Viernes de Cuaresma

La sabiduría de los antiguos Padres hispanos
sigue siendo válida hoy para nosotros.
Si ponemos en práctica este mensaje
nadie podrá acusarnos de no estar a la cabeza
de una auténtica renovación.

 

MMM: martes misa mozárabe…

En Cuaresma, durante la fracción del Pan, la “fractio Corporis”,
se puede cantar esta antífona sálmica:
“Que tu misericordia…”
Es un auténtico acto de fe:
Cristo se rompe, se destroza, se entrega en su Cuerpo,
para dar vida eterna a los nuestros.
Aquí descubrimos la misericordia de Dios.
Él ha entregado su Cuerpo para que tengamos acceso a su Reino.
Por eso, el trozo del Pan consagrado (sancta)
que el presbítero muestra sobre el cáliz,
en la solemne ostensión, se llama “Reino”.
El pedazo de la hostia se denomina “lo Santo”
y a los que lo contemplan “los santos”.
De ahí la monición: <Sancta sanctis>.
O, lo que sería lo mismo:
las cosas santas para los que han sido santificados por el bautismo
en la muerte y Resurrección de Cristo.
La misericordia de Dios ha venido sobre nosotros
y lo celebramos en cada Eucaristía.

 

La Anunciación del Señor

Biblia mozárabe / S. Isidoro (Léon)

El calendario de la Iglesia universal,
al inicio de la primavera,
nos presenta el inicio del misterio pascual:
desde el seno de Dios Padre en que vivía
contemplamos al Verbo, la Palabra,
entrando por medio de María, doncella nazarena,
en el misterio mismo del pecado.

La liturgia hispana propondrá esta misma solemnidad
el 18 de diciembre, ocho días antes de la Navidad.

 

Una conversión que dé frutos

“Señor, dame una oportunidad más” cf. Lc 13, 1-9.
Este tercer domingo,
en que el Dios revela su nombre en la zarza (YWWH)
nos presenta la autentica vocación
que supone constante conversión.
Es una ocasión de petición,
al Señor del Sinaí y Padre de Jesús,
para que nos conceda -de nuevo-
una oportunidad para volver a Él
con todo el corazón.
La vida del pueblo con Moisés en el desierto
fue escrita para que nos sirviera de lección.

Es lo que recuerda san Pablo a los cristianos de Corinto
en su primera epístola (10, 1-6. 10-12).

 

Hoy pedimos en la oración
que se cumplan estos tres verbos:

 

 

Cuaresma… Cuarenta…

Con este texto san Isidoro comienza su catequesis
sobre los diversos tipos de ayuno.
Además, de la Cuaresma, el santo hispalense
habla de los ayunos de las témporas
(del latín quattuor anni tempora, cuatro veces al año),
ayuno que, vinculado con el comienzo
de las cuatro estaciones del año
«se tornará en gozo y regocijo
y en festivas solemnidades» (Zacarías 8,19).

 

En efecto, la ley divina insta a todos los fieles cristianos
a la penitencia.
La Iglesia, según sus diversas tradiciones,
ha fijado unos días penitenciales,
dedicados a la oración, obras de piedad y de caridad,
aceptación de la cruz, negación de uno mismo
y cumplimiento con mayor fidelidad de las propias obligaciones;
y observando -según los días-
el ayuno y la abstinencia.
Los  viernes de todo el año
y la Cuaresma son los tiempos principales
en la Iglesia universal.

José, príncipe de Egipto,
vendido por sus hermanos