“Se manifestó para morir por nosotros”

​(liturgia hispano-mozárabe)
 El pesebre

Este año, la Asociación hispano-mozárabe “Gothia” de Madrid felicita las Pascuas de Navidad con una pintura que se inscribe en la gran tradición iconográfica. En el centro de la imagen aparece el pesebre (Lc 2,7.16): es el corazón del icono de la Natividad del Señor. Únicamente el evangelista Lucas refiere el hecho: el Niño fajado y reclinado en un comedero de animales “porque no hay lugar para ellos en el aposentamiento” (Lc 2,7). El pesebre aparece como una caja rectangular dentro de una gruta. Más que un comedero parece un altar o un sepulcro donde el recién nacido yace fajado como un difunto. Unas vendas que ya están anticipando aquellas encontradas en el sepulcro vacío por Pedro, Juan y las santas mujeres (miróforas). El nacimiento está reclamando la Pascua. Como reza nuestra liturgia Gotho-hispana “el que viene, viene para morir”. Con esa “envoltura funeraria” el iconógrafo muestra que por la Encarnación Dios ha hecho suyo todo lo humano, incluida la muerte.

La identidad del Niño la revela el áureo nimbo crucífero que rodea su cabeza donde, a menudo, se escribe la inscripción griega O On (el que es): el nombre dado por Dios a Moisés. Otras veces, en los iconos figuran las letras ic xc (Jesucristo). Él es el reflejo de la luz divina, la impronta de ser de Dios, “en él estaba la vida que es la luz de los hombres” (Jn 1, 4). En este icono, el Niño es ofrecido al que lo contempla. María Virgen muestra el fruto de su maternidad.