mozárabe,
su Real Congregación de naturales de Madrid
convoca -en la Colegiata de san Isidro-
a una Vigilia que inicia con un Lucernario y adoración del Santísimo Sacramento:
el sábado 2 de noviembre (20’45 h c/ Toledo Metro: La Latina).

 

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El jueves 21 de noviembre la cita isidril será en la Ermita del Santo
con la celebración de la Misa en Rito Hispano-Mozárabe.
Ese día en ambiente de Adviento se celebra la memoria mariana
de la Presentación de la Virgen en el Templo.
Dos días para reservar en la agenda.

 

La oración de la mañana (Matutinum)

 

<Se reza al salir el sol para celebrar la resurrección de Cristo. A la luz radiante de la madrugada Nuestro Señor y Salvador resucitó de los infiernos, cuando comenzaba a nacer para los fieles la luz, que a la muerte de Cristo se había ocultado para los pecadores. También creemos que a esa hora llegará para todos la esperanza de la futura resurrección, cuando los justos y todos los difuntos se despertarán como resurgiendo del sopor del sueño, de esta muerte temporal>.

(S. Isidoro, Sobre los Oficios)

Convicciones

Campana visigoda (Morón de la Frontera)

«¿Qué es la liturgia sino la fuente pura y perenne de «agua viva» a la que todos los que tienen sed pueden acudir para recibir gratis el don de Dios? (cf. Jn 4, 10)…
La liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza…
La vida espiritual de los fieles se alimenta en la celebración litúrgica.
Es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración»
(VQA 1.2.10)

 

Venga tu Reino

 

Al mostrar la hostia fraccionada el ministro está invitando al mundo al Reino.

El gesto mismo es ya una petición para que el Reino se haga presente.

 

En este “tercer milenio de la Redención, Dios está preparando una gran primavera cristiana, de la que ya se vislumbra su comienzo. En efecto, tanto en el mundo no cristiano como en el de antigua tradición cristiana, existe un progresivo acercamiento de los pueblos a los ideales y a los valores evangélicos, que la Iglesia se esfuerza en favorecer. Hoy se manifiesta una nueva convergencia de los pueblos hacia estos valores:

el rechazo de la violencia y de la guerra;

el respeto de la persona humana y de sus derechos;

el deseo de libertad, de justicia y de fraternidad;

la tendencia a superar los racismos y nacionalismos;

el afianzamiento de la dignidad y la valoración de la mujer.

La esperanza cristiana nos sostiene en nuestro compromiso a fondo para la nueva evangelización y para la misión universal, y nos lleva a pedir como Jesús nos ha enseñado:

«Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo » (Mt 6, 10)”.

(RM 86)

Recordemos que mañana, martes, nos reunimos para la Misa en Rito hispano (19 h.).

La hispana:
¿una liturgia antioquena en Occidente?

Extensión del Imperio bizantino, s. VI

 

Un trabajo interesante:

Francisco María Fernández Jiménez, “Influencias y contactos entre la liturgia hispana y las liturgias orientales bizantina, alejandrina y antioquena,” en Inmaculada Pérez Martín – Pedro Bádenas de la Peña, Bizancio y la Península Ibérica: De la Antigüedad tardía a la edad moderna, Madrid 2004, 165–76

[El autor] “estudia las «Influencias y contactos entre la liturgia hispana y las liturgias orientales bizantina, alejandrina y antioquena».

Para explicar los orígenes de la liturgia hispano-mozárabe se remonta a las dos zonas por donde el cristianismo penetró en Hispania:
la Tarraconense, relacionada con Roma y Antioquía,
y la Bética, en relación con el norte de África.

Explica que es en el IV Concilio de Toledo (633),
presidido por San Isidoro de Sevilla,
cuando se regulariza la liturgia en la iglesia de España y para ello se mira a Bizancio.

La influencia bizantina se constata principalmente
en la solemnidad del Rito
en la introducción del Credo,
así como el canto del Trisagio,
en la liturgia de la Palabra,
el rezo de los dípticos y
el rito de la Comunión.

No obstante, señala que la liturgia hispano-mozárabe es,
fundamentalmente antioquenoromana,
si bien con influjos bizantinos en sus celebraciones rituales”

(Mercedes LÓPEZ SALVÁ)

Usos y costumbres del Pueblo de Dios

Pórtico de la Gloria en Santiago de Compostela con la hipótesis del colorido original

«Se ha de dedicar también una atención especial a la piedad popular. Muy extendida por las diversas regiones de Europa mediante las Hermandades, procesiones y peregrinaciones a numerosos santuarios, enriquece el itinerario del año litúrgico, inspirando usos y costumbres familiares y sociales. Todas estas formas deben ser consideradas cuidadosamente mediante una pastoral de promoción y renovación, que les ayude a desarrollar todo lo que es expresión auténtica de la sabiduría del Pueblo de Dios…

 

En el campo de la piedad popular hay que vigilar constantemente los aspectos ambiguos de algunas de sus manifestaciones, preservándolas de desviaciones secularistasconsumismos desconsiderados o también de riesgos de superstición, para mantenerlas dentro de formas auténticas y juiciosas. Se ha de llevar a cabo una pedagogía apropiada, explicando cómo la piedad popular se ha de vivir siempre en armonía con la liturgia de la Iglesia y vinculada con los Sacramentos»

(Ecclesia in Europa, n. 79).

En la semana misionera

<Gothia> existe para difundir el Evangelio porque “el número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por el Padre que por ella envió a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misión

Dios abre a la Iglesia horizontes de una humanidad más preparada para la siembra evangélica. Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos”. (RM 3)