Damos gracias por la creación y la redención los vivificados con el Espíritu

Es justo y necesario, Dios omnipotente,
darte gracias, por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,
el cual, sin dejar de compartir contigo
la inmutable condición divina,
asumió la naturaleza humana
y canceló el pecado cometido por el hombre;
constituido el último Adán,
vivificó con el Espíritu a aquellos
a quienes el primer Adán había causado la muerte
como castigo del pecado.

Por su obediencia reconcilió contigo,
eterno Dios y Padre,
a cuantos por la trasgresión del primer padre
habían sido privados de la comunión con la vida divina;
por el excepcional remedio de su encarnación,
de su pasión y de su sangre,
restituyó a la humanidad renovada la dignidad
de la que fue excluida por la vieja debilidad.

Sigue leyendo

Dios Trino y Uno

«En Cristo se nos ha abierto la hondura de la vida escondida de Dios. Su naturaleza, palabra y obra tan llenas de la realidad de lo sagrado. Pero de ella brotan figuras vivas: el Padre, en su omnipotencia y bondad; el Hijo, en su verdad y amor redentor, y entre ellos, el desprendido, el creador, el Espíritu.

Es un misterio que supera todo sentido; y hay gran peligro de escandalizarse de él. Pero yo no quiero un Dios que se ajuste a las medidas de mi pensamiento y esté formado a mi imagen. Quiero el auténtico, aunque sé que desborda mi intelectual capacidad. Por eso, ¡oh Dios vivo!, creo en tu misterio, y Cristo, que no puede mentir, es su fiador.

Cuando anhelo la intimidad de la compañía, tengo que ir a los demás hombres; y por más honda que sea la ligazón y más hondo que sea el amor, seguimos, sin embargo, separados. Pero tú encuentras tu propio «tú» en ti mismo. En tu misma hondura desarrollas el diálogo eterno. En tu misma riqueza tiene lugar el perpetuo regalo y recepción del amor.

Creo, ¡oh Dios!, en tu vida una y trina. Por ti creo en ella, pues ese misterio cobija tu verdad. En cuanto se abandona, tu imagen se desvanece en el mundo. Pero también, ¡oh Dios!, creo en ella por nosotros, porque la paz de tu eterna vida tiene que llegar a ser nuestra patria. Nosotros somos tus hijos, ¡oh Padre!; tus hermanos y hermanas, Hijo de Dios, Jesucristo, y tú, Espíritu Santo, eres nuestro amigo y maestro».

(Romano Guardini)

María, nueva Eva:
reina de la nueva creación

<<¿Hay mayor miseria para nosotros, sus descendientes,
que el hecho de que pecara Eva, la madre de nuestra desgracia?
Pero ¡Qué mayor dicha para nosotros!
Tú, Señor, has puesto a María bajo la sombra de tu amor incondicional.
Eva nos engendró miserables, destinados a la muerte,
María ha concebido al que es Dios y hombre,
restaurador de la ruina de antaño.
Había caído el hombre, reo de infausto pecado,
pero ha recibido de María otro hombre que es Dios
dispuesto a redimirnos>>.

 

Oratio alia Missa mariana lit. hisp.moz.

Sigue leyendo

Mañana se cierran ocho días de gracia

<<Dios de poder,
protector infatigable de tu esposa, la Iglesia,
a la que das vida con tu gracia;
te pedimos que por la piadosa intercesión
de tu Madre, Virgen gloriosa,
nos impulses a la observancia de tus mandatos
y nos concedas orar desde la tierra con corazón limpio,
como tú nos enseñas:Padrenuestro…Amén>>.

De la Misa mariana lit. hisp-moz

Liturgia y obras de misericordia

Diácono llevando cubierto el libro del Evangelio (Toledo)

Hermanos amados:
al entrar juntos en su santuario de la tienda de la alianza,
si queremos encomendar nuestro sacrificio a Dios,
no dudemos en inmolar víctimas por medio de la misericordia;
entonces es fiel la oblación del pan y del vino,
entonces tiene lugar la auténtica remisión de los pecados
cuando se observa la piedad por Dios
o se ayuda al hermano de todo corazón.
Sembremos pues misericordia para poderla cosechar
y, repartiendo a los pobres los bienes transitorios,
mientras vivimos en esta tierra,
hagamos que Cristo sea deudor nuestro en el cielo;
demos comida a los hambrientos, a los sedientos bebida,
vistamos a los desnudos, visitemos a los enfermos,
el peregrino sea siempre recibido en nuestras casas,
consolemos asiduamente a los que suspiran en las cárceles,
libremos a los pobres de las injusticias,
defendamos a los huérfanos y a las viudas,
perdonemos las ofensas a quienes nos han ofendido
para que podamos pedir con confianza ser perdonados;
anunciemos el camino de la verdad a los que se han desviado
y a los no creyentes la penitencia que salva;
procuremos encaminar hacia la salvación a todos los pecadores,
de manera que cuando el Señor, clemente y compasivo,
se digne venir a nuestro encuentro,
podamos ofrecerle con un corazón limpio el sacrificio eterno.
R/. Amén.
Por la misericordia de la divinidad
del que es un sólo Dios en la Trinidad
y vive y reina por los siglos de los siglos.R/. Amén.

Sobre el simbolismo del número SIETE

En nuestra tradición espiritual hispana es recurrente la referencia al número siete. Isidoro, el santo obispo hispalense, trata sobre el simbolismo eclesial del numero siete en su obra «Sobre los números» (Liber Numerorum)[1]. El siete expresa la unidad de la Iglesia[2] y, también, su universalidad[3].

Pero el significado de este número se alarga para describir, incluso, la misma persona del Espíritu Santo[4]. Asimismo, el santo obispo enseña que entre Cristo y la Iglesia hay una profunda vinculación realizada a través del Espíritu septiforme: es Cristo la Cabeza de la Iglesia y quien le concede el Espíritu[5], simbolizado por el candelabro de siete brazos. Cristo posee el Espíritu en plenitud; esto se simboliza en el poder de los siete cuernos y en los siete ojos del Cordero[6].

Siete es el número de los sellos que sigilan el Libro de la Vida. «Abrir el Libro» encierra -para el hispalense- la idea de «liberar al género humano»Ese libro contiene los designios de salvación para los hombres que son revelados por la muerte y la resurrección de Cristo en la misma línea que ya había expresado Victorino [7].

Con la Resurrección «Venció el León de la tribu de Judá» (Ap 5,5) y su victoria sobre el diablo, manifestada ya en el árbol de la cruz [8], se actualiza en la celebración de la Eucaristía.

El paraíso -plantado a Oriente- es para Isidoro el premio final para los que han permanecido fieles hasta la segunda venida gloriosa: «cuando venga el mismo Cristo glorioso desde el cielo… en el día séptimo que no tiene víspera» [9].

Sigue leyendo

Acción de gracias por la creación:
al comienzo del curso

 

El primero de septiembre se celebra la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, proclamada por el patriarca Dimitrios I para la Iglesia Ortodoxa en 1989, y respaldada por el papa Francisco en 2015. El 4 de octubre, los católicos y otras Iglesias o comunidades eclesiales de tradición occidental conmemoran al diácono san Francisco de Asís. Este mes se llama en muchos lugares <Temporada de la Creación>.

La Santa Sede propuso a las Iglesias diocesanas unirse a la celebración con algunas liturgias específicas en esos días (1 sept. al 4 oct.).

Es una forma concreta de explicitar el primer artículo del Credo: «Creador del cielo y de la tierra». Es un tiempo apropiado para invocar -al comienzo del curso- la fuerza del Santo Espíritu con la oración «Veni, Creator Spiritus» reconociendo que Él es el dador de Vida.

En una época de emergencia climática, la celebración de la <Temporada de la Creación> puede servir, también, como una base espiritual de nuestra acción para transformar el mundo en un hogar más sostenible para todas las formas de vida que comparten el regalo de la vida.

Asimismo es una forma de mostrar la unidad ecuménica orando y actuando juntos.

Global support continues to grow for the Season of Creation, an annual celebration of prayer and action to protect creation that is celebrated by tens of thousands of Christians of all traditions around the world.