«Armar el belén»

En muchas familias se comenzó a colocar «el belén» en el puente pasado.
En otros lugares se inaugura el día de la Virgen de la O (18 dic).
Ante el «misterio» oramos recordando la primera venida
y esperando la última manifestación del Señor:
vendrá el que vino.
Conviene, estos días, leer y difundir esta bella Carta del Papa Francisco
sobre «el pesebre o nacimiento»:

“Es laudable la costumbre de instalar en las casas un ‘belén’ o ‘nacimiento’, ‘que recuerda y ayuda a vivir el misterio de la Navidad. Para dar más sentido religioso para significar su inauguración puede hacerse un rito de bendición, que signifique el comienzo de, las solemnes fiestas navideñas”.

Se puede encender una candela durante la oración.
Reunida la familia, el padre o la madre dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. R/ Amén
Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos pues a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.

Uno de los miembros de la familia lee un texto de la sagrada Escritura.

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Lucas (Lc 2, 4-7a)
En aquellos días José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.

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Fiesta de santa Lucía

La santa siracusana está presente
tanto en los antiguos calendarios hispanos
como en las letanías visigótico-mozárabes (p.e. Salamanca):

Santa Lucía: entre los heraldos del Adviento

La mártir nos anima a vivir el espíritu de la Palabra de Dios:
«Estad siempre alegres.
Sed constantes en orar.
Dad gracias en toda ocasión:
ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros» (Tes 5,16).

Hoy al encender la luz vespertina
podemos orar:
«Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios»
(Is 61,1ss)

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Domingo de Adviento
y Vigilia de santa Lucía

En medio de la sobriedad propia de la expectación del Adviento
este domingo es una invitación a la alegría:
el Precursor anuncia que el Cristo comunicará el fuego del Espíritu Santo.
LECTURA durante el día: Lucas 3, 10ss

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Oración vespertina en el hogar (lucernarium)

Saludo
V. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, luz y paz.
R. Demos gracias a Dios.

Versículo
V. La fidelidad brota de la tierra.
R. Y la justicia mira desde el cielo.

Oración
V. Oremos.
Señor y redentor nuestro,
tú quisiste anunciar tu primera venida por medio de los coros celestiales
y por el pregón de los ángeles: “Gloria a Dios en el cielo”
y anuncias el día de tu regreso
como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo:
al estar ya cercano, Señor, el día de tu venida,
te pedimos que borres en nosotros
todo lo que deberías condenar en el juicio último,
de modo, que cuando vengas como justo juez,
no encuentres nada en nosotros que merezca ser condenado.
R. Amén.
V. Te lo pedimos a ti,
luz de los fieles y guía de los hombres,
que vives y reinas con el Padre y con el Espíritu Santo,
un Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Trisagio
V. Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal,
el que era, el que es, el que viene.
R. + Ten misericordia de nosotros.
(+ indica que nos santiguamos)

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«Tetramorfos»

Cruz con el Tetramorfos incisa en un altar de la parroquia Ntra. Sra. del Carmen (El Plantío / Madrid)

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El Tetramorfos es un conjunto de cuatro seres ubicados alrededor del trono del Cordero o la cruz de Cristo y normalmente asimilados a los cuatro evangelistas (Mateo, Marcos, Lucas y Juan).
Son expresiones simbólicas que algunos autores relacionan con la majestad divina que se manifestará al fin de los tiempos y la segunda venida del Señor.
La descripción de estos cuatro seres de tanto alcance significativo se encuentra en el libro del Apocalipsis (4, 6-9), aunque ya aparecen en la profecía de Ezequiel (10.11).

Su representación es frecuente en el arte hispano (beatos mozárabes) y románico.

Cf. ¿Sabes qué significan los animales del Tetramorfos?

Cf. El Tetramorfo

Tetramorfos sobre las «ruedas» y apostolado rodeando al Cordero (Beatus)

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AUDICIÓN: 

Maran athá, Veni, Domine Iesu (Frisina):

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Para leer durante este invierno:
con una mirada hacia Extremadura

J. W. Waterhouse, Saint Eulalia 1885 (Tate Gallery, Londrés)

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Las Vidas de los santos Padres de Mérida son un relato anónimo del siglo VII que describe la vida de la ciudad emeritense en el siglo anterior en torno al papel jugado en la sociedad por sus principales obispos, Paulo, Fidel y Masona, y las relaciones con los reyes, en especial con el arriano Leovigildo, perseguidor de Masona.

Estos tres personajes son los protagonistas de unos interesantísimos relatos biográficos a los que se añaden otros muy variados y curiosos como el del joven Augusto del monasterio de santa Eulalia, el del abad Nancto o el del monje borracho de Cauliana, así como breves referencias a los obispos sucesores de Masona, Inocencio y Renovato.

Toda la obra ofrece un vivo panorama de la sociedad urbana, los conflictos religiosos y políticos de finales del siglo VI y una valiosísima información de algunos edificios e iglesias de Mérida, contrastada por las excavaciones arqueológicas de las últimas décadas. El relato está compuesto dentro de las coordenadas literarias de unas «vidas de santos», presididas por la intervención de la santa patrona de la ciudad, la mártir Eulalia, y el fervor de los protagonistas hacia ella. Milagro, realidad e historia se funden en esta obra de forma peculiar y atractiva.


Vidas de los santos Padres de Mérida:

Vida de los santos Padres de Mérida

 

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La Cena que esperamos

“En la última cena,
el Señor mismo atrajo la atención de sus discípulos
hacia el cumplimiento de la Pascua en el reino de Dios:
«Y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid
hasta el día en que lo beba con vosotros, de nuevo,
en el Reino de mi Padre» (Mt 26,29; Cf. Lc 22,18; Mc 14,25).
Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía recuerda esta promesa
y su mirada se dirige hacia «el que viene» (Ap 1,4).
En su oración, implora su venida:
«Maranatha» (1 Co 16,22),
«Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20),
«que tu gracia venga y que este mundo pase» (Didaché 10,6)”.
Catecismo 1403 

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En el Rito hispano
la partícula de la Hostia que el sacerdote muestra al pueblo
-con la monición Sancta sanctis-
se denomina Regnum (Reino).
Es la invitación litúrgica a participar en la Cena del Cordero;
la Cena eterna que esperamos.

Hossana Amen Maranathá 
con versos en árabe:

 

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Purísima había de ser…

<Es digno y justo, santo y hermoso, 
sumo e inefable Dios nuestro,  
que te alabemos con las mayores alabanzas  
a que podamos llegar.  
Tú admirable en tus santos,  
eres más admirable en la Concepción inmaculada  
de la Bienaventurada Virgen María.  
Aquellos se rigen por la ley común y la providencia,  
éste es ensalzado de un modo singular,  
pues cuando toda la descendencia de Adán hubo caído,  
sólo María quedó en pie.  
¿Qué podemos decir, pues,  
para afirmar la fe en el misterio  
y robustecer la piedad de los fieles,  
tan pobres y pequeños como somos,  
sino todo lo que hemos oído desde la cuna  
y nuestros padres nos enseñaron:  
lo que pronunciaron nuestros labios no manchados  
cuando éramos niños,  
miles de veces con lengua balbuciente,  
decimos hoy también frecuentemente  
y encontramos todavía escrito sobre nuestros dinteles:  
«Ave María purísima; sin pecado concebida»?  
Pero atrevámonos gozosamente  
a exponer alguna consideración  
si Dios mismo nos lo permite,  
y lo que llevamos en el corazón  
profiéralo nuestra lengua.  
Procedes de la boca del Altísimo,  
primogénita de toda criatura,  
no por naturaleza, sino por gracia;  
no se demoró en pensarte  
aquel que todo lo ve y todo lo decretó,  
pues te amó más que a los demás,  
por su divina predestinación,  
el que es la puerta de la bondad,  
buscando una madre digna y adaptándola a tal Hijo.  
Por eso el Señor te tuvo presente en sus obras,  
al principio de sus caminos de salvación,  
para que la gloria de tu Inmaculada Concepción  
redundara en aquel que había de nacer de ti.  
¿Acaso no hubiera sido desdoro para el Hijo  
que su Madre hubiera tenido algo que ver con la culpa  
cuando la carne del Hijo es carne de la Madre?  
Pues se ha dicho:  
Los padres son la gloria de los hijos.  
Brilló, pues, María  
en el primer momento de su Concepción con tal pureza  
que no puede concebirse mayor debajo de Dios.  
Lleguemos, pues hermanos queridos,  
con toda diligencia, y celebremos solemnemente  
este milagro de gracia,  
mucho antes prometido a nuestros padres desde el cielo,  
prefigurado en místicos misterios,  
anunciado en los oráculos de los profetas  
y cumplido en la plenitud de los tiempos.  
Dijo Dios a la serpiente:  
«pondré enemistades entre ti y la mujer,  
entre tu descendencia y la suya,  
ella quebrará tu cabeza».  
Saltemos alegres de gozo:  
María pisa con su ligero pie la cabeza de la serpiente,  
y el primer instante de su vida fue de victoria y triunfo,  
porque siempre la hija de Dios fue llena de gracia,  
fundada en santidad adornada en virtudes,  
compuesta en sus movimientos,  
pura sobre los querubines y los serafines,  
perfecta, finalmente, sobre toda criatura,  
de modo que ninguna pueda imaginarse mejor que ella.  
Por lo que debemos alabar a Dios, nuestro Señor,  
en esta sagrada solemnidad  
de la Inmaculada Concepción  
de la Bienaventurada Virgen María,  
proclamando con toda la asamblea de los santos 
y de los ángeles: Santo, Santo, Santo… >

(Illatio al comienzo de la oración eucarística  
en la solemnidad de la Inmaculada / Rito Hispano) 

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Vigilia de la Inmaculada

<El Dios inefable anunció al principio del mundo
a la Inmaculada Virgen María
como misterio sacratísimo y prodigio celestial,
en el que la gracia va por delante de la naturaleza.
Todo lo que pudo concederle el Padre
se lo concedió y la llenó de gracia
hasta donde convino,
para que desde el primer instante de su animación
ya fuera idónea,
para lo que desde la eternidad había sido elegida.
Dijo el eterno Padre al antiguo enemigo:
«Establezco enemistades entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y la suya,
ella quebrantará tu cabeza».
Esta es la victoria de la Virgen,
este es el triunfo y el privilegio de María,
este es el mérito de Cristo.
Tú Señor,
cuyos caminos son la misericordia y la lealtad
haznos hijos por tu graciosa liberalidad>.

(Oratio Alia en la solemnidad de la Inmaculada)

 

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San Nicolas, «la victoria del pueblo»

Icono del santo en la iglesia ortodoxa rusa de Madrid (Gran Vía Hortaleza 48)

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Un par de días antes de La Inmaculada
la Iglesia celebra a san Nicolás,
cuyo nombre en griego significa «victoria del pueblo».
El santo obispo de Myra (actual Turquía)
y santa Lucía, virgen de Siracusa
han sido -durante siglos-
los heraldos populares de la Navidad.
En el  <Fuero de Madrid> (1202) aparece
san Nicolás como una de las parroquias del lugar.
Su culto en la Villa se remonta al s. XII.

Altar en Bari (Italia) sobre el sepulcro del santo obispo Nicolás.

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Cantos de adviento
Liturgia con Espíritu

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Domingo de Adviento con el Bautista

San Juan Bautista es el precursor (cf. Hch 13, 24) inmediato del Señor,
enviado para prepararle el camino (cf. Mt 3, 3).
«Profeta del Altísimo» (Lc 1, 76), sobrepasa a todos los profetas (cf. Lc 7, 26),
de los que es el último (cf. Mt 11, 13),
e inaugura el Evangelio (cf. Hch 1, 22; Lc 16,16);
desde el seno de su madre (cf. Lc 1,41)
saluda la venida de Cristo y
encuentra su alegría en ser «el amigo del esposo» (Jn 3, 29)
a quien señala como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29).
Precediendo a Jesús «con el espíritu y el poder de Elías» (Lc 1, 17),
da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y,
finalmente, con su martirio (cf. Mc 6, 17-29).
Catec . 523

A la caída de la tarde releemos Lc 3,1-6
y rezamos con esta antigua oración hispana:

«Es digno y justo que te demos gracias,
Señor Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por medio de Jesucristo tu Hijo nuestro Señor;
a quien Juan, amigo fiel, precedió bautizando;
asimismo, preparando un camino al juez y redentor,
llamó a los pecadores a la penitencia,
y, ganando un pueblo para el Salvador,
bautizó en el Jordán a cuantos confesaban sus propios pecados.
No dando la plenitud de la gracia que renueva al hombre,
sino exhortando él a aguardar la presencia del piadoso Salvador.
No perdonando él los pecados de quienes acudían a él
sino prometiendo que se concedería más tarde
la remisión de los pecados a los creyentes,
de suerte que, descendiendo al agua de la penitencia,
esperasen el remedio de su perdón de aquél
que oían había de venir
dotado en plenitud de la verdad y de la gracia. 
  Cristo, pues, fue bautizado por aquél
con un elemento visible y el Espíritu invisible.
Y fueron muchos llevados a través de la obediencia a la misericordia,
por el hijo de la estéril al Hijo de la Virgen,
por Juan, el hombre grande, a Cristo, el Hombre Dios.
Al que adoran los Ángeles y los Arcángeles,
Tronos, Dominaciones y Potestades
diciendo así:  Santo, Santo, Santo…»